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jueves, 27 de septiembre de 2012
Las claves de la inocencia.
Estar con niños es una de las cosas más hermosas. Pero uno tiene que aprender; si no, puede ser una de las cosas más tediosas del mundo. Te tiene que gustar; si no, es una de las cosas más aburridas. Te puede volver loco.
Te puede producir una crisis nerviosa, porque los niños son muy ruidosos, muy incivilizados, incultos..., son como animales; pueden volver loco a cualquiera. Un niño es suficiente para volver loco a cualquiera, o sea que un montón de niños, una clase entera es realmente complicado. Pero si te gusta, es una gran disciplina.
Por eso no solamente les enseñes, aprende también, porque todavía conservan algo que tú has perdido. Ellos lo perderán antes o después. Aprende de ellos antes de que les suceda. Todavía son espontáneos, todavía son intrépidos. Todavía son inocentes. Cada vez lo pierden más rápido. Cuanto más crece la civilización, antes se termina la infancia. Antes, solía acabarse alrededor de los catorce, quince o dieciséis años. Ahora, hasta un niño de siete años ha dejado de ser un niño. Ha empezado a madurar. Ahora la madurez llega antes porque conocemos mejores métodos para condicionar, para estructurar.
Por eso, cuando estás con niños de cuatro o cinco años, está bien ser como ellos. Y no te creas que tú sabes y ellos no. Escucha, saben algo. Lo saben más intuitivamente. No tienen conocimientos, pero tienen una visión, una visión muy clara. Sus ojos todavía están despejados y sus corazones todavía fluyen, laten. Están todavía sin contaminar. El veneno no ha empezado todavía. Todavía son naturales.
Por eso no seas un erudito con ellos. No seas profesor, sé un amigo. Hazte su amigo y comienza a buscar las claves de la inocencia, la espontaneidad, la inteligencia. Te ayudará enormemente y tu meditación llegará de modo más profundo.
A su alrededor sólo tienes que ser como una atmósfera amorosa, para ayudarles a que hagan mejor todo lo que quieran hacer. Ayúdales a hacerlo mejor. Y no están compitiendo, no es un juego de ambición.
No estamos tratando que en su vida sean muy poderosos, famosos, ricos, esto y aquello, no. Todo nuestro esfuerzo es ayudarles a estar vivos, a ser auténticos, amorosos, a fluir, y del resto se ocupa la vida. Confianza en la vida; eso es lo que hay que crear a su alrededor, para que puedan confiar en la vida. Que no tengan que luchar, sino que puedan relajarse. Y en cuanto a la educación, ayúdales a ser más creativos. La pintura está bien, deberían intentarlo, o crear otras cosas, pero que sean creativos; déjales hacer cosas espontáneamente. Y no les inculques tus criterios.
Cuando un niño pinta, no le impongas tus criterios de adulto; no le digas que esto no es un Picasso. Si el niño lo ha disfrutado y cuando lo estaba pintando estaba absorto en ello, eso es suficiente. ¡El cuadro es maravilloso! No debido a ningún criterio objetivo, el cuadro podría ser un disparate; podría ser sólo colores aplastados, podría ser un desastre.... Debe de serlo porque un niño es un niño; tiene una visión diferente de las cosas.
Por ejemplo, si el niño dibuja la cara de un hombre, tiene una visión diferente. Hará unos ojos muy grandes; la nariz será muy pequeña. Puede que no tenga orejas nunca se ha fijado , pero los ojos son muy importantes para él. Si pinta un hombre, hará la cabeza, las manos y las piernas pero no pintará el torso; esa es su visión. Para ti está mal, pero desde su punto de vista así es como él ve a un hombre: manos, piernas y cabeza.
Por eso no se trata de tener que juzgar si la pintura es buena o mala. No, no vamos a juzgar en absoluto. No hagas que el niño se sienta bien o mal sobre esto. Si el niño está absorto pintándolo, es suficiente. Estaba en profunda meditación, se metió en la pintura totalmente... ¡estaba totalmente perdido en ella! La pintura es buena porque el pintor se perdió.
Ayuda al niño a perderse completamente, y siempre que el niño esté pintando por su cuenta, se perderá. Si le obligas a pintar se distraerá. Por eso, deja a los niños hacer lo que quieran; únicamente ayúdalos. Les puedes decir cómo mezclar los colores, cómo sujetar un lienzo, cómo usar un pincel; a eso les puedes ayudar. Ayúdales ahí; en vez de ser un guía, sé una ayuda.
Así como el jardinero ayuda al árbol... Tú no puedes hacer cre¬cer el árbol rápidamente; no puedes hacer nada de esa manera; no se puede hacer nada positivamente. Plantas una semilla, la riegas, la abonas y esperas! El árbol ocurre espontáneamente. Cuando el árbol está ocurriendo, lo proteges para que nadie le haga daño o lo hiera. Esa es la función del profesor: el profesor tiene que ser el jardinero. No es que tú tengas que crear al niño; el niño viene solo; la existencia es el creador.
Eso es lo que Sócrates quiere decir con: «Soy una comadrona.» La comadrona no crea al niño. El niño ya está ahí, listo para salir; la comadrona le ayuda.
Moralidad y religion.
¿Cómo podemos enseñar a nuestros hijos a ser morales y religiosos?
La inteligencia es la fuente de toda religiosidad y moralidad, y los niños son más inteligentes que tú. Aprende de ellos en vez de tratar de enseñarles. Abandona esa estúpida idea de que tienes que enseñarles. Obsérvales, fíjate en su autenticidad, fíjate en su espontaneidad, fíjate cómo están en guardia, fíjate cuán alertas están, qué llenos de vida y alegría, qué buen humor, qué llenos están de maravilla y asombro.
La religión surge de la maravilla y el asombro. Si te puedes maravillar, si te puedes asombrar, eres religioso. No por leer la Biblia, el Cita o el Corán, sino al experimentar el asombro. Cuando ves el cielo lleno de estrellas, ¿sientes cómo te baila el corazón? ¿Puedes ver cómo surge una canción en tu ser? ¿Te sientes en comunión con las estrellas? Entonces eres religioso. No eres religioso por ir a la iglesia o al templo y repetir oraciones prestadas que no tienen nada que ver con tu corazón, son sólo historias mentales.
La religión es una historia de amor, una historia de amor con la existencia. Y los niños ya están enamorados. Lo único que tienes que hacer por tu parte es no destruirlos. Ayúdales a mantener esa admiración viva, ayúdales a seguir siendo sinceros, auténticos e inteligentes. Pero los destruyes. Eso es lo que persigues, en realidad, cuando haces esta pregunta: «¿Cómo podemos enseñar...?»
La religión no se puede enseñar, sólo se puede cazar. ¿Eres reli¬gioso? ¿Estás rodeado de la vibración de la religión? Entonces no harías una pregunta tan estúpida. Entonces tus hijos la aprenderán simplemente por estar contigo. Si te ven con lágrimas en los ojos mirando una puesta de sol, no tendrán más remedio que verse afectados; se quedarán callados. No necesitas decirles que se callen; verán las lágrimas y entenderán su idioma.
Observa la inteligencia de los niños. Y siempre que encuentres inteligencia, regocíjate, ayúdales y diles que «esta es la manera en que debéis hacer las cosas».
Papá criticó el sermón, mamá pensó que el organista había cometido muchos errores. A la hermana no le gustó cómo cantaba el coro. Pero se lo pensaron dos veces cuando el hijo más joven soltó:
De todas formas, no ha estado tan mal por veinte pesetas.
El propietario de una granja de pollos quería que su hijo se comportara mejor, por eso diseñó una lección práctica.
¿Ves, hijo mío? A los pollos que fueron malos se los comió el zorro.
Y si hubieran sido buenos, ¿nos los hubiéramos comido nosotros? replicó el hijo.
Dos niños de seis años estaban mirando una pintura abstracta en una tienda de regalos. Mirando la mancha de pintura:
Vámonos corriendo dijo uno , ¡antes de que digan que lo hemos hecho nosotros!
Un padre regresó a casa de su día habitual de trabajo en la oficina para encontrarse a su hijo pequeño enfrente de las escaleras con un aspecto muy disgustado.
¿Qué te ha pasado, hijo? preguntó.
Entre tú y yo dijo el niño , no logro entenderme con tu mujer.
Un padre llevó a su hijo pequeño a la ópera por primera vez. El director empezó moviendo su batuta y la soprano empezó su aria. El chico, finalmente, preguntó:
¿Por qué le está pegando con el palo?
No le está pegando, está sólo moviéndolo en el aire replicó el padre.
Entonces, ¿por qué chilla?
Observa un poco a los niños pequeños; fíjate en su inteligencia.
Juanito estaba volviendo a casa de su primer día de escuela.
Bueno, querido le preguntó su madre , ¿qué te han enseñado?
No demasiado replicó el niño . Tengo que volver de nuevo.
Si observas a los niños pequeños, su inventiva, su inteligencia, su constante exploración de lo desconocido, su curiosidad, su búsqueda, no necesitas enseñarles ninguna creencia.
Ayúdales a entender y diles que encuentren su propia religión.
No les dejas votar a los niños; para una ideología política tienen que esperar a los veintiún años, entonces tú consideras que ya están suficientemente maduros como para votar. ¡Y para la ideología religiosa son suficientemente maduros a la edad de cinco o de cuatro años! ¿Te crees que la educación religiosa pertenece a una categoría inferior que la educación política? ¿Te crees que para pertenecer a un partido político necesita una mayor inteligencia y más madurez que para pertenecer a un religión? Si veintiún años es la edad de la madurez política, entonces para la madurez religiosa harán falta por lo menos cuarenta y dos años. Antes de los cuarenta y dos años nadie debería de escoger ninguna religión. Pregunta, busca, explora y explora por todos lados, explora en todas las direcciones posibles.
Y cuando tú mismo hayas decidido tu religión, entonces ésta tendrá significado: cuando te es impuesta, es una esclavitud; cuando la eliges, es un compromiso, es una implicación.
Y la moralidad es el derivado de la religión. Cuando sientes que la religión está naciendo en tu corazón, que hay una relación, que está ocurriendo una comunión con la existencia, uno se vuelve moral. No es un asunto de mandamientos, no es un asunto de debería o no debería; es un asunto de amor, de compasión.
Cuando eres silencioso, surge una compasión profunda por toda la existencia, y a partir de esa compasión uno se vuelve moral. Uno no puede ser cruel, uno no puede matar, uno no puede destruir. Cuando eres silencioso, feliz, te empiezas a convertir en una bendición para todos los demás. Ese fenómeno de convertirte en una bendición para todos los demás es la auténtica moralidad.
La moralidad no tiene nada que ver con los así llamados principios morales. Los supuestos principios morales solamente crean hipócritas: crean seudo personas, personalidades fragmentadas. Una humanidad esquizofrénica es el resultado de miles de sacerdotes, supuestos santos y mahatmas* y sus continuas enseñanzas: «No hagas esto, no hagas aquello.» No te ayudan a que seas consciente, a ver qué es lo que está bien y lo que está mal. No te dan ojos, sólo se te dan instrucciones.
Mi esfuerzo aquí es ayudarte para que puedas abrir los ojos, descubrir tus ojos, quitar todo tipo de cortinas de tus ojos, para que puedas ver lo que es correcto. Y cuando veas lo que es correcto lo harás, no podrás hacer otra cosa. Cuando veas lo que está mal, no podrás hacerlo; es imposible.
La religión trae claridad y la claridad transforma el carácter,
A menudo nos dices que no nos juzguemos ni a nosotros mismos ni a los demás. Soy profesor y en mi tra¬bajo tengo que juzgar a los alumnos. Estoy preocupa¬do por cómo me las voy a arreglar para hacer mi trabajo. ¿Ale puedes ayudar?
Cuando digo que no debes juzgar no estoy diciendo que porque seas el profesor no le puedas decir a un alumno: «La respuesta que has dado no es correcta.»
No es juzgar a la persona, es juzgar el acto. Y no te estoy diciendo que no juzgues el acto, esto es otro asunto.
Por ejemplo, alguien es un ladrón; puedes juzgar que robar no está bien. Pero no juzgues a la persona, porque la persona es un vasto fenómeno y el acto es algo pequeño. El acto es una pequeña pieza.... esa pequeña pieza no debe convertirse en un juicio acerca de toda la persona. Un ladrón podría tener grandes virtudes; podría ser honesto, podría ser sincero, podría ser una persona muy amorosa.
Pero la mayor parte de las veces lo que sucede es justo lo con¬trario: la gente empieza a juzgar a la persona en vez de juzgar la acción. Se deben corregir las acciones, y especialmente en una pro¬fesión como la enseñanza; no puedes dejar que los estudiantes se sigan equivocando. Eso sería muy cruel, falto de compasión.
Pero no los corrijas de acuerdo a la tradición, a la convención, de acuerdo a la supuesta moralidad, de acuerdo a tus prejuicios. Siempre que corrijas a alguien, sé muy meditativo, sé muy silencioso; mira todo el asunto desde todas las perspectivas. Tal vez estén haciendo lo correcto, y tu recelo no sea justificado.
Por eso cuando digo: «No juzgues», quiero decir que ninguna acción te da el derecho de condenar a una persona. Si la acción no es correcta, ayuda a la persona, averigua por qué la acción no es correcta, pero no se trata de juzgar. No le arrebates la dignidad a la persona, no la humilles, no le hagas sentirse culpable; a eso me refiero cuando digo: «No juzgues.»
Pero en lo que se refiere a corregir: sin prejuicios, silenciosamente en tu conciencia, si ves que algo está mal y que destruirá la inteligencia de la persona, que le llevará por caminos equivocados en su vida, ayúdala.
El trabajo de un profesor no es sólo enseñar cosas inútiles, geo¬grafía, historia y todo tipo de bobadas. Su función básica es inducir a los estudiantes a una mejor conciencia, a una conciencia más elevada. Ese debería ser tu amor y tu compasión, y, además, debería ser el único valor con el que juzgar si una acción es correcta o equivocada.
Pero nunca, ni por un momento, dejes que la persona se sienta que está siendo juzgada. Al contrario, hazle sentir que ha sido amada; has intentado corregirle por amor.
Un hombre tumbado en la cama de un hospital, saliendo de la anestesia, se despierta para encontrarse al doctor sentado a su lado:
Tengo malas noticias y buenas noticias para ti dice el doctor , ¿qué te gustaría primero, las buenas o las malas?
Aaagh gime el hombre , dime las malas.
Bien dice el doctor . Hemos tenido que amputarte las dos piernas por encima de la rodilla.
Aaaagh gime el hombre , eso es muy malo.
Después de recuperarse del shock, le pregunta al doctor por las buenas noticias.
Bueno dice el doctor , al hombre de la cama de al lado le gustaría comprarte tus zapatillas.
¡No te lo tomes en serio! No pienses que eres el profesor y que estás en un trabajo muy serio. Mira la vida con ojos juguetones..., ¡es realmente hilarante! No hay nada que juzgar; todo el mundo lo está haciendo lo mejor que puede. Si sientes que alguien te está molestando, es tu problema, no el suyo. Primero corrígete tú mismo.
La educación religiosa.
Todos los niños son educados, condicionados, en una cierta religión.
Es uno de los crímenes más grandes en contra de la humani¬dad. No puede haber un crimen más grande que contaminar la mente de un niño inocente con ideas que van a convertirse en obs¬táculos en su descubrimiento de la vida.
Cuando quieres descubrir algo, tienes que ser totalmente imparcial. No puedes descubrir la religión siendo musulmán, o cris¬tiano o hindú no. Esas son maneras de impedirte que descubras la religión.
Todas las sociedades, hasta ahora, han estado intentando adoctrinar a los niños. Antes de que el niño sea capaz de hacer preguntas, se le dan respuestas. ¿Te das cuenta de que esto es una estupidez?
El niño no ha hecho la pregunta, y tú ya le estás dando una respuesta. Lo que estás haciendo en realidad es matar la posibilidad de que surja la pregunta. Has llenado su mente con la respuesta. Y si no tiene su propia pregunta, ¿cómo puede tener su propia respuesta? La búsqueda tiene que ser sinceramente suya. No puede ser prestada, no puede ser heredada.
Pero este disparate ha estado sucediendo durante siglos. El sacerdote, el político y tus padres están interesados en hacer algo de ti antes de que puedas descubrir quién eres. Tienen miedo de que si descubres quién eres, seas un rebelde, seas peligroso para los po¬deres establecidos. Entonces te convertirías en un individuo viviendo por derecho propio, no una vida prestada.
Tienen tanto miedo que antes de que el niño sea capaz de preguntar. de investigar, empiezan a atiborrar su mente con todo tipo de tonterías. El niño está indefenso. Naturalmente, cree en su madre y en su padre, y por supuesto cree en el sacerdote, en el que a su vez creen el padre y la madre. Todavía no ha aparecido el gran fenómeno de la duda.
Y dudar es una de las cosas más valiosas en la vida, porque a menos que dudes no puedes descubrir.
Tienes que agudizar tu capacidad de dudar para que puedas ir a través de toda la basura, y hacer preguntas que nadie pueda responder. Sólo tu propia búsqueda, tu investigación, te ayudará a poder plantearlas.
El interrogante religioso no es algo que pueda ser respondido por nadie más. Nadie más puede amar en tu lugar. Nadie más pue¬de vivir en tu lugar.
Tienes que vivir tu vida e investigar y explorar las preguntas fundamentales de la vida.
Y a menos que las descubras tú mismo, no hay alegría, no hay éxtasis.
Si te entregan un Dios prefabricado, no vale nada, carece de va¬lor. Pero así es como se está haciendo.
Lo que tú llamas ideas religiosas no son religiosas, sino sólo supersticiones transmitidas a través del tiempo, tanto que sólo su antigüedad las ha hecho aparecer como verdad.
Para él es imposible dudar: «¿Estarán equivocadas todas estas personas?» Y no son los únicos. Sus padres, y los padres de sus pa¬dres han estado creyendo en esas verdades desde hace miles de años. No pueden estar todos equivocados. «Y yo, un niño pequeño en contra de toda la humanidad ... » Él no puede reunir el coraje. Empieza a reprimir cualquier posibilidad de duda. Y todo el mundo ayuda a reprimir esa duda porque: «Las dudas las siembra el diablo. La duda es quizá el pecado más grande. La creencia es una virtud. Cree y encontrarás; duda y has equivocado el primer paso.»
La verdad es justo lo opuesto. Cree y nunca encontrarás, y todo lo que encuentres no será otra cosa que la proyección de tu propia creencia, no será la verdad.
¿Qué tiene que ver la verdad con creer?
Duda y duda totalmente, porque la duda es un proceso de limpieza. Saca toda la basura de tu mente.
Te devuelve a la inocencia, vuelves a ser el niño que fue des¬truido por los padres, por los sacerdotes, por los políticos, por los pedagogos. Tienes que descubrir nuevamente a ese niño. Tienes que empezar desde ese punto.
Yo nací en una familia jainista. En el jainismo no se cree en Dios; no hay un Dios creador. Debido a que el condicionamiento jainista no refuerza la idea de Dios en sus niños, ningún niño jainista, ni ningún adulto, pregunta: «¿Quién creó el mundo?» Porque desde el principio han sido condicionados a que el mundo exis¬te desde la eternidad a la eternidad; no hay ningún creador y no hace falta. Por eso esa pregunta no surge.
Los budistas nunca hacen la pregunta: «¿Qué es Dios, dónde está Dios?» Porque el budismo no cree en Dios; por eso el niño ha sido condicionado de esta manera. Cuando preguntas sobre Dios, te crees que es tu pregunta; no lo es. Quizá hayas nacido en una familia hindú, cristiana o judía, y han condicionado tu mente con que Dios existe. Te han transmitido una determinada imagen de Dios, unas determinadas ideas sobre Dios. Y te han metido tanto miedo que dudar se ha vuelto peligroso.
A un niño pequeñito se le asusta con el miedo al infierno eterno, en donde te echarán vivo a las llamas, y te quemarás pero no morirás. Naturalmente, la duda no parece ser tan importante como para correr un riesgo semejante. Y eres motivado a que si crees, si simplemente crees, todos los placeres, todas las alegrías de la vida serán tuyos. Cree y estás a la derecha de Dios; duda y estás del lado del diablo.
Al niño pequeño no le queda más posibilidad que aceptar toda la basura que le estás dando.
Está asustado. Le da miedo quedarse solo en mitad de la noche, en la casa, y tú te estás hablando del infierno eterno: «Te caes y te sigues cayendo en una oscuridad cada vez más profunda, y no hay un final y nunca puedes salir.» Naturalmente, el niño no se atreve a dudar, le da tanto miedo que no vale la pena. Y creer es tan sencillo. No se espera nada de ti: basta con creer en Dios, el hijo, el Espíritu Santo.... basta con creer que Jesús es el hijo de Dios, y el mesías... y que ha venido a redimir a toda la humanidad.... y que te redimirá a ti también. ¿Por qué no ser redimido si es tan fácil? No se te pide mucho. Sólo cree, y todo se pondrá a tu favor.
¿Por qué vas a escoger la duda? Naturalmente, deberías escoger la fe. Y esto sucede a una edad muy temprana después sigues creciendo, y la fe, el condicionamiento, las ideas y la filosofía se van amontonando encima , de forma que es muy difícil excavar y enterarte de que hubo un día en el que tú también estabas lleno de duda. Pero la duda ha sido aplastada, apartada de la vista. Hubo un día en el que te resistías a creer, pero te han convencido. Te han puesto delante todo tipo de recompensas.
Puedes convencer a un niño pequeño dándole un juguete; y le has dado todo el Paraíso.
Si has conseguido convencerle de que crea, no has hecho un gran milagro. Es una explotación muy sencilla.
Quizá lo estás haciendo sin darte cuenta; tú también has pasado a través del mismo proceso. Y una vez que has cerrado las puertas a la duda, has cerrado las puertas a la razón, al pensamiento, a preguntar, a la búsqueda. Dejas de ser un ser humano de verdad.
Las puertas de la duda se han cerrado, eres un zombi, estás hipnotizado, condicionado, convencido a base de miedo, a base de avaricia, a creer en cosas en las que ningún niño normal creería, a me¬nos que todas estas cosas hayan sido manipuladas.
En el momento en que dejas de dudar y de pensar, te puedes creer cualquier cosa. Entonces no hay preguntas.
Sólo desde la inocencia de tu infancia comienza una búsqueda real de la verdad. Sólo desde ahí es posible la religión.
Un niño pequeño presentó el siguiente resumen de la catequesis del domingo:
Estaban esos judíos que se habían escapado de un campo de prisioneros en Egipto. Corrieron y corrieron hasta que llegaron a un lago muy ancho. Los guardias de la prisión les estaban rodeando de modo que los judíos saltaron al agua y nadaron hasta algunos barcos que les estaban esperando. Los guardas se montaron en submarinos y trataron de torpedear los barcos, pero los judíos lanzaron unas cargas de profundidad y explotaron todos esos subma¬rinos y llegaron a salvo a la otra orilla. Todo el mundo llamó al almirante por su nombre de pila, Moisés.
El padre del niño preguntó:
¿Estás seguro de que esto es lo que os contó vuestro profesor?
Papá respondió el niño , si no te puedes creer mi historia, nunca te podrás creer la que contó el profesor.
Contándoles a los niños historias estúpidas no les estás ayudando a que se hagan religiosos; al contrario, les estás ayudando a hacerse antirreligiosos. Cuando crezcan se enterarán de que todas esas doctrinas religiosas eran cuentos de hadas.
Tu Dios, tu Jesucristo, más adelante todos ellos se convertirán en Santa Claus en la mente del niño; engaños, fábulas, para man¬tener a los niños ocupados. Y una vez que los niños se enteran de que lo que les has estado contando como una verdad absoluta son sólo mentiras y nada más, has destrozado algo muy valioso en su ser. Nunca jamás volverán a interesarse en la religión.
He podido observar que el mundo se está volviendo cada vez más irreligioso por culpa de la enseñanza religiosa.
¿Cuánto puedes recordar de lo que te fue enseñado? Nadie se acuerda: se tira todo a la basura.
Puedes seguir enseñando..., nadie está escuchando. Los niños están indefensos; tienen que ir a la catequesis, por eso van. Tienen que escuchar, por eso escuchan, pero no están ahí. Y más tarde dicen y saben que todo aquello eran sólo bobadas. Ahora dile a un niño que Dios creó el mundo sólo cuatro mil años antes de Jesu¬cristo, y el niño te sonreirá. Y el niño sabe que: «0 me estás enga¬ñando, o eres un completo ignorante.»
El mundo ha existido durante millones de años. De hecho, nun¬ca ha habido un comienzo. En realidad Dios no es el creador, sino la creatividad. Decirle a un niño que Dios acabó el mundo en seis días Y descansó el séptimo porque estaba cansado es como decirle que desde entonces no se ha preocupado de nosotros en absoluto.
Un hombre fue a su sastre y le preguntó: «¿Cuánto tardará en estar listo mi traje? Me lo has estado prometiendo desde hace seis semanas, y siempre me repites: "Vuelve de nuevo, vuelve de nuevo..." Y ¿sabes? Dios creó el mundo en seis días solamente. ¿Y en seis semanas no has sido capaz de hacerme un traje?»
¿Y sabéis lo que dijo el sastre? Dijo: «Sí, lo sé; y fíjate en el mundo, después mira mi traje y verás la diferencia: el mundo es un de¬sastre. Eso es lo que ocurre cuando haces algo en seis días.»
Cuando los Eisenberg se mudaron a Roma, el pequeño Jaime volvió a casa de la escuela llorando. Le explicó a su madre que las monjas le estaban haciendo todo el rato preguntas católicas, y que cómo se suponía que él, un hermoso niño judío, iba a saber las repuestas. El corazón de la señora Eisenberg se estremeció con ma¬terna] compasión.
Jaime dijo , te voy a bordar las respuestas en el interior de tu camisa, y la próxima vez que esas monjas te pregunten sólo tendrás que mirar hacia abajo y leerlas.
Gracias, mamá dijo Jaime.
Y no parpadeó cuando la hermana Michele le preguntó quién era la virgen más famosa del mundo.
María respondió.
Muy bien dijo la monja , ¿y quién fue su marido?
José respondió el niño.
Ya veo que has estado estudiando. Ahora, ¿puedes decirme el nombre de su hijo?
Claro dijo Jaime , Calvin Klein.
lunes, 24 de septiembre de 2012
La inocencia de un niño.
Los niños pequeños son inocentes; pero no se lo han ganado, es natural. En realidad son ignorantes, pero su ignorancia es mejor que la supuesta cultura, porque la persona culta está simplemente ocultando su ignorancia con palabras, teorías, ideologías, filosofías, dogmas y credos. Está tratando de ocultar su ignorancia, pero con sólo rascar un poco no encontrarás en su interior sino oscuridad, no encontrarás sino ignorancia.
Los niños están en mucho mejor situación que las personas cultas porque son capaces de ver. A pesar de ser ignorantes, son espontáneos, tienen atisbos de inmenso valor.
Un niño pequeño, al que le había entrado el hipo, gritó:
‑Mamá, ¡estoy tosiendo del revés!
Una madre muy parlanchina llevó a su hijo a la consulta del psiquiatra para que lo examinara. El psiquiatra examinó al pequeño y le sorprendió que no prestara ninguna atención a sus preguntas.
-¿Tienes algún problema oyendo? ‑le preguntó el psiquiatra.
‑No ‑contestó el niño‑. Tengo problemas escuchando.
¿Entiendes lo que está diciendo? Escuchar y oír son dos cosas totalmente diferentes. El niño había dicho: ‑No tengo problemas oyendo, pero escuchar me cansa. Uno tiene que oír (la cotorra de la madre está ahí), pero tengo problemas escuchando. No puedo prestar atención. ‑La madre y su manera de cotorrear han destruido algo de gran valor en el niño: su capacidad de atención. Está completamente aburrido.
El profesor de segundo grado envió a la pizarra a los niños para resolver problemas aritméticos.
Uno de los niños dijo:
‑Me se ha acabado la tiza.
‑Eso no es correcto ‑respondió el profesor‑. El modo correcto es: «Se me ha acabado la tiza, se te ha acabado la tiza, se nos ha acabado la tiza, se les ha acabado la tiza.» ¿Entiendes ahora?
‑No ‑dijo el niño, ¿Qué ha pasado con toda la tiza?
El reloj acababa de dar las tres de la madrugada cuando la hija adolescente del sacerdote regresó del baile. El sacerdote y su esposa habían estado esperando a la muchacha levantados, y cuando apareció por la puerta éste le dijo con desprecio:
‑Buenos días, hija del demonio.
Hablando suavemente, como debería hacerlo cualquier muchacha, ésta respondió:
‑Buenos días, padre.
El profesor estaba tratando de enseñar a restar.
‑Ahora, Hugo ‑dijo‑, si tu padre ganase 30.000 pesetas a la semana y le descontaran 1.000 pesetas del seguro, 2.000 de la Seguridad Social y 5.000 de impuestos, y entonces le diera a tu madre la mitad, ¿qué tendrá ella?
‑¡Un ataque al corazón! ‑dijo el niño.
La cena había terminado. El padre y su hijo de nueve años estaban en la sala de estar mirando la televisión. La madre y la hija estaban en la cocina lavando los platos sucios de la cena. De repente, el padre y el hijo escucharon un tremendo sonido al romperse algo en la cocina. Esperaron un momento sobresaltados pero no escucharon ni un ruido.
‑Ha sido mamá la que ha roto el plato ‑dijo el niño.
‑¿Cómo lo sabes? ‑preguntó su padre.
‑Porque ‑respondió el hijo‑ ¡no ha dicho nada!
Desde la cocina llegó el sonido del estruendo de un vaso roto o una porcelana rota.
‑¡Guillermito! ‑gritó su madre desde la sala‑. ¿Qué demonios estás haciendo en la cocina?
‑Nada ‑dijo Guillermito‑. ¡Ya he terminado!
Un vendedor que había estado trabajando en el área de Nueva Inglaterra iba a ser trasladado a California. El traslado había sido el principal tema de conversación en su casa durante semanas. La noche anterior al gran traslado, su hija de cinco años se puso a rezar sus oraciones y dijo:
‑Y ahora, Dios, me tendré que despedir para siempre porque ¡mañana nos vamos a California!
,¡Cómo conseguiste de niño mantener tu propia claridad y no dejarte intimidar por los adultos que te rodeaban.1 ¿De dónde sacaste la valentía necesaria?
La inocencia es valentía y claridad a la vez. No necesitas tener valentía si eres inocente. Tampoco necesitas claridad porque no hay nada más claro, más transparente, que la inocencia. Por lo tanto, la cuestión consiste en cómo proteger la propia inocencia. La inocencia no es algo que se pueda conseguir. No es algo que tenga que aprenderse. No es algo como un talento: la pintura, la música, la poesía, la escultura. No es como ese tipo de cosas. Es más parecido a respirar, algo con lo que naces.
La inocencia está en la naturaleza de todo el mundo. Todo el mundo nace inocente. ¿Cómo puede uno nacer sin ser inocente? Nacer significa que uno ha entrado en el mundo como una tabula rasa, sin nada escrito. Sólo tienes futuro, no tienes pasado. Este es el significado de la inocencia. Por eso trata primero de entender todos los significados de la inocencia.
El primero es: no hay pasado, sólo hay futuro. Llegas al mundo como un observador inocente. Todo el mundo llega de la misma manera, con la misma cualidad de conciencia.
La pregunta es: ¿cómo me las he arreglado para que nadie pudiera corromper mi inocencia, mi claridad?; ¿de dónde saqué el coraje?; ¿cómo conseguí no ser humillado por los adultos y su mundo?
No he hecho nada, o sea que no se trata del cómo. Sencillamente sucedió, de modo que no puedo atribuírmelo.
Quizá esto es algo que le sucede a todo el mundo, pero comienzas a interesarte por otras cosas. Empiezas a negociar con el mundo de los adultos. Tienen muchas cosas que ofrecerte; tú sólo tienes una, y es tu integridad, tu dignidad. No tienes demasiado, sólo una cosa; puedes llamarlo como quieras: inocencia, inteligencia, autenticidad. Sólo tienes eso.
Y el niño está naturalmente muy interesado en todo lo que ve a su alrededor. Continuamente queriendo tener esto, tener aquello; es parte de la naturaleza humana. Si te fijas en un niño pequeño, incluso en un recién nacido, puedes ver que ha empezado a buscar a tientas; sus manos están tratando de encontrar algo. Ha iniciado el viaje.
En el viaje se perderá, porque en este mundo no puedes conseguir nada sin pagar por ello. Y el pobre niño no puede entender que lo que está entregando es tan valioso que, aunque todo el mundo estuviese de un lado y su integridad del otro lado, su integridad seguiría teniendo más peso, más valor. No tiene manera de saberlo. Este es el problema, porque el niño tiene sencillamente lo que tiene. Lo da por hecho.
miércoles, 1 de febrero de 2012
Que es el silencio ?
El silencio es la explosión de la inteligencia. Silencio quiere decir: dentro de tí, eres sólo espacio, espacio sin estrépitos. Silencio quiere decir que has puesto a un lado todo el mobilario de la mente - los pensamientos, los deseos, las memorias, las fantasías, los sueños - todo lo has empujado al lado. Estás mirando la existencia directamente, inmediatamente. Estás en contacto con la existencia sin nada entre tí y la existencia. Eso es silencio....
El silencio se puede escuchar. Y cuando lo escuchas hay un entendimiento inmediato. El entendimiento viene como una sombra siguiendo el silencio. Entender las palabras y escuchar las palabras es muy simple. Cualquiera puede hacerlo: sólo se necesita un poco de educación sobre el lenguaje, no mucha. Pero se necesita una transformación tremenda para escuchar al silencio y entender el silencio. El silencio tiene que surgir de tu ser mismo.
Hay dos tipos de silencio: uno es el que cultivas, el otro es el que llega. Tu silencio cultivado es nada más que la bulla reprimida.... Lo puedes lograr con la práctica pero es como sentarte encima de un volcán - el cual puede estallar en cualquier momento, por cualquiera pequeña excusa. Esto no es verdadero silencio, sino un silencio forzado.
El silencio que se origina de tu ser mismo, que no se impone ni desde afuera ni desde adentro pero que llega justo al contrario -- llega, surge desde adentro hacia afuera, se origina en el centro y se expande hacia la circunferencia.... ese es un fenómeno totalmente diferente.
El silencio que nace así, es tan grande que puede contener las palabras, puede contener el habla. Nada puede perturbarlo, es un silencio que no tiene miedo de las palabras. Hay gente que no habla, que parece estar en silencio. Su silencio parece estar en contra del habla -- y un silencio que se pone en contra del habla todavía es parte del habla. Es una ausencia: no es una presencia.
¡La ausencia del habla no es mi silencio! El silencio es una presencia. Te puede hablar. Te puede cantar. Tiene una energía tremenda. No es vacuo, es una realización.
El verdadero silencio no es el silencio del cementerio, no es el silencio de la muerte. Es el silencio de la vida, un silencio pulsando con la vida, que al pulsar es positivo, afirmativo. Es un gozo. No es la ausencia de la preocupación. Es la presencia del éxtasis.
Uno puede escapar y lograr un cierto silencio - pero sólo será una ausencia de tensión, que no es nada especial. El silencio verdadero tiene que existir en la plaza del mercado, en la muchedumbre, ¡en plena rumba! Cuando nada te distrae, cuando nada te perturba, estás centrado. Sé en el mundo, deja que el servir a la gente sea tu meditación y luego encontrarás que llegas al silencio. No escapes, no busques el silencio en el aislamiento o en lugares solitarios. Puedes llegar al silencio, puedes ser meditativo -- dentro del mundo.
Aprende el silencio. Con tus amigos, con tus amantes, con tu familia, de vez en cuando siéntate con ellos en silencio, sin chismear, sin hablar. Deja de hablar y no sólo afuera -- acaba con el monólogo interior. Siéntanse y no hagan nada, sólo siendo presencias unos para otros. Pronto encontrarán una nueva manera de comunicarse a través del silencio.
El silencio tiene que pasar por tres puertas: Una es la más perifrica: el habla. Habla telegráficamente. Habla lo esencial. Te darás cuenta que noventa por ciento de tu habla es inútil; sólo necesitas diez por ciento. Pero ese diez por ciento será más efectivo, más significativo.
El primer paso es hablar lo esencial, sé telegráfico. Luego el segundo paso: piensa sólo lo esencial y te sorprenderá. Noventa y nueve por ciento es algo innecesario; sólo uno por ciento es esencial y ese uno por ciento quizás, tal vez, pero lo demás es todo basura inutil.
Deja de pensar innecesariamente sobre cosas innecesarias.
Dejando de pensar lo inútil te ahorrará tanta energía que se puede tomar el tercer paso. El tercer paso es lo más sutil: sentir sólo lo esencial. Y si llegas a lo esencial entonces hay sólo amor. La rabia, la codicia, la lujuria -- todas esas cosas no son esenciales. Son parásitos, te están explotando. Cuando llegas a lo esencial sólo queda el amor. Y cuando tu corazón es sólo amor tu puedes entrar al centro mismo del silencio.
Hay que pasar por estas tres cosas: el exterior de la mente: el hablar; el interior de la mente: el pensar y el interior más profundo: el sentir.
Y cuando has pasado por todas; luego hay silencio. Y ese silencio es la puerta para encontrar lo divino.
Tanto como tu silencio crece, tu amabilidad y amor crecen; tu vida se transforma en una danza de momento a momento, en un regocijo, en una celebración.
miércoles, 25 de enero de 2012
La inseguridad es lo verdaderamente seguro.
Cuando la muerte llama a tu puerta, todas tus convicciones no serán más que absurdos acertijos. No te aferres a ninguna convicción. La vida es incierta, la misma naturaleza de la vida es la incertidumbre. Y la persona inteligente siempre está insegura.
La propia disposición de mantenerse en la incertidumbre es valentía. Esta disposición de estar en la incertidumbre es confianza. Una persona inteligente es aquella que permanece alerta en cualquier situación, que responde a las situaciones con todo su corazón. No es que sepa lo que va a ocurrir; no es que sepa, “si haces esto sucederá aquello”. La vida no es una ciencia; no es una cadena de causa y efecto. Cuando calientas agua hasta los 100º, se evapora, eso está garantizado. Pero en la vida real, no hay nada tan seguro como eso.
Cada individuo es una libertad, una libertad desconocida. Es imposible predecirlo, imposible imaginárselo. Hay que vivir estando despiertos y con comprensión.
Vienes a verme en busca de conocimiento, quieres fórmulas fijas para poder aferrarte a ellas. Yo no te las doy. En realidad, si tienes alguna, ¡te la quito! Poco a poco, voy destruyendo tus convicciones y, poco a poco, te voy volviendo cada vez más indeciso; poco a poco te voy volviendo más inseguro. Eso lo único que hay que hacer. ¡Esto es lo único que tiene que hacer un Maestro! Dejarte completamente libre. Totalmente libre, con todas las posibilidades abiertas, sin nada fijo… tendrás que estar despierto, no puedes hacer nada más.
Esto es lo que llamo comprensión. Si comprendes, la inseguridad es una parte intrínseca a la vida, y está bien que sea así, porque transforma la vida en libertad, la convierte en una sorpresa constante. Nunca se sabe lo que va a suceder. Te mantiene permanentemente maravillado. No lo llames incertidumbre, llámalo prodigio. No lo llames inseguridad, llámalo libertad.
lunes, 23 de enero de 2012
Despierta hombre... Estas totalmente dormido.
Una de las cosas más importantes que hay que entender del hombre es que el hombre está dormido. Aun cuando cree que está despierto, no lo está. Su estado de vigilia es muy frágil; su estado de vigilia es tan insignificante que carece por completo de importancia. Su vigilia es sólo una bonita palabra, pero totalmente vacía.
Lo primero que debes grabarte bien en el corazón es que estás dormido, completamente dormido. Estás soñando, un día tras otro. A veces sueñas con los ojos abiertos y otras veces con los ojos cerrados, pero estás soñando... tú mismo eres un sueño. Todavía no eres una realidad.
Por supuesto, cualquier cosa que hagas en un sueño carece de sentido. Cualquier cosa que pienses es insustancial; cualquier cosa que proyectes seguirá formando parte de tus sueños y nunca te permitirá ver la realidad. Por eso todos los budas han insistido en una única cosa: ¡Despierta! Continuamente, a lo largo de los siglos, todas sus enseñanzas se pueden resumir en una sola frase: debes despertar. Y para ello han ideado métodos, estrategias, han creado contextos y espacios y campos de energía en los que un choque te puede hacer despertar.
Sí, a menos que sufras un choque que te sacuda de arriba a abajo, no despertarás. El sueño ha durado tanto que ha llegado al centro mismo de tu ser; estás empapado en él. Cada célula de tu cuerpo y cada fibra de tu mente se han llenado de sueño. No es un fenómeno de poca monta. Por eso se necesita un gran esfuerzo para mantenerse alerta, atento, vigilante. Para convertirse en un testigo.
Si hay una cuestión en la que están de acuerdo todos los budas del mundo, es esta: Que el hombre, tal como es, está dormido y debería despertar. El despertar es el objetivo y el despertar es la esencia de todas sus enseñanzas. Zaratustra, Lao Tzu, Jesús, Buda, Bahauddin, Kabir, Nanak, chuang tsu... todos los despiertos han enseñado una única lección. En diferentes idiomas, con diferentes metáforas, pero su canción es la misma. Así como el mar tiene un sabor salado, ya se pruebe por el norte o por el sur, por el este o por el oeste, el sabor de la condición búdica es el estado de vigilia.
Pero si sigues creyendo que ya estás despierto, no harás ningún esfuerzo. Te parecerá que no tiene sentido hacer esfuerzo alguno. ¿Para qué molestarse?
Y has creado religiones, dioses, oraciones, ritos, sacados de los sueños. Tus dioses son parte de tus sueños, como todo lo demás. Tu política es parte de tus sueños, tus religiones son parte de tus sueños, tus poesía, tus pintura, tu arte... todo lo que haces. Como estas dormido, haces cosas según tu estado mental.
Tus dioses no pueden ser diferentes de ti. ¿Quién los va a crear? ¿Quién les dará cuerpo, forma y color? Tu los creas, tu los esculpes; tienen ojos como los tuyos, narices como las tuyas... ¡y mente como la tuya! El Dios del Antiguo Testamento dice: «Soy un Dios muy celoso.» Vamos a ver: ¿quién ha creado este Dios tan celoso? Dios no puede ser celoso, y si Dios es celoso, entonces ¿qué tiene de malo ser celoso? Si hasta Dios es celoso, ¿por qué tú habrías de pensar que estás haciendo algo malo cuando sientes celos? ¡Los celos son algo divino!
El Dios del Antiguo Testamento dice: «Soy un Dios muy colérico. Si no cumples mis mandamientos, te destruiré. Te arrojaré al fuego del infierno para toda la eternidad. Y como soy celoso, sigue diciendo Dios, no debes adorar a nadie más. No puedo tolerarlo. ¿Quién creó semejante Dios? Esta imagen tuvo que crearse a partir de nuestros propios celos, de nuestra propia cólera. Es una proyección, una sombra nuestra. Un eco del hombre y de nadie más. Y lo mismo se puede decir de todos los dioses de todas las religiones.
Por eso Buda nunca hablaba de Dios. «¿Qué sentido tiene hablarle de Dios a gente que está dormida? Escucharán en sueños. Soñarán con lo que se les diga y crearán sus propios dioses que serán completamente falsos, completamente absurdos. Es mejor prescindir de tales dioses.
Por eso a Buda no le interesa hablar de dioses. Lo único que le interesa es despertarte.
Se dice que un maestro budista iluminado estaba sentado una tarde a la orilla de un río, disfrutando del sonido del agua, del sonido del viento que pasaba a través de las hojas. Se le acercó un hombre y le preguntó:
-¿Puedes decirme en una sola palabra la esencia de tu religión
El maestro permaneció callado, en silencio absoluto, como si no hubiera oído la pregunta. El hombre insistió:
-¿Estás sordo o qué?
El maestro dijo:
-He oído tu pregunta y la he respondido. El silencio es la respuesta. He permanecido en silencio. Esa pausa, ese intervalo, era mi respuesta:
El hombre dijo:
-No puedo entender una respuesta tan misteriosa. ¿No puedes ser un poco más claro?
Entonces el maestro escribió en la arena con el dedo la palabra
«Meditación» en letras pequeñas.
-Eso puedo leerlo -dijo el hombre-. Esto es algo mejor que lo del principio. Al menos tengo una palabra sobre la que reflexionar. Pero ¿no puedes decirlo un poco más claro?
El maestro volvió a escribir «MEDITACIÓN», pero esta vez en letras más grandes. El hombre se sentía un poco incómodo, desconcertado, ofendido, irritado.
-¿Otra vez escribes «meditación»? ¿No puedes decírmelo más
claro?
Y el maestro escribió en letras mayúsculas muy grandes «MEDITACIÓN».
-Me parece que estás loco -dijo el hombre.
-Ya he descendido mucho -dijo el maestro-. La primera respuesta era la respuesta correcta, la segunda no era tan correcta, la tercera estaba aún más equivocada, la cuarta era ya muy incorrecta... porque cuando escribes «MEDITACIÓN» en letras mayúsculas, creas con ello un dios.
Por eso la palabra Dios se escribe con D mayúscula. Cada vez que quieres que algo sea supremo, definitivo, lo escribes con mayúscula.
-Ya he cometido un pecado -dijo el maestro. Borró todas las palabras que había escrito y dijo-: Por favor, escucha mi primera respuesta. Sólo con ella te he dicho la verdad.
El silencio es el espacio en el que uno despierta, y la mente ruidosa es el espacio en el que uno permanece dormido. Si tu mente continúa parloteando, estás dormido. Si te sientas en silencio, si la mente desaparece y puedes oír el canto de los pájaros y no hay mente en tu interior, un silencio... este silbido del pájaro, este gorjeo, y ninguna mente funcionando dentro de tu cabeza, silencio total... entonces la conciencia aflora en ti. No viene de fuera, surge dentro de ti, crece en ti. Por lo demás, recuerda: estás dormido. :(
lunes, 16 de enero de 2012
Domina tu mente y, en ocasiones, salte de ella
La mente es sencillamente una biocomputadora. Cuando un niño nace no tiene mente; no hay parloteo dentro de él.
Toma casi tres o cuatro años a su mecanismo empezar a funcionar. Podemos ver que las niñas empiezan a hablar más pronto que los niños. ¡Son máquinas parlantes más grandes! Tienen una biocomputadora de mejor calidad.
La biocomputadora necesita que se les alimente con información; es por ello que si tratas de recordar tu vida llegarás hasta un punto alrededor de los cuatro años si eres hombre y a los tres si eres mujer. Más atrás está en blanco. Tú estas ahí; deben haber sucedido muchas cosas, deben haber ocurrido muchos incidentes, pero parece que no se hubiera guardado información y entonces no te puedes acordar, puedes recordar hasta la edad de cuatro o tres con mucha claridad.
La mente recolecta información de los padres, de la escuela, de otros niños, de vecinos, parientes, la sociedad, la iglesia… por todos lados hay fuentes. Seguramente has visto que los niños pequeños, cuando empiezan a hablar, repiten la misma palabra muchas veces. Un nuevo mecanismo ha empezado a funcionar en ellos, ¡qué alegría!
Cuando forman oraciones lo hacen con gran alegría una y otra vez. Cuando comienzan a hacer preguntas, preguntan acerca de cualquier cosa. No están interesados en tus respuestas, ¡recuérdalo! Observa a un niño cuando hace una pregunta; no está interesado en la respuesta, así que por favor no le des una respuesta larga de la enciclopedia Británica. El niño no está interesado en tu respuesta; simplemente está disfrutando del hecho de poder preguntar. Una nueva facultad ha empezado a existir en él.
Y es así como empieza a recolectar información. Después empezará a leer y aprenderá más palabras. En esta sociedad el silencio no cuenta; cuentan las palabras, y cuando mejor sepas hablar más caso te harán los demás. ¿Qué son sus líderes, sus políticos? ¿Qué son sus profesores? ¿Qué son sus sacerdotes, teólogos, filósofos, reducidos a una sola cosa? Son gente que sabe hablar muy bien. Saben utilizar las palabras de manera significativa y consistente, de manera que pueden impresionar a la gente.
Raramente se considera que nuestra sociedad esté dominada por completo por gente que sabe hablar bien. Quizá no sepan nada, tal vez no sean sabios, ni siquiera inteligentes, pero hay algo cierto: saben jugar con las palabras. Es un juego y lo han aprendido, y remunera mucho en respetabilidad, en dinero, en poder, en todos los sentidos. Entonces todo el mundo trata de jugarlo y la mente se llena con muchas palabras, muchos pensamientos.
Uno puede prender o apagar su computadora, pero no puede apagar la mente. No hay botón. No hay ninguna referencia de que cuando Dios hizo el mundo, cuando hizo al hombre, haya hecho un botón para poder encender y apagar la mente. No existe tal botón, así que ésta continúa desde el nacimiento hasta la muerte.
Es sorprendente que la gente que enciende su computadora y la que enciende el cerebro humano tengan una idea tan extraña al respecto. Si sacamos al cerebro del cráneo y lo mantenemos vivo mecánicamente, seguirá parloteando de la misma manera. No le importa que ya no esté conectado a la pobre persona que sufría por su causa; sigue soñando. Aunque esté conectado a máquinas sigue soñando; sigue imaginando, sigue temiendo, sigue proyectando, esperando, tratando de ser esto o aquello, y no se da cuenta en absoluto de que no puede hacer nada: la persona a la que estaba conectado ya no existe. Puede mantenerse a este cerebro vivo durante miles de años conectado a artefactos mecánicos y seguirá parloteando, reparando sobre las mismas cosas, porque no le hemos enseñado nuevas. En cuanto le enseñemos cosas nuevas, las repetirá.
En círculos científicos se cree que es un gran desperdicio que cuando un hombre como Albert Einstein muere, su cerebro también muera con él. Si pudiéramos salvar al cerebro, implantarlo en el cuerpo de otra persona, entonces seguiría funcionando. No importa si Albert Einstein está vivo o no; el cerebro seguirá pensando en la teoría de la relatividad, en estrellas y en teorías. De acuerdo con esta idea, así como la gente dona sangre u ojos antes de morir, podía donar también sus cerebros, de manera que puedan ser conservados. Si se cree que son cerebros especiales, muy calificados, y que es un claro desperdicio dejarlos morir, entonces deberían ser trasplantados.
Así, cualquier idiota puede ser convertido en Einstein y nunca lo sabrá, pues dentro del cráneo de un hombre no hay sensibilidad; puede cambiar cualquier cosa y la persona nunca lo sabrá. Solo hace falta que la persona esté inconsciente para cambiar lo que queramos en su cerebro, (incluso el cerebro completo), y se levantará con el nuevo cerebro, con el nuevo parloteo, y ni siquiera sospechará lo que ha sucedido.
Ese parloteo del que hablo es nuestra educación y básicamente está mal orientada porque sólo nos enseñan la mitad del proceso: cómo utilizar la mente. No nos enseña cómo detenerla para que pueda relajarse, pues incluso cuando estamos dormidos continúa trabajando. No conoce el sueño. A lo largo de toda nuestra vida, setenta, ochenta años, trabaja continuamente.
No obstante,, es posible ponerle un botón a la mente y apagarla cuando no se la necesita: esto es lo que llamamos meditación. Te ayudará de dos maneras: te dará una paz y un silencio antes desconocidos, y te permitirá un conocimiento de ti mismo que no es posible ahora a causa del parloteo de tu mente, el cual siempre te ha mantenido ocupado.
Por otra parte, también le da descanso a la mente, y gracias a ello ésta será más eficiente e inteligente.
Te verás beneficiado por ambos lados: por el lado de la mente y por el lado de tu ser. Sólo tienes que aprender cómo detener la mente y hacer que deje de funcionar, aprender a decirle: “Es suficiente. Ahora vete a dormir. No te preocupes, yo estoy despierto”.
Una vida vacia
En el mundo moderno la mente tan sólo conoce un templo vacío ya que se ha olvidado completamente de aquel que lo habita, de tal forma que adoramos al templo pero no recordamos a Dios. Sin conocimiento alguno acerca del verdadero centro de la vida, nos dejamos de movernos ni de ser indulgentes en su periferia.
La gloria del cuerpo humano no está en sí mismo dado que éste es sólo el anfitrión. La verdadera gloria está en el invitado, en aquel que lo habita. Si te olvidas del invitado, entonces es pura indulgencia tuya. Por el contrario, si recuerdas y procuras al invitado, amar y celebrar al cuerpo, se hace parte de tu adoración a la vida.
Oriente posee una gran visión. En ella el cuerpo ocupa la parte más baja, la más visible y tangible. Además, el cuerpo no lo es todo. De hecho, bajo está óptica el cuerpo es sólo el principio, es sólo una puerta que hay que cruzar para llegar a conocer misterios más profundos. En Oriente el cuerpo es cuidado y venerado porque se considera un vehículo a través del cual podemos llegar a conocer aquello que habita en cada uno de nosotros, pero que no es el cuerpo mismo. El cuerpo es como una lámpara y Dios es la llama que le da vida. La lámpara es adorada por la llama pero, una vez que la flama se extingue, ¿quién se extingue en la flama, el cuerpo no es nada; polvo somos y en polvo nos convertiremos. Entonces el cuerpo regresa a la tierra. El cuerpo late a la par con Dios, palpita con él. Si eres capaz de observar esto, entonces aún el polvo se vuelve divino; si no, entonces el polvo será simplemente polvo. Entonces carece de significado.
El culto al cuerpo en Occidente no es especialmente importante. Por eso, las personas buscan comer saludablemente, darse masajes o hacer Rolfing (técnica de integración postural). Tratan, por mil y un caminos, de darle un sentido a sus vidas pero, No obstante, si observas su mirada verás que en ella hay un gran vacío. Te puedes dar cuenta de que han fallado en su búsqueda, que no hay fragancia y que la flor aún no ha florecido. Internamente están tan secos como un desierto, están perdidos y no saben qué hacer para sentirse bien. Ellos tratan de hacer muchas cosas para su cuerpo, pero pierden de vista lo más importante.
Si el centro, si lo más importante está faltando, puedes pasar tu vida decorando la periferia, y es probable que logres engañar a los demás pero debes entender que eso no te va a llenar a ti mismo. De hecho, puede ser que en algún momento incluso llegues a engañarte a ti mismo, porque las mentiras repetidas muchas veces, (incluso nuestras propias mentiras), comienzan a parecer verdades, pero eso no te va a llenar ni te hará sentir satisfecho. Occidente realmente trata de disfrutar la vida pero parece ser que no existe el gozo. Por su lado, Oriente no trata de disfrutar la vida; simplemente lo hace sin mayor esfuerzo. De hecho, es curioso darse cuenta de que el Oriente no tiene nada que disfrutar; es simplemente
Si el centro, si lo más importante está faltando, puedes pasar tu vida decorando la periferia, y es probable que logres engañar a los demás pero debes entender que eso no te va a llenar a ti mismo. De hecho, puede ser que en algún momento incluso llegues a engañarte a ti mismo, porque las mentiras repetidas muchas veces, (incluso nuestras propias mentiras), comienzan a parecer verdades, pero eso no te va a llenar ni te hará sentir satisfecho. Occidente realmente trata de disfrutar la vida pero parece ser que no existe el gozo. Por su lado, Oriente no trata de disfrutar la vida; simplemente lo hace sin mayor esfuerzo. De hecho, es curioso darse cuenta de que el Oriente no tiene nada que disfrutar; es simplemente
martes, 3 de enero de 2012
Consumir sal Marina: ¿por qué?
Nadie imagina todas las grandes diferencias que existen entre ambas sales.
Una da vida ... la otra.....mata. La longevidad, se debe al perfecto equilibrio, y de forma estable, que los minerales, ( y otros elementos ) estén siempre presentes, en los procesos internos celulares.
Sal Marina que alimenta... "Es el mayor concentrado de minerales... naturales. Es el mayor alimento que la naturaleza ha creado. En las exactas medidas, que lo requieren las células".... Carecemos de los minerales sin la sal marina. Y, la otra, la Sal Común...mata. (De a poco, pero mata).
Sin pensarlo, comemos...nosotros , y toda nuestra familia, Sal Común," solo 100% Sodio".. Tan dañina a todos los órganos como ya sabemos. Aumenta la presión arterial...etc. etc. Veamos...
El mar se mueve ondulatoriamente desde hace millones de años, desgastando todos los minerales, y piedras que existen en el planeta... y, ...esas partículas, están en suspensión en el agua del mar. El hombre descubre que,.... evaporando el agua del mar...queda la SAL MARINA. Esto lo realiza en zonas muy calientes y desérticas, canalizando el agua, hacia lugares para su natural evaporación. Al analizarla, verificamos que contiene...casi en las mismas proporciones, idénticas que en el suero sanguíneo ," todos los minerales que el organismo requiere".Aunque parezca mentira, esas proporciones son increíblemente parecidas.... exactas. (Por esto se dice que venimos del mar).
Si esto es así... por que nos venden sal común...? (nadie lo sabe...porque, no es mas cara, que la sal marina ).
Si consumiendo Sal Marina encuentro "todos " los minerales que mi cuerpo necesita ... porque nadie lo dice...?
(tampoco lo sabe la gente...) (...y no es algo masificado). Lo importante es divulgarlo, para que todos consuman la totalidad... y además, es casi al mismo precio, en cualquier tienda dietética.
SIEMPRE, SIEMPRE PENSAR EN TÉRMINOS DE "TOTALIDAD" "PORQUE EL ORGANISMO, ES UNA TOTALIDAD"...
Contiene en disolución, todos los elementos que el planeta produjo en millones y millones de años.
y, las células usan los minerales, para todos sus sistemas internos .. Solo algunos minerales que contiene al sal marina: Azufre, boro, bromo, carbono, estroncio, magnesio, potasio, sodio, aluminio, arsénico, bario, cesio, cobalto, flúor, fósforo, hierro, litio, manganeso, mercurio, molibdeno, níquel, nitrógeno, oro, plata, radio, rubidio, selenio, silicio, torio, uranio, vanadio, zinc, yodo.....etc.
Hay además, moléculas de todas las piedras del planeta, sean de una montaña o del desierto. Todo termina en el mar, llevado por las lluvias.
Los músculos , al deshidratarse, pierden grandes cantidades de agua, y sales minerales . Creando un estado de cansancio y agotamiento físico, psíquico, emocional y mental. Hay malos funcionamientos internos, cuando faltan los minerales que se perdieron. Debemos reponerlos rápidamente, y con la Sal Común, nada llegará a las células. Solo Sodio puro. La Sal Marina repone en instantes lo gastado.
Vea que interesante:
Los deportistas por ejemplo: En el primer tiempo de juego, pierden enormes cantidades de sales minerales. Sudando. Qué pasaría si todos los jugadores , tomaran un agua con algo de sal marina y reponen, todas las que han perdido..? En el segundo tiempo, la diferencia de ambos equipos, seria muy grande. Los músculos repuestos, harían ganar el partido. El equipo contrario perderá.... por desventajas, seguramente. Ya sabemos, que los minerales los encontramos en las frutas y verduras ..."vivas". Y por supuesto deberíamos consumirlos a diario, pero con SAL MARINA. Algo que vale la pena divulgar.
BENEFICIOS DE CONSUMIRLA A DIARIO.
Da energías a los músculos.
- Compensa los perjuicios de la mala alimentación.
- Disminuye la acidez gástrica.
- Estimula la circulación sanguínea, respiratoria, centros nerviosos, los riñones, y las vías urinarias ..
- Elimina los ácidos tóxicos, el láctico, el úrico..
- A las 3 semanas, hay una gran trans-mineralización y un enriquecimiento extraordinario de calcio, magnesio, . flúor, etc.
- El magnesio, previene los trastornos del corazón.
- El flúor, fortifica los huesos, los dientes...etc.
- Tiene gran efecto bactericida y antibiótico.
- Produce un gran equilibrio electrolítico.
- Regula los excesos de Sodio y de Potasio, bajando la propia presión arterial. (Según estudios realizados en . España.)
- Evita las constipaciones.
- Es anti.-alérgico.
- Estimula notablemente la cura de las heridas. Alivia la psoriásis, los procesos menstruales. el bocio.
- Combate el colesterol. La senilidad. Los cálculos biliares.
- Participan los minerales en la cura de todas las dolencias físicas... . Todas.
El consumo de SAL MARINA, ¡!!Comparte esta informacion.¡¡¡
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