jueves, 18 de septiembre de 2014

Descubre como se genera el ego en el ser humano.

COMO SE GENERA EL EGO EN EL HOMBRE.


Antes que nada uno puede observar por uno mismo que no hay ningún ego por ninguna parte en la naturaleza que no sea en la conciencia humana. Los animales pueden ser violentos hasta cierto grado pero los animales no tienen un ego. Ellos no son intencionalmente ni deliberadamente violentos. Y el niño, cuando nace, es como un animal, no tiene ego ya que no tiene la capacidad de pensar e imaginarse. Por tanto tenemos que examinar: ¿cuándo surge el ego como algo existente mientras el niño crece? Porque, después de todo, todos hemos sido niños, por tanto hemos estado expuestos a este proceso. Si yo examino eso, encuentro que después de unos cuantos años de haber nacido el niño adquiere un lenguaje y adquiere la capacidad de pensar e imaginarse. Estas capacidades en sí mismas no son el ego. Vienen a nosotros en el proceso biológico de la propia evolución, la cual es una parte del orden de la naturaleza. Cuando enfrentamos estas capacidades con el instinto de buscar placer y evitar el dolor, que está allí también en el animal, entonces eso produce una receta para la formación del ego, debido a que con la conciencia humana hay no sólo dolor físico y placer físico, sino también dolor psicológico y placer psicológico.


sábado, 13 de septiembre de 2014

Vídeo el caso de los genes alienigenas de adan.

EL CASO DE LOS GENES ALIENIGENAS DE ADAN.



Sensacional descubrimiento sobre el genoma humano.

 ZECHARIA SITCHIN.

 ¿A imagen de quién fue Adán – el prototipo de humano moderno, homo sapiens – creado? La Biblia afirma que los Elohim dijeron: “Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra”. Pero si uno debe aceptar una explicación tentativa para los enigmáticos genes que poseen los seres humanos, ofrecida cuando el descifrado del genoma humano fue anunciado a mediados de febrero (2001), ¡la hazaña fue decidida por un grupo de bacterias! “Humillante” fue el frecuente adjetivo usado por los equipos científicos y los medios para describir la principal conclusión - que el genoma humano contiene no los previstos 100.000 – 140.000 genes (los tramos de ADN que dirigen la producción de aminoácidos y proteínas) sino sólo unos 30.000, poco más que el doble de los 13.601 genes de la mosca de la fruta y apenas cincuenta por ciento más que los 19.098 de las lombrices intestinales.¡ Qué desmoronamiento desde el pináculo del Árbol de la Vida genético! Por otra parte, apenas había alguna singularidad de los genes humanos. Estos son comparativos no al supuesto 95 por ciento sino a casi el 99 por ciento de los del chimpancé, y al 70 por ciento de los del ratón. Genes humanos, con las mismas funciones, fueron encontrados idénticos a los genes de otros vertebrados, así como invertebrados, plantas, hongos, e incluso levadura. Las conclusiones no sólo confirmaron que había una fuente de ADN para toda la vida sobre la Tierra, sino también permitió a los científicos rastrear el proceso evolutivo - cómo organismos más complejos se desarrollaron, genéticamente, desde los más simples, adoptando en cada etapa genes de una forma de vida inferior para crear una forma más compleja – culminando con el Homo sapiens. 

El descubrimiento “devana – sesos” 
Fue aquí, rastreando el registro evolutivo vertical contenido en el ser humano y los otros genomas analizados, que los científicos cayeron en un enigma. El descubrimiento “devana – sesos”, como Science lo calificó, fue que el genoma humano contiene 223 genes que no tienen los requeridos predecesores en el árbol evolutivo genético. ¿Cómo obtuvo el Hombre tal grupo de enigmáticos genes? En el proceso evolutivo desde las bacteria a los invertebrados (tales como linajes de levaduras, gusanos, moscas o hierbajo de mostaza – los cuales han sido descifrados), a vertebrados (ratones, chimpancés) y finalmente a los humanos modernos, estos 223 genes faltan por completo en la fase de los invertebrados. Por consiguiente, los científicos pueden explicar su presencia en el genoma humano por un “bastante reciente” (en escala de tiempo evolutivo) “probable traspaso horizontal desde la bacteria”. En otras palabras: En un tiempo relativamente reciente según la Evolución, los humanos modernos adquirieron una extra de 223 genes no a través de evolución gradual, no verticalmente por el Árbol de la Vida, sino horizontalmente, como una inserción lateral de material genético desde las bacterias... 

Una inmensa diferencia.
Ahora, a primera vista parecería que 223 genes no es nada del otro mundo. De hecho, en tanto que cada gen por sí solo hace una gran diferencia en todo individuo, 223 genes hacen una inmensa diferencia para una especie tal como la nuestra. El genoma humano está hecho de algo más de aproximadamente tres mil millones de nucleótidos (las “letras” A-C-G-T las cuales significan las iniciales de los cuatro ácidos nucleicos que escriben toda la vida sobre la Tierra); de esos, sólo poco más del uno por ciento están agrupados en genes funcionales (cada gen consiste de miles de “letras”). La diferencia entre un individuo y otro asciende a más o menos una “letra” en mil en el “alfabeto” del ADN. La diferencia entre el Hombre y el chimpancé es menos que uno por ciento en lo que a los genes respecta; y el uno por ciento de 30.000 genes es 300. Así, ¡223 genes es más que dos tercios de la diferencia entre usted, yo y un chimpancé! Un análisis de las funciones de estos genes a través de las proteínas que manejan, llevado a cabo por el equipo del Public Consortium y publicado en la revista Nature, muestra que ellos incluyen no solamente proteínas involucradas en importantes funciones fisiológicas sino también psiquiátricas. Por otra parte, ellos son responsables de importantes enzimas neurológicas que provienen solamente de la parte mitocondrial del ADN – el así llamado ADN “Eva” que el género humano heredó únicamente a través de la línea materna, todo el camino de regreso a una sola “Eva”. Ese descubrimiento sólo aumenta la duda con respecto a esa explicación de la “inserción bacteriana”. 

Una teoría poco firme.
¿Cómo están seguros los científicos de que tales importantes y complejos genes, una ventaja humana tan inmensa, fueron obtenidos por nosotros – “bastante recientemente” – por cortesía de una contagiosa bacteria? “Éste es un salto que no sigue teorías evolutivas actuales “, dijo Steven Scherer, director de mapeo del Human Genome Sequencing Center, Baylor College of Medicine. “No identificamos una fuente bacteriana rotundamente preferida para los genes que se suponen horizontalmente transferidos “, indica el informe en Nature. El equipo del Public Consortium, llevando a cabo una minuciosa búsqueda, encontró que unos 113 genes (de los 223) “están generalizados entre las bacterias” – aunque ellos están enteramente ausentes incluso en invertebrados. Un análisis de las proteínas con las cuales se expresan los enigmáticos genes demostró que fuera de 35 identificados, sólo diez tenían contraparte en los vertebrados (extendiéndose de vacas a roedores a peces); 25 de los 35 eran únicos a los humanos. “No está claro si la transferencia fue desde la bacteria al ser humano o desde el humano a la bacteria”, citó Science lo dicho por Robert Waterson, co-director del Washington Universitys’s Genome Sequencing Center. Pero si el Hombre le dio esos genes a las bacterias, ¿dónde adquirió el Hombre aquellos genes para comenzar? 

El rol de los Anunnaki.
Los lectores de mis libros deben sonreír ahora, porque conocen la respuesta. Ellos saben que los versículos bíblicos relacionados con la creación de Adán son la versión condensada de muchos textos sumerios y acadios mucho más detallados, encontrados inscritos en tablillas de arcilla, en los cuales el rol de los Elohim en el Génesis es desempeñado por los Anunnaki – “Aquellos Quienes del Cielo a la Tierra Vinieron”. Como detallé en mis libros, comenzando con El 12vo. Planeta (1976) y aun más en Génesis Revisitado y El Código Cósmico, los Anunnaki vinieron a la Tierra hace unos 450.000 años desde el planeta Nibiru – un miembro de nuestro propio Sistema Solar cuya gran órbita lo trae a nuestra parte de los cielos una vez cada 3.600 años. Ellos vinieron aquí por la necesidad de oro, con el cual proteger su menguante atmósfera. Exhaustos y necesitados de ayuda para la extracción del oro, su jefe científico Enki propuso que usaran su conocimiento en genética para crear los Trabajadores Primitivos que precisaban. Cuando los otros líderes de los Anunnaki preguntaron: ¿Cómo puedes crear un nuevo ser? Él respondió: “El ser que necesitamos ya existe; todo lo que tenemos que hacer es poner nuestra marca en él.” 

El momento fue hace unos 300.000 años.
Lo que él tenía en mente era mejorar genéticamente a los homínidos existentes, quienes ya estaban en la Tierra por la Evolución, añadiéndoles algunos de los genes de los más avanzados Anunnaki. Que los Anunnaki, quienes podían ya viajar por el espacio hace 450.000 años, poseían la ciencia genética (cuyo umbral hemos alcanzado ahora) es claro no sólo por los textos actuales sino también por las numerosas representaciones en las cuales la doble hélice del ADN es interpretada como Serpientes Entrelazadas (un símbolo todavía usado por la medicina): Cuando los líderes de los Anunnaki aprobaron el proyecto (según lo repetido en el bíblico “Hagamos a Adán”), Enki con la ayuda de Ninharsag, el Jefe Médico Oficial de los Anunnaki, emprendió un proceso de ingeniería genética, añadiendo y combinando genes de los Anunnaki con aquellos de los ya existentes homínidos. Cuando, después de mucho ensayo y error impresionantemente descrito y registrado en la antigüedad, un " modelo perfecto " fue logrado, Ninharsag lo levantó en alto y gritó: “¡Mis manos lo han hecho!" Un antiguo artista describió la escena sobre un sello cilíndrico: Y así, digo yo, es cómo nosotros hemos venido a poseer los exclusivos genes extra. Fue a imagen de los Anunnaki, no de las bacterias, que Adán y Eva fueron creados. 

Una cuestión de extrema importancia. 
A no ser que otra investigación científica pueda demostrar, más allá de toda duda, que la única fuente posible de los genes extra es en efecto la bacteria, y a menos que sea entonces también resuelto que la infección (“transferencia horizontal”) fue desde la bacteria al Hombre y no desde el Hombre a la bacteria, la única otra solución disponible será aquella ofrecida por los textos sumerios hace milenios. Hasta entonces, los enigmáticos 223 genes permanecerán como una alternativa – y como una corroboración por la ciencia moderna de los Anunnaki y de sus hazañas genéticas en la Tierra. 

EL AUTOR
Es periodista, escritor y lingüista experto en hebreo antiguo y otras lenguas semíticas y europeas. Pionero en la investigación de la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres y profundo conocedor del Antiguo Testamento y de la historia y arqueología del Cercano Oriente, es el autor de la mundialmente exitosa serie Crónicas de la Tierra, que inició con el best seller El 12vo.Planeta. Su último libro en español es El Libro Perdido de Enki. © Z. Sitchin 2001.

lunes, 21 de abril de 2014

Los origenes del cristianismo y la busqueda del Jesus Cristo historico (...

Los orígenes del cristianismo
 y la búsqueda del Jesús Cristo histórico 
Acharya S.
Este documento es una versión más corta de una disertación en inglés.
© 2001 Acharya
Maquetación actual: julio 2008
S. Acharia -

http://youtu.be/Fs4vsxffRbU

 Introducción.
Alrededor del mundo, a lo largo de los siglos, mucho se ha escrito sobre la religión, su significado, su importancia y su contribución a la humanidad. En el mundo occidental particularmente, se han compuesto los más importantes libros que especulan sobre la naturaleza y el fondo histórico del protagonista principal de las religiones occidentales, Jesús Cristo. Muchos han intentado ahondar en las pocas pistas existentes en cuanto a la identidad de Jesús y producir un bosquejo biográfico que sostiene la fe o revela una cara más humana de este "dioshombre" con el cuál todos podemos relacionarnos. Obviamente, en vista del tiempo y la energía puestos en ellos, los temas del cristianismo y de su fundador legendario son muy importantes para la mente y cultura occidental. La Controversia A pesar de toda esta literatura continuamente producida, y la significación del sujeto, en el público hay una carencia seria de una educación formal y amplia con respecto a la religión y la mitología, y la mayoría de las personas están muy mal informados sobre este asunto. Respecto al cristianismo, por ejemplo, los religiosos enseñan, en la mayoría de las escuelas y las iglesias, que Jesús Cristo era una figura histórica real y que la única controversia con respecto a él es que alguna gente lo acepta como el hijo de dios y el mesías, mientras que otras no lo aceptan como tal. Pero aunque ésta es la discusión que produce el furor más evidente, sin embargo tal asunto no es, hoy, el más importante; _______________________________________________________ S. Acharia - Los mitos del cristianismo - pág. 3 la controversia más profunda y fuerte sobre este tema, que puede chocar a muchos, es si existió o no realmente una persona lla-mada Jesús Cristo. Aunque esta discusión puede no ser evidente en las publicacio-nes fácilmente disponibles en librerías populares, cuando uno examina más de cerca tal asunto, encontrará un enorme volumen de literatura que demuestra, de manera lógica e inteligente y repetidamente, el hecho que Jesús Cristo es una representación de carácter mitológico similar a los dioses de Grecia, de Roma, de Egipto, de Sumeria, de Fenicia y de la India, quiénes son to-dos admitidos actualmente como mitos, en vez de figuras histó-ricas. Ahondando en este gran cuerpo de estudio, se descubren evi-dencias de que el carácter de Jesús está basado sobre mitos y héroes mucho más antiguos que existieron previamente alrede-dor del globo.

sábado, 19 de abril de 2014

¿Existió Jesús de Nazaret?

EL ROMPECABEZAS DE JESÚS
¿Hubo un Jesús histórico?90
¿Existió Jesús?; ¿se explican mejor los orígenes del cristianismo sin su «fundador»
Jesús de Nazaret?; antes de los Evangelios, ¿nos encontramos con un Jesús
histórico o mítico?

Por EARL DOHERTY
PREÁMBULO

Conforme entramos en el siglo XXI, el interés por el Jesús histórico ha ido creciendo drásticamente.
En los medios de comunicación, en los bestsellers, en Internet, se está sometiendo a Jesús, más
como figura histórica que como objeto de fe, a una investigación y reinterpretación sin precedentes. La investigación sobre los orígenes cristianos ha llegado al ámbito público como nunca antes, y sus nuevos y radicales hallazgos, junto con la tendencia liberal a bajar a Jesús de su pedestal, han fascinado y perturbado a creyentes y no creyentes por igual.
Tal vez por primera vez en su historia, el campo de la investigación neotestamentaria está desorientado. El círculo académico más progresista en este campo, el grupo conocido como El Seminario de Jesús, ha llegado recientemente a la conclusión de que el cadáver de Jesús, lejos de haber resucitado de entre los muertos, probablemente se descompuso en alguna fosa desconocida, y que el movimiento cristiano no empezó con la convicción de que Jesús hubiera resucitado corporalmente de su tumba. Los grupos más conservadores se oponen ferozmente a tales tendencias, y aun publicaciones populares como Bible Review [Revista bíblica] se han convertido ocasionalmente en campos de batalla de una «guerra civil» en la que los eruditos cristianos de ambos bandos atacan la competencia e integridad de sus oponentes sin tomar prisioneros.
Pero en la nueva búsqueda del Jesús histórico, el punto más importante de todos está siendo ignorado
en gran medida. ¿Ha sido víctima la sociedad occidental de la equivocación más grande de la historia? ¿Podría ser que no hubiera ningún hombre real por ser descubierto, ninguna figura histórica de referencia en una búsqueda sin fin y que esta fuera la razón por la que cada generación es capaz de
reinventar a Jesús a su propia imagen, por la que una multitud de estudiosos puede salir con imágenes
radicalmente diferentes del fundador del cristianismo? Si el registro es tan voluble, tan abierto a la interpretación, ¿no debería ser esta posibilidad la primera de la agenda? El Seminario de Jesús, al co- DOHERTY, Earl. The Jesus puzzle. Was there no historical Jesus? [en línea]. S. l.: The Jesus Puzzle, s. d. [consultado el 27 de junio de 2007]. Disponible en la dirección: http://home.ca.inter.net/~oblio/home.htm).El autor se reserva todos los derechos de republicación. Pueden hacerse tantas copias como se quiera siempre que se conserve la identificación del autor. El Jesus Seminar es un equipo de investigación formado por unos setenta estudiosos del Nuevo Testamento fundado en 1985 por Robert Walter Funk, cuyo propósito es reconstruir la biografía de Jesús de Nazaret. Su trabajo se basa en una metodología triple: la antropología social, el análisis histórico y la hermenéutica textual. Este seminario se considera desvinculado de cualquier corriente religiosa o filosófica y tiene su sede en Sonoma (California). Está dirigido por John Dominic Crossan y Robert W. Funk. Publican sus conclusiones en la revista Foundations and Facets Forum [Foro Bases y Facetas]. El trabajo del Jesus Seminar se inserta en lo que se llama la «Tercera búsqueda del Jesús histórico» (Wikipedia, op. cit.). (N. del T.).

La idea de que el cristianismo pudiera haber empezado sin un Jesús histórico empezó a flotar por
primera vez a finales del siglo XVIII entre ciertos filósofos de la Revolución francesa. En Alemania,
unas cuantas décadas después, D. F. Strauss y Bruno Bauer fijaron una base para la teoría calificando
muchas partes de la historia de Jesús como «mitología» y a los Evangelios como «invenciones literarias ». Bauer llegó a dudar de la historicidad de Jesús. Pero fue en el siglo XX cuando de hecho comenzó el examen serio y detallado del tema. Desde entonces un puñado de estudiosos respetables en cada generación han negado rotundamente la posible existencia histórica del Jesús de los Evangelios: entre ellos J. M. Robertson en Gran Bretaña, Arthur Drews en Alemania, Paul-Louis Couchoud y Prosper Alfaric en Francia, seguidos por muchos otros. Más recientemente, G. A. Wells, profesor de alemán en la Universidad de Londres (ahora retirado), ha publicado seis libros sobre el tema, una reveladora disección de la literatura cristiana, especialmente de los Evangelios, que revela cuán vaporosa y evasiva es la base histórica que yace detrás de la historia de Jesús de Nazaret.
Mi propia investigación en este campo se remonta a casi veinte años atrás, cuando encontré por primera vez una presentación seria de la teoría por parte del profesor Wells. Aunque mi preparación universitaria no era en estudios neotestamentarios, estoy licenciado en Historia Antigua y Lenguajes Clásicos, lo que me da un conocimiento práctico del griego y del latín, que complementé con algo de
hebreo y siríaco básico. Además del Nuevo Testamento, junto a muchas partes del Antiguo, he investigado profundamente todos los documentos cristianos no canónicos, los apologistas del siglo II y III, todos los pseudoepígrafes judíos de la época junto con los manuscritos del Mar Muerto, y muchas partes del gnosticismo cristiano y no cristiano. A esto le he añadido el estudio de Filón de Alejandría, el platonismo medio93 y otras filosofías, los historiadores antiguos relevantes, los cultos mistéricos helénicos y el pensamiento religioso general de la época.
Mis investigaciones me han llevado a un desacuerdo fundamental con el profesor Wells (es el único escritor sobresaliente sobre la teoría de «Jesús como mito» de la generación pasada; los primeros proponentes de esta teoría son difíciles de entender para el lector medio, de tal forma que no los tocaré aquí). Wells postula que Pablo y otros cristianos de su época creían que «Jesús» había vivido en la oscuridad en algún momento desconocido del pasado, tal vez dos o tres siglos antes de su tiempo. El problema es que parece que no hay más evidencias en las epístolas de que Pablo tuviera dicha figura en mente de las que hay acerca de su conocimiento de un Jesús de Nazaret que hubiera vivido y muerto durante el reinado de Herodes Antipas. Más bien, todo en Pablo apunta a una creencia en un «Hijo» enteramente divino que «vivió» y actuó en el ámbito de lo espiritual, en el mismo ambiente mítico en el que se pensaba que operaban todas las demás deidades salvadoras de la época. Ningún griego o romano creía que Mithras hubiera vivido en un periodo identificable de la historia terrenal, o que el toro que sacrificó fuera «histórico». Además, los mitos mistéricos en los tiempos de los comienzos del cristianismo tendían a ser trasladados a una esfera sobrenatural impregnada de la filosofía del momento.
Desde esta perspectiva, se puede ver cómo el cristianismo encaja perfectamente en su entorno cultural, un hijo de su tiempo. También nos permite leer y entender a Pablo en toda su riqueza espiritual — Resurgimiento del platonismo que se experimentó entre los siglos I a. C. y II d. C. Se encuentra a medio camino entre el  platonismo antiguo (s. III – II a. C.) y el neoplatonismo (N. del T.). desde el punto de vista del interés histórico— y ganar una imagen profunda de en qué consistía su fe.
Una vez que se ven las creencias cristianas primitivas bajo su propia luz, se abre una ventana completamente nueva ante el espíritu religioso de la época, puesto que el cristianismo fue el gran sintetizador o traductor de ese espíritu. Pero si en cambio insistimos en ver la fe cristiana primitiva como alguna extraña anomalía híbrida enfrentada a las creencias subyacentes de su época, entonces el cuadro permanecerá por siempre incompleto.
Hoy día encaramos dos dificultades importantes para el entendimiento de la creencia de Pablo en Cristo como una figura enteramente espiritual. Uno es el hecho de que está basado en cosmovisiones
que son ajenas a nuestra perspectiva moderna. El segundo es nuestra incapacidad para entender cómo
las Escrituras judías, según eran interpretadas por ciertos círculos en los días de Pablo, pudieron conferir características al Cristo celestial que percibimos como «históricas». Me estoy refiriendo a pasajes como Rom 1,3, en el que se dice que Cristo era «del linaje de David», o Gál 4,4, en el que se recoge que era «nacido de mujer», más unas referencias superficiales a cosas como la «carne» o la «sangre» de Jesús. He sido cuidadoso al tratar estas cuestiones, y de proporcionarles una explicación inteligente.
Este trabajo está dividido en cinco apartados principales, que fueron publicadas originalmente en la revista Humanist in Canada [Humanista en Canadá] entre 1995 y 1997.
La PARTE UNO, «Una conspiración de silencio», le echa un detallado vistazo al predominante silencio sobre el Jesús de Nazaret evangélico que encontramos a lo largo de los casi cien años de la más antigua correspondencia cristiana. Ni una sola vez Pablo o cualquier otro escritor de epístolas del primer siglo, identifica a su Cristo Jesús divino con la reciente figura histórica conocida a través de los Evangelios. Tampoco le atribuyen las enseñanzas éticas que se le adjudican después a tal hombre.
Virtualmente, uno de cada dos detalles del cuadro del Jesús de los Evangelios es igualmente ilocalizable.
Si Jesús fue un «reformador social» cuyas enseñanzas dieron comienzo al movimiento cristiano, según lo presentan los eruditos liberales de hoy, ¿cómo pudo haberse perdido de forma tan absoluta dicho Jesús de todas las epístolas del Nuevo Testamento, dejando sólo a un Cristo cósmico en su lugar?
Esta dimensión perdida en el registro cristiano primitivo no puede desdeñarse, como ha sido la manera habitual de proceder entre los estudiosos del Nuevo Testamento. Las «explicaciones» anticuadas como aquella de que la Iglesia primitiva «no estaba interesada» en la vida terrenal de Jesús, o de que la teología de Pablo no la requería, son simplemente inadecuadas, si no falsas en muchos aspectos.
A los especialistas les encanta difamar el denominado «argumento del silencio», pero cuando el vacío
es tan ubicuo y profundo, el razonamiento resultante de él resulta ser de una excelente calidad, y ni la
erudición más moderna se ha acercado a una calidad argumental semejante. En este primer apartado, señalo los elementos relacionados con ese silencio de las epístolas que han sido poco señalados antes,
si es que lo han sido alguna vez.

La PARTE DOS, «¿Quién fue Cristo Jesús?», es el núcleo de la serie, por ello intenta exponer el concepto del Cristo espiritual que era el objeto de fe para Pablo y gran parte del movimiento cristiano
primitivo. Esta fe surgió de las ideas religiosas y filosóficas prominentes de la época, tanto judías como griegas, acerca de una fuerza intermediaria entre Dios y el mundo, un «Hijo» espiritual, que obraba dentro de concepciones del universo que han sido descartadas hace mucho tiempo. También comparo el Cristo de Pablo con las deidades salvadoras de los cultos mistéricos grecorromanos, y aunque hasta no hace mucho estaba de moda mantener que mucho de lo que es distintivo del cristianismo se derivó de los misterios, ambas expresiones religiosas comparten elementos de la misma mentalidad y son, en parte, ramas del mismo árbol. Ver el cristianismo bajo esta luz nos hace avanzar un largo trecho hacia el entendimiento del pensamiento de Pablo. Al mismo tiempo examino las palabras de Pablo acerca de Cristo para demostrar que apóstoles como él están ofreciendo una fe basada en la revelación por parte de Dios principalmente a través de la interpretación de las Escrituras, en una época de inspiración divina que no tenía nada que ver con la reciente carrera de un hombre histórico. El segundo apartado termina con un breve vistazo a otra conclusión: que el cristianismo, como lo demuestra su gran diversidad de sus primeros tiempos, no surgió en un único instante y lugar o de un único movimiento misionero, sino que se expresó de diferentes formas en muchas sectas y lugares. Ofrezco una definición de los términos «Jesús» y «Cristo» tal y como fueron usados durante este período inicial.

 La PARTE TRES, «La evolución de Jesús de Nazaret», comienza con una búsqueda en los Evangelios. Estos documentos, que los estudiosos actualmente admiten como expresiones de fe y no de historia, fueron escritos por etapas y probablemente no tan temprano como tradicionalmente se supone.
En última instancia todos ellos son dependientes, con respecto a su esbozo de la vida de Jesús, de una
única fuente, la versión más temprana de «Marcos». Tampoco hay señal alguna de ellos en el amplio
panorama cristiano hasta bien entrado el siglo II. Seguidamente, examino en detalle el documento conocido como «Q» en el cual se creó por primera vez el núcleo del Jesús como maestro, taumaturgo y profeta apocalíptico histórico —algo bastante alejado del Cristo cúltico de Pablo—. Muestro cómo los signos contenidos en ese documento y su evolución indican que no subyace ninguna figura histórica en sus raíces. Aquellos que afirman actualmente que el movimiento cristiano surgió de las enseñanzas de un Jesús como el que se presenta en los evangelios sinópticos, están obligados a basar dicha figura casi exclusivamente en este documento Q perdido, y lo que podamos tantear sobre su naturaleza original y sus etapas de desarrollo. Las pretensiones de corroboración en el redescubierto Evangelio de Tomás descansan también sobre cimientos inseguros. El apartado concluye con un vistazo a cómo «Marcos» compiló el primer Evangelio a partir de elementos distintos, sus ingredientes escriturales y sus características sectarias.
La serie original (publicada primero en formato abreviado en la revista Humanist in Canada en 1995 y 1996) concluía con un «Post scriptum» en el que se trataba el asunto de los testigos no cristianos de Jesús, o la ausencia de estos. (Es asombroso cuánta de la energía de la cuestión de la existencia de Jesús se enfoca hacia este asunto subordinado acerca de Josefo, Tácito y compañía —que en el mejor de los casos no es concluyente— cuando el material más elocuente yace en los mismos documentos cristianos). Posteriormente, trato lo que yo llamo «Las Cinco Falacias» contenidas en el análisis académico tradicional de los orígenes cristianos y de los registros cristianos primitivos.
Un poco después, siguió un quinto apartado en la serie, dedicado al examen de «Los apologistas del siglo II». En esta área menos conocida de los escritos cristianos encontramos un silencio asombroso sobre el Jesús de Nazaret evangélico que se extiende a varios autores, e incluso a algún material atribuido a Justino Mártir, que es el único apologista importante antes del año 180 que incluye a un Jesús histórico en su defensa del cristianismo contra los paganos. Examino detalladamente la más fascinante de de todas las apologías, Minucio Félix, que en su tratamiento de la idea de un hombre crucificado y su cruz se constituye en una verdadera «pistola humeante».
Pienso que lo que cualquier «miticista»95 recibiría con aprecio por parte de la corriente académica principal sería un examen enérgico de la teoría de Jesús como mito y un intento honesto de hacer frente  Persona que hace milagros (N. del T.).
95 Las visiones miticistas de Jesús serían aquellas que lo consideran el resultado de un proceso de construcción de una biografía terrenal a partir de las andanzas simbólicas de un personaje mitológico. La posición contraria sería la historicista, esto es, la que propone que el Jesús de los Evangelios es el resultado de una reelaboración mitológica sobre la base de una biografía de un ser humano real, de gran carisma pero sin poderes sobrenaturales. Esta colección de ensayos se incluye dentro de la primera categoría (N. del T.). a sus argumentos. La teoría de que no hubo un Jesús histórico no muestra signos de perder credibilidad y, dentro de alguna clase de moda «underground», está incluso ganando apoyos. Ha llegado la hora de examinar seriamente por qué esto es así.

lunes, 3 de febrero de 2014

Entrevista con Dorothy M. Murdock




ENTREVISTA CON ACHARYA S (LA CONSPIRACIÓN DE CRISTO) .
Entrevista realizada el 5 de agosto de 2009. 
 ¿Cristo existió? ¿Hubo realmente un Jesús al que crucificaron? ¿Fue una creación mítica, religiosa, o una figura histórica quintaesenciada por la gracia de los evangelistas? 

Estas preguntas tienen tantas respuestas que la verdad se desconoce. Confieso que me ha interesado la TEORÍA DEL MITO DE CRISTO. Hay tantos teóricos que un lector no iniciado como yo podría perderse nada más empezar, así que compré el libro que me resultó más fácil de adquirir: “La conspiración de Cristo” de Acharya S. Encontré una buena entrevista en castellano en la red, pero me quedaron preguntas y decidí hablar con la autora directamente. Ahora adjunto las respuestas de mi encuentro virtual con ella:

 ENTREVISTA CON ACHARYA S, autora de LA CONSPIRACIÓN DE CRISTO. 
ANDRÉS LOMEÑA: Hay cada vez más datos sobre la hipótesis de un Cristo mítico. ¿Por qué las personas persisten en considerar a Jesús una figura histórica y hasta qué punto cree que su libro contribuye a cambiar esta posible ceguera histórica? 

ACHARYA S.: Desgraciadamente, las personas están muy condicionadas desde que son pequeñas, y nadie va fácilmente más allá de su condicionamiento. Creo que era Ignacio de Loyola quien dijo: “Dame un hijo antes de los siete años y será mío durante toda la vida”. Si la gente estudiara las religiones y mitos de otras culturas milenarias, entenderían con bastante facilidad que, leyendo la historia evangélica de Jesucristo, estamos viendo un “mito”. 

Mi libro LA CONSPIRACIÓN DE CRISTO parece haber tenido un impacto significativo en la parte mejor educada (alfabetizada) del mundo angloparlante. También está en español, como sabes, pero no sé cuántas personas en realidad lo han leído. A través de la primera parte de la película Zeitgeist, varios millones de personas han podido ver mi trabajo, aunque la mayoría de ellos no se dan cuenta de ese hecho, lamentablemente. A.L.: Piensa que Cristo es una mera versión de los dioses solares, así como revisiones de dioses como Horus, Attis, Krishna o Buda. Esto me plantea dudas sobre la historiografía. ¿Cómo separaremos lo histórico de lo mítico? Sócrates, que comparte ciertos paralelismos con Jesús, también podría antojarse como una figura mítica y entonces no sabríamos en qué creer de la civilización occidental. 

ACHARYA S.: Después de estudiar las religiones del mundo, los mitos y la historia en general, es muy sencillo contar qué es un hecho y qué es ficción, especialmente cuando aparecen hechos sobrenaturales y poco creíbles. Incluso si se pudiera probar que Sócrates fue una figura mítica, no habría problema, porque nadie está matando o muriendo por él, y grandes ejércitos no marcharon para asesinar en su nombre. El alma de una persona no depende de Sócrates. Cristo, por el contrario, es la fuente de muchas alteraciones de la psique humana, así que sería mejor asegurarse de que no todo es una fantasía. No logro comprender por qué hay tanto follón cuando digo que Jesús es tan mítico como Hércules. Cuando estudias en profundidad la era en la que el cristianismo fue creado y te das cuentas de cuántas deidades y héroes había alrededor del Mediterráneo, llega a parecer obvio que hubo un esfuerzo extra para crear un Dios con la finalidad de unificar el imperio romano bajo una religión estatal. En todos los elementos “cristianos” se ven desde los incontables predecesores paganos hasta los dioses y diosas de Egipto, Babilonia, Grecia y Roma. En cuanto a Sócrates, donde hay una similitud con Jesús, yo mantengo que hubo una operación para usurpar la fama de la sabiduría griega. No tengo duda de que los trabajos de su discípulo Platón fueron usados en la creación del cristianismo. Lo mismo podemos decir de Aristóteles, tal y como fue admitido por el cardenal Pietro Sforza Pallavicino (1607-1667), quien afirmó: “Si no hubiera sido por Aristóteles, la Iglesia habría necesitado muchos más concilios”. A.L.: 

George Albert Wells (Did Jesus exist?, The Jesus myth) parece una de sus influencias más importantes. También Bart Ehrman y otros están haciendo un trabajo en la búsqueda de la verdad, ¿no es cierto? ACHARYA S.: 

George A. Wells es importante porque mantuvo vivo el Jesús mítico en el mundo anglófono casi en solitario, junto a John G. Jackson, durante la era moderna. Aunque yo he leído la mayoría de sus libros y los he disfrutado, y aunque lo he citado a menudo, mi trabajo no guarda demasiada relación con el suyo. Tal y como yo lo veo, Wells se ha retractado un poco y ahora cree que en algún lugar, bajo todos esos mitos, hubo “algún individuo” que dijo algunas cosas. Esa perspectiva se conoce como “evemerismo”, y el hecho es que realmente no hay un corazón de la cebolla cuando quitas todas las capas. La mayoría de los dichos en los evangelios pueden extraerse de ideologías anteriores, textos, mitos o tradiciones. Realmente no hay nada nuevo bajo el sol. Bart Ehrman es bueno hasta donde sé, pero él no estudió la posición mítica, así que pienso que a su perspectiva en el asunto le falta una gran pieza del puzzle. A.L.: La asignatura de religión no es obligatoria en las escuelas públicas españolas. Sin embargo, hay una optativa de Catolicismo. ¿Por qué estudiamos religión como algo aparte? Creo que ya se estudia religión en historia, en historia del arte, etcétera. 

ACHARYA S.: Evidentemente, estoy fascinada por la religión y la estudio todo el tiempo… desde fuera. No me absorben creencias absurdas y deletéreas, lo cual es un peligro a la hora de enseñarla en escuelas públicas. Soy como una antropóloga que observa pero no participa. Desearía que la mayoría de los humanos en este planeta pudieran hacer lo mismo de algún modo, porque así no estarían tan emocionalmente alterados, y nunca considerarían esclavizar o asesinar a otros por los dogmas religiosos. Existen millones de personas que son esencialmente “depredadores espirituales” imponiendo a su dios opresivo y la ideología que los reviste. Son como rapaces en las colinas capturando a sus presas… una mentalidad degenerada. Tenemos que mantenernos en pie para no caer en su trampa, pero nos están rodeando con cuerdas, tal y como han hecho literalmente con millones de esclavos en África. Estados Unidos tiene su propia marca de terrorismo espiritual: mienten, engañan, roban y hacen lo que sea para imponer sus cultos religiosos al resto de nosotros. Veo a personas mintiendo que piensan que están defendiendo al Señor contra los ateos, librepensadores y otros no creyentes; mentiras increíbles, calumnias… todo en el nombre del Señor. Después de la Inquisición y las torturas, asesinatos y genocidios llevados a cabo por religiones organizadas, la mayoría de las personas teme el tipo de odio que he retratado todo el tiempo. No me afecta en el nivel del “alma” porque tengo integridad, y las mentiras no me afectan. Si tú eres verdaderamente “recto”, sin necesidad de todas esas creencias, no necesitas todo ese sinsentido. Ése ha sido el problema con las personas “iluminadas” durante siglos… ellos no aceptaban la coerción ni la corrupción del terrorismo espiritual. Si pudiéramos educar pero no adoctrinar a nuestros hijos en religión, enseñándoles a apreciar los significados ocultos detrás de todas las religiones y mitologías del mundo, más que imponiéndoles un dogma, no tengo duda de que la Tierra sería un lugar mucho mejor. Me encantaría ver los verdaderos orígenes astroteológicos detrás de las religiones que se imparten en la escuela. La educación debería prevenir el fanatismo religioso basado en la idea de presentar el mito como historia. A.L.: Cuál es su opinión del documental The god who wasn´t there? 

ACHARYA S.: Es un documental interesante, aunque uno de los miembros de la película se encargó de que yo no participara en el proyecto. En cualquier caso, otro documental es necesario. Ya me han propuesto hacer varios, aunque luego la gente se va, probablemente porque temen hablar de un tema como éste. A.L.: ¿Teme ser considerada una vulgar “pseudocientífica” por los historiadores? Los críticos han dicho usted es sólo una parte de la ola New Age. 

ACHARYA S.: Los críticos abundan y no suelen estar entre los visionarios del mundo. Las personas que han hecho comentarios despreciativos sobre el New Age no conocen mi trabajo bien. O, si así es, son mendaces o están cegados por sesgos hasta el punto de ser deshonestos. El cuerpo de mi obra habla por sí mismo. Si alguien está siendo “pseudo” aquí, son aquellos que endilgan sus cuentos de hadas a otros, y entonces cuando sus críticas no venden, le ponen el nombre “nueva era” o algo peor (créeme, he escuchado cosas peores). A.L.: ¿Ha recibido amenazas por sus escritos? Supongo que usa pseudónimo por este motivo. 

ACHARYA S.: Sí, empecé usando pseudónimo por un par de razones, una de las cuales era protección. Desde que he estado en el punto de mira, especialmente al principio, mucha gente me preguntaba si temía por mi vida, dado que me había atrevido a criticar la religión. Desde 1995, las cosas han cambiado mucho. En ese momento, me centraba en la Cristiandad, y las personas pensaron que los fanáticos cristianos eran lo suficientemente salvajes como para asesinarme. Desde luego, ahora la mayor amenaza es el Islam. La gente está siendo asesinada por hablar de ello, o arrestada, sus web están siendo bloquedas y hasta les demandan (todas las técnicas usadas para guiar al rebaño de gente y llevarlos al matadero, me temo). A.L.: Una pregunta fácil… o no tanto. ¿Cree en Dios? ¿Es atea? 

ACHARYA S.: En cuanto a si me considero atea, en mi libro EL EVANGELIO SEGÚN ACHARYA S, escribo: <<< No me describo a mí misma como atea o teísta, porque, mientras que no creo en un dios hecho por el hombre de la Biblia, el Corán/Quran o cualquier otro texto sagrado escrito por humanos, elijo realmente percibir un misterio asombroso que llena el cosmos, un inmenso poder que no sólo mueve el sol y produce vida en la Tierra, sino que también crea nubes de gas de seis billones de millas de altura para crear las estrellas >>> Hay mucho más acerca del asunto, y los lectores interesados quizás quieran conseguir mi libro. Sería muy bueno tener El evangelio según Acharya S. traducido al español. Estoy buscando un traductor, de hecho. A.L.: ¿Alguna conclusión? 

ACHARYA S.: Espero que la humanidad despierte a tiempo para expulsar sus fantasías religiosas antes de que se destruya a causa de ellas. Comprendiendo los verdaderos orígenes del pensamiento religioso, podemos disfrutarlo sin creer ciegamente en él. No estoy interesada en prohibir todo pensamiento religioso. Al contrario, creo que entendiendo sus orígenes en la astroteología y el culto a la naturaleza se tiene la llave para establecer un planeta más pacífico. Así podremos valorar la gloria de la existencia, incluyendo la creación humana, y especialmente el pensamiento profundo y la exploración religiosa.

jueves, 31 de octubre de 2013

El mito de jesus.


Jesús: realidad y mito

Por: Klaus Ziegler



Ahora parece que ni el buey ni el asno estaban presentes en el portal de Belén en el momento del nacimiento del Niño Dios. Según el Papa, los dos animales jamás hicieron parte de la escena de la natividad. Pero tratándose de un pesebre, era apenas natural que la iconografía cristiana los hubiese añadido para colmar ese vacío, explica Benedicto XVI
en su tercer libro de una trilogía dedicada a la vida de Jesús. La nimiedad de la advertencia resulta extraordinaria, y recuerda esas discusiones bizantinas acerca de la posibilidad de que el perico ligero sí hubiese podido realizar su larga travesía desde el monte Ararat hasta América en tan solo unos pocos siglos. Entrar a discutir qué clases de semovientes se encontraban en el preciso momento del nacimiento de un personaje tan difuso como Jesús, sobre el cual casi nada se conoce, resulta tan ridículo como debatir si papá Noel, a pesar de su enorme vientre, es capaz de trepar por las chimeneas sin sufrir un síncope cardíaco. Para la gran mayoría de la humanidad (no cristiana), toda esa mitología sobre la concepción mágica de Jesús, la leyenda de un ángel que conversa con una madre virgen para anunciarle que carga la simiente de un ser sobrenatural, y que narra la aparición de estrellas que brillan de súbito en el cielo para guiar a personajes míticos, no resulta menos fantasiosa que la existencia de trineos voladores tirados por renos alados. La verdad es que nadie sabe cuándo o dónde nació Jesús. Ni siquiera se ponen de acuerdo los evangelistas: según Lucas, Jesús habría nacido nueve años antes de la muerte de Herodes el Grande, mientras que Mateo fija esta fecha dos años antes de morir el tirano. Tampoco sabemos el lugar. Según los Evangelios, nació en Belén, aunque para algunos historiadores es bastante probable que ello no sea más que una invención para reafirmar su ascendencia davídica. El silencio en la historiografía de la época de Jesús es asombroso, señala Karlheinz Deschner, quizás el mayor erudito e investigador de la historia del cristianismo. Resulta pasmoso que ningún historiador de su época hablara “del más grande de los galileos”, ni en Grecia, ni en Roma ni en Palestina. Ni Petronio ni Lucano lo mencionan. Tampoco existen referencias en Plinio el Viejo, ni en Plutarco. Ni siquiera Justo de Tiberíades, contemporáneo y vecino suyo, lo nombra. Tampoco el mayor conocedor del judaísmo de su época, Filón de Alejandría, se refiere a Jesús en sus escritos. Las primeras alusiones a su figura datan del año 112 d.C., y provienen de Plinio el Joven. También hay referencias al personaje histórico que provienen de Flavio Josefo, para los apologéticos, la mayor prueba de la existencia de Jesús, fuera de las Sagradas Escrituras. Sin embargo, no son pocos los que han dudado de la autenticidad del documento flaviano. La sospecha de que podría tratarse de una falsificación cristiana del siglo III se sustenta en estudios filológicos, pues el estilo del texto no permite reconocer a Josefo. Llama la atención, por ejemplo, que un judío ateo diera testimonio de milagros, de resurrecciones y profecías. Señala además Deschner que ninguno de los antiguos padres de la Iglesia hace mención de la supuesta cita, ni Justino, ni Tertuliano ni Cipriano. Y añade otro argumento: se conoce la existencia de un manuscrito del mismo texto, que data del siglo XVII, y que perteneció al teólogo holandés Gerhard Johann Vossius, en el que no se dice ni una palabra sobre Jesucristo. Se alega que la existencia del Jesús histórico está más que demostrada. Como parte de las pruebas se cita un pasaje de los “Anales”, de Tácito, en el cual se hace alusión a un hombre crucificado por órdenes de Poncio Pilato. No obstante, muchos historiadores dudan de su autenticidad, pues resulta sospechoso que la cita aparezca por primera vez en un manuscrito del siglo XI sin que nadie mencionara nada al respecto durante diez siglos. No sobra advertir que también se ignora la fecha exacta de la crucifixión. Algunos la sitúan entre el año 26 y el 36 d.C., período en que Pilatos fue prefecto de Judea, mientras que otros, como Ireneo, obispo de Lyon, aseguran que Jesús era ya quincuagenario cuando fue crucificado. Como señala el teólogo Hans Joachim Schoeps, de los Evangelios “no es posible deducir al Jesús primigenio, tal y como realmente fue”. La figura de Cristo es una construcción mítica de sus seguidores, pues todo lo que conocemos sobre su vida y sus enseñanzas proviene de la tradición oral y de historias fragmentarias, a menudo contradictorias, escritas por primera vez entre sesenta y cien años después de su muerte. Marcos jamás escuchó a Jesús en persona, y solo escribió lo que recordaba habérsele oído a Pedro. Lo mismo es cierto para Mateo y Lucas. Y son mayoría los historiadores que ven en el cuarto evangelio un texto ahistórico, explica Deschner. ¿Quién fue en realidad Jesús? Nadie sabe a ciencia cierta. Para unos fue un profeta apocalíptico; para otros, un revolucionario y un taumaturgo. Para los cristianos, el hijo de Dios. Lo más razonable, sin embargo, es pensar que este personaje no sea más que una amalgama de realidad y ficción, una figura mítica surgida del delirio de la fe, pues como reconocen los teólogos más críticos, “nada puede comprobarse de su vida, ni de su desarrollo, ni de sus estadios”. No se conoce el original de ningún libro bíblico. Aquellos que existen son copias de copias, de otras copias. “De los originales solo perdura una selva de variantes, añadidos, supresiones…”, afirma el teólogo Hans Lietzmann. El ruido informático acumulado a través de los siglos es incalculable. De ahí que los textos neotestamentarios no tengan el más mínimo interés como documentos históricos, en opinión del teólogo y erudito en lenguas antiguas, Kendrik Grobel. Uno supondría que el Papa, un teólogo eminente, fuera capaz de ofrecer un recuento de la vida del Jesús histórico dirigido a mentes adultas, y a un nivel intelectual, digamos, al menos por encima de las disquisiciones dominicales del padre Llano. Pero aparte de repetir la misma historieta infantil, su libro no contiene otra novedad que la “sesuda” reflexión sobre la ausencia del buey y el asno en el pesebre de la fábula. Por lo demás, su libro sobre la infancia de Jesús se ajusta a la interpretación tradicional de los Evangelios, a una incluso más retrógrada, desligada, como es costumbre, de los métodos histórico-críticos que exige cualquier estudio serio sobre un personaje histórico tan complejo como Jesús. Resulta increíble que sean muchas veces los mismos creyentes los menos interesados en conocer la verdadera historia de su fe. Quizá tenga razón Nietzsche cuando afirmó que el cristianismo es el arte de repetir hasta la saciedad una mentira sagrada.

jueves, 24 de octubre de 2013

Todos cambiamos en presencia del amor

AMOR

Aunque hable todas las lenguas humanas y angélicas, si no tengo amor, soy un metal estridente o un platillo estruendoso. Aunque posea el don de la profecía y conozca los misterios todos y la ciencia entera, aunque tenga una fe como para mover montañas, si no tengo amor, no soy nada.

Todos cambiamos en presencia del amor, aun cuando el amor puede ser muy duro. No olvidemos que la respuesta del amor es siempre la que el otro necesita, porque el amor verdadero es clarividente y comprensivo. Siempre está de parte del otro. "Haced lo que os digo", dice Jesús. Pero no podremos hacerlo si antes no nos transformamos en el hombre nuevo, despierto, libre, que ya puede amar. Hay un proverbio chino que dice: 3 "Cuando el ojo no está bloqueado, el resultado es la visión. Cuando la mente no está bloqueada, el resultado es la sabiduría, y cuando el espíritu no está bloqueado, el resultado es el amor." Ser transformado en amor, eso es amar a Dios. ¿Qué mérito tendrías si saludases tan sólo a los que te saludan? ¿Y si amases tan sólo a los que te aman? Tú tienes que ser amor total, como el Padre celestial es todo amor. Cuanto más amas a los otros, más puedes hacer sin ellos. Cuanto más amas a los otros, más puedes hacer con ellos. ¡Sólo hay una necesidad! Esa necesidad es amar. Cuando alguien descubre eso, es transformado. Cuando la vida se vuelve oración... la espiritualidad se traslada a nuestros actos. Cuando sabes amar es señal de que has llegado a percibir a las personas como semejantes a ti. Nadie hay mejor ni peor que tú. El amor de verdad es un estado de sensibilidad que te capacita para abrirte a todas las personas y a la vida. Tú no puedes exigir a nadie que te quiera, pero en cuanto no seas exigente y sueltes los apegos, podrás reconocer cuántas personas te quieren así como eres, sin exigirte nada, y comenzarás a saber lo que es amor. Cuando amas de verdad a una persona, ese amor despierta el amor a tu alrededor. Te sensibiliza para amar y comienzas a descubrir belleza y amor en todo. Somos analfabetos en la expresión de sentimientos. Hasta que no veas inocentes a las personas, no sabrás amar como Jesús. El amor es: yo estoy de tu lado, no estoy en contra de ti. El amor de verdad es algo no personal, pues se ama cuando el yo programado no existe ya. El que ama, termina siempre por vivir en el mundo del amor, porque los demás no tienen más remedio que reaccionar por lo que él los impacta. Amar es como oír una sinfonía. Ser sensible a toda esa sinfonía. Significa tener un corazón sensible a todos y a todo. Dios es Padre, pero un buen padre que ama en libertad, y quiere y propicia que su hijo crezca en fuerza, sabiduría y amor. El egoísmo es exigir que el otro haga lo que tú quieras. El dejar que cada uno haga lo que quiera es amor. En el amor no puede haber exigencias ni chantajes. El amor desinteresado existe, es el único al que se puede dar el nombre de amor. Amar significa ver al otro claramente como es. El amor no es deseo, no es fijación. Apasionarse es el exacto opuesto al amor. Cada uno va buscándose a sí mismo, porque si no nos encontramos a nosotros mismos, no podremos salir

Los caminos auténticos de la vida

DAR EL CORAZÓN A LA VIDA

La polución propagandística no favorece la paz soñada, que brota, como fruto maduro, de los caminos auténticos de la vida. Nuestro mundo actual rebosa de estímulos engañosos, que golpean dolorosamente a los incautos y engañan hasta a los bien intencionados. Seduce a las personas con el espejismo de quimeras inconsistentes y de dudoso contenido. Las
desvía del centro dinámico de su interioridad y las sacia con bocados azucarados de escaso valor alimenticio. Y la persona, lejos de encontrarse con los anhelos profundos de su mundo más verdadero, se pierde en las arenas movedizas y atormentadas de su propio yo. Allí, ávidamente, goza de los dividendos fáciles de conquistas deslumbrantes, pero acaba arrastrándose y haciéndose sorda a las llamadas más íntimas que le vienen de su mundo más hondo. En vez de responder a ellas y de vivir lo que es, se contenta con la careta que le hace tan sólo parecer que es. Vive pendiente de la última moda, vagabundeando, sin una orientación personalizada, sin un compromiso engrandecedor, esclavizada por las propagandas consumistas que sólo la satisfacen por el momento, sin darle un rumbo claro y seguro. Pero nosotros somos realmente más, mucho más que esas lentejuelas con que el mundo nos reviste. Deseamos más, mucho más que esta posición social a que nos aferramos y que se nos reconoce. Somos un reino infinitamente rico y divinamente fascinante, que todavía está por conquistar. Para ello es preciso armarse de coraje y atreverse a ser grande, enfrentándose con las mentiras tentadoras que impiden el acceso a la intimidad del corazón. Y, principalmente, es preciso darle el corazón a la vida, en vez de pretender el corazón de ella. Fuimos hechos y existimos, no para aprisionar corazones, sino para liberar el nuestro. Bernard Shaw dijo, en cierta ocasión, que todos somos reyes, con la desgracia de que vivimos fuera de nuestro reino. Porque no somos dueños de nuestro corazón, no podemos dárselo a nadie. Y ésta es la más trágica de las pobrezas y la más lamentable de las desgracias.

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