lunes, 1 de julio de 2013
Descargue de forma GRATUITA el Audiolibro, Tratado De Melquisedec en MP3 Por capitulos.
Tratado de Melquisedec: Descubrir y realizar su razón de ser
Para saber lo que has venido a hacer sobre la tierra, es
preciso comenzar por formularse la pregunta.
Algunos pasan su vida de prisa, de prisa hacia delante,
sin jamás preguntarse a dónde es que van. Sufren, sin
saber por qué y, despiertan demasiado tarde ya, para
vivir su verdadera vida. Todo comienza por un sentimiento de insatisfacción con tu
presente estado. Pues, ¿por qué te tomarías la pena de desear cambiar, si
eres feliz como estas? Supongamos, no obstante, que no eres feliz y que no
tienes la menor idea del sentido que le has dado a tu
vida. Lo único que sabes, es que has perdido el
horizonte; no sabes a dónde tú, vas. No eres feliz y
quieres cambiar esto.
Tratado de melquisedec
Tratado de Melquisedec: Descubrir y realizar su razón de ser
Para saber lo que has venido a hacer sobre la tierra, es
preciso comenzar por formularse la pregunta.
Algunos pasan su vida de prisa, de prisa hacia delante,
sin jamás preguntarse a dónde es que van. Sufren, sin
saber por qué y, despiertan demasiado tarde ya, para
vivir su verdadera vida. Pues, ¿por qué te tomarías la pena de desear cambiar, si
eres feliz como estas? Supongamos, no obstante, que no eres feliz y que no
tienes la menor idea del sentido que le has dado a tu
vida. Lo único que sabes, es que has perdido el
horizonte; no sabes a dónde tú, vas. No eres feliz y
quieres cambiar esto.
- Descubre tu razón de ser. Así como hay
millones de flores o de estrellas y cada una
es diferente y única, nos sucede a los seres
humanos.
Según Melquisedec, cada vida tiene un
sentido especial y sólo con reconocer que la
tuya tiene un sentido único, valorarás más tus
cualidades y tu entorno, y de esta forma éstas
te brindarán un mayor apoyo en tu búsqueda.
Es distinto vivir la vida, a decidir darle
un sentido a ésta.
En tu corazón tienes las respuestas, y
encontrarlas requiere el coraje de decidir crecer.
-Construye tu propia visión. ¿Cómo quieres
que tu vida sea en el futuro? ¿Cómo quieres
hacer la diferencia? ¿Qué te falta aprender?
¿Qué tienes que cambiar o mejorar? ¿Qué tienes
que valorar más en ti para acercarte a ese
camino?
-Conoce los peligros del camino. No te asustes
con tus miedos, ni desánimos.
No mires hacia atrás sólo para reprocharte,
elige la compañía y los consejos adecuados así
a veces no sean los más gratos.
-Aprende a sobrepasar los obstáculos. No le
temas al fracaso ni a los errores, témele al
quedarte en ellos, el peor fracaso es no intentar.
-Mas allá del deseo: la sabiduría. El
caminante inteligente va encontrando su propia
sabiduría, no tiene que ver con la edad, ni el
tiempo ni las dificultades, sino con la verdadera
apertura de corazón.
lunes, 3 de junio de 2013
domingo, 12 de mayo de 2013
El desarrollo de la sensibilidad.
Cuando tratas con personas ciegas, empiezas a comprender que
sintonizan con unas realidades de las que no tienes ni idea. Su
sensibilidad hacia el mundo del tacto, del olfato, del gusto y del oído es
tal que a su lado, el resto de los humanos parecemos torpes y
desmañados patanes. Nos dan lástima las personas que han perdido la
vista, pero rara vez tomamos en cuenta el enriquecimiento que les
proporcionan los restantes sentidos.
Por supuesto que es una pena que
el dicho enriquecimiento se produzca al elevado precio de la ceguera, y
es perfectamente concebible que se pueda tener la misma sensibilidad
que tienen los ciegos hacia el mundo de los restantes sentidos sin
necesidad de perder la vista. lo que no es posible, ni siquiera
concebible, es que despiertes jamás al mundo del amor sin
desprenderte resueltamente de aquellas partes de tu ser psicológico
que llamamos los "apegos".
Si te niegas a hacerlo, no experimentarás el amor, la única cosa que da
sentido a la existencia humana, porque el amor es el pasaporte para el
gozo, la paz y la libertad permanentes. Hay una sola cosa que te
impide acceder a ese mundo, y esa cosa es el apego producido por el
ojo codicioso, que provoca el ansia en tu corazón, y por la mano
avarienta, que intenta aferrar, poseer y hacer suyo lo que el ojo ve, y
se niega a soltarlo. Ese ojo ha de ser extirpado, y esa mano cortada, si
se quiere que nazca el amor. Con esos muñones por manos, no podrás
apoderarte de nada más. Con esas cuencas vacías por ojos, no tardarás
en hacerte sensible a ciertas realidades cuya existencia jamás habrías
sospechado.
Ahora, por fin, ya puedes amar. Hasta ahora, todo lo que tenías era
una cierta cordialidad y benevolencia, una cierta simpatía e interés por
los demás, que erróneamente considerabas que era amor, pero que
tienen tan poco en común con el amor como la mortecina luz de una
vela con la luz del sol.
¿Qué es amar? Es ser sensible a cada porción de la realidad dentro y
fuera de ti y, al mismo tiempo, reaccionar con entusiasmo hacia dicha
realidad, unas veces para abrazarla, otras para atacarla, otras para
ignorarla, y otras para prestarle toda tu atención, pero siempre
respondiendo a ella, no por necesidad, sino por sensibilidad.
¿Y qué es un apego? Es una necesidad compulsiva que embota tu
sensibilidad, una droga que enturbia tu percepción. Por eso, mientras
tengas el más mínimo apego hacia cualquier cosa o persona, no puede
nacer el amor. Porque el amor es sensibilidad, y la sensibilidad se
destruye cuando resulta dañada, aunque sea mínimamente. Del mismo
modo que el funcionamiento defectuoso de una pieza esencial de un
sistema de radar distorsiona la percepción y falsea tu respuesta a lo
que percibes.
No existe el amor defectuoso, incompleto o parcial. El amor, como la
sensibilidad, o lo es en plenitud o, simplemente, no es. O lo tienes
íntegro o no lo tienes. Por eso, sólo cuando desaparecen los apegos
accede uno al reino ilimitado de esa libertad espiritual que llamamos
"amor" y queda libre para ver y responder. Pero no hay que confundir
esta libertad con la indiferencia de quienes jamás han conocido la fase
del apego. ¿Cómo vas a arrancarte un ojo o cortarte una mano que no
tienes? Esa indiferencia, que tantas personas confunden con el amor
(como no están apegados a nadie, piensan que aman a todo el
mundo), no es sensibilidad, sino endurecimiento de corazón originado
por un rechazo, por una desilusión o por la práctica de la renuncia.
Es preciso atravesar las procelosas aguas de los apegos si se desea
arribar a la tierra del amor. Sin embargo, hay personas que, sin haber
zarpado jamás, están convencidas de haber arribado. Pero lo cierto es
que hay que estar muy sano y ser muy perspicaz para que el bisturí
amputador pueda hacer su labor y el mundo del amor pueda brotar en
la conciencia. Y no te engañes: eso sólo se logra con violencia. Sólo los
violentos arrebatan el Reino.
¿Por qué la violencia? Porque, por sí sola, la vida jamás podría producir
amor, sino solamente conducir a la atracción, de la atracción al placer,
y más tarde al apego y la satisfacción, que finalmente conduce al
cansancio y al aburrimiento. Viene a continuación una fase neutra o "de
meseta"... Y vuelta a empezar: la atracción, el placer, el apego, la
satisfacción... Todo ello mezclado de ansiedades, celos, posesividad,
tristeza, dolor, etc., lo cual convierte el ciclo en una especie de
"montaña rusa".
Cuando se ha repetido una y otra vez el ciclo, llega un momento en
que acabas harto y quisieras poner fin a todo el proceso. Si tienes la
suerte de no topar con ninguna otra cosa o persona que atraiga tu
atención, podrás la fin obtener una paz un tanto frágil y precaria. eso
es lo más que la vida puede darte, aunque es posible que lo confundas
con la libertad y consiguientemente, acabes muriéndote sin haber
conocido jamás lo que significa ser realmente libre y amar.
No. Si deseas liberarte del ciclo y acceder al mundo del amor, deberás
atacar mientras el apego siga vivito y coleando, no una vez que lo
hayas superado. Y deberás atacar, no con el bisturí de la renuncia,
porque esa clase de mutilación no hace más que endurecer, sino con el
bisturí de la consciencia.
¿Y de qué debes ser consciente? De tres cosas: en primer lugar, debes
ver el sufrimiento que esa "droga" te está ocasionando, los altibajos,
los estremecimientos, las ansiedades, las decepciones y el aburrimiento
a que inevitablemente te conduce. en segundo lugar, debes darte
cuenta de que esa "droga" está escamoteándote algo, a saber, la
libertad de amar y disfrutar de cada minuto y cada cosa de la vida. En
tercer lugar, debes comprender que, debido a tu adicción y a tu
programación, has atribuido al objeto de tu apego una belleza y un
valor que, sencillamente, no posee: aquello de lo que estás tan
enamorado tan sólo está en tu mente, no en la cosa o persona amada.
Si logras ver esto, el bisturí de la consciencia deshará el hechizo.
Suele afirmarse que sólo cuando te sientes profundamente amado
puedes abrirte con amor a los demás. Pero eso no es cierto. Un
hombre enamorado se abre realmente al mundo, pero no con amor,
sino con euforia. Para él, el mundo adquiere un irreal color de rosa que
se desvanece en cuanto desaparece la euforia. su presunto amor no se
debe a que perciba claramente su realidad, sino a que está convencido,
acertada o equivocadamente, de que es amado por alguien; un
convencimiento peligrosamente frágil, porque se basa en la persona
por la que cree ser amado, que es voluble y tornadiza por naturaleza y
que en cualquier momento puede pulsar el interruptor y acabar con su
euforia. No es de extrañar que quienes así proceden no consigan jamás
perder su inseguridad.
(Cuando te abres al mundo por causa del amor que otra persona siente
por ti, estás radiante; pero lo que irradias no es tu percepción de la
realidad, sino el amor que has recibido de esa otra persona, la cual
controla el "interruptor", de tal manera que, cuando lo pulsa, hace que
tu brillo o irradiación, desaparezca.)
Cuando uses el bisturí de la consciencia para pasar del apego al amor,
hay algo que debes tener en cuenta: no seas severo ni impaciente ni te
detestes a ti mismo. ¿Cómo puede nacer el amor de semejantes
actitudes? Mejor será que te muestres compasivo contigo mismo y
conserves la flema conque el cirujano maneja el bisturí. Puede que
entonces descubras que eres maravillosamente capaz de amar el
objeto de tu apego y disfrutar de él aún más que antes y, al mismo
tiempo disfrutar igualmente de cualquier otra cosa o persona.
Ésta es la piedra de toque para averiguar si lo que tienes es amor.
Lejos de hacerte indiferente, ahora puedes disfrutar de todo y de todos
como antes disfrutabas del objeto de tu apego. Ahora ya no hay más
estremecimientos ni, consiguientemente, más sufrimiento ni
incertidumbre. de hecho, podría decirse que disfrutas de todo y no
disfrutas de nada, porque has hecho el gran descubrimiento de que
aquello de lo que disfrutabas con ocasión de cualesquiera cosas y
personas, es algo que está en tu propio interior. La orquesta está
dentro de ti, y la llevas consigo a donde quiera que vayas. las cosas y
las personas exteriores a ti no hacen sino determinar la melodía
concreta que la orquesta debe interpretar. Y cuando no hay nada ni
nadie que atraiga tu atención, la orquesta tocará su propia música,
porque no necesita ningún estímulo externo. Ahora llevas en tu corazón
una felicidad que nada ajeno a ti puede darte ni arrebatarte.
Y aquí radica la otra prueba del amor: eres feliz sin saber por qué.
Pero, ¿es duradero el amor? La verdad es que no hay garantía alguna
de que lo sea, porque, aún cuando el amor no puede ser parcial, sí
puede ser de duración limitada. El amor viene y se va en la medida en
que tu mente está despierta y consciente o, por el contrario, se ha
vuelto a dormir. Ahora bien, aun así, una vez que haz probado esto que
llaman "amor", sabrás que ningún precio es demasiado elevado y
ningún sacrificio demasiado grande, ni siquiera la pérdida de ambos
ojos o la amputación de una mano, cuando a cambio se puede obtener
la única cosa en el mundo por la que merece la pena vivir.
Desecha tu supuesta importancia.
¿Y qué es lo que te impide amar? Tus conceptos, tus categorías, tus
prejuicios y proyecciones, tus necesidades y apegos, los "clichés" que
tú mismo has elaborado a partir de tus propios condicionamientos y
experiencias pasadas. Ver es la más ardua tarea que un ser humano
puede emprender, porque requiere una mentalidad alerta y
disciplinada, mientras que la mayoría de la gente prefiere ceder a la
pereza mental antes que tomarse la molestia de ver a cada persona y
cada cosa de un modo siempre nuevo, con la novedad de cada
momento.
![]() |
| Añadir leyenda |
Liberarte de tus condicionamientos para poder ver es bastante difícil.
Pero el ver te exige algo aún mucho más doloroso: liberarte del control
que la sociedad ejerce sobre ti; un control cuyos tentáculos han
penetrado hasta las raíces mismas de tu ser, hasta el punto de que
liberarte de él es tanto como despedazarte.
Si quieres comprenderlo, piensa en un niño al que se le inocula el gusto
por la droga. A medida que la droga penetra en su cuerpo, el niño se
va haciendo adicto, y todo su ser demanda a gritos dicha droga. Llega
un momento en que la falta de la droga le resulta tan insoportable que
prefiere morir.
Pues bien, esto es exactamente lo que la sociedad hizo contigo cuando
eras un niño. No te estaba permitido disfrutar del sólido y nutritivo
alimento de la vida: el trabajo, la actividad y la compañía de las
personas y los placeres de los sentidos y de la mente. Se te hizo tomar
afición a unas drogas llamadas "aprobación", "aprecio", "éxito",
"prestigio", "poder"... Una vez que les tomaste el gusto, te hiciste
adicto a ellas y empezaste a temer la posibilidad de perderlas. Sentías
terror son sólo pensar en los fallos, en los errores, en las críticas. De
modo que te hiciste cobardemente dependiente de los demás y
perdiste tu libertad. Ahora tienen otros el poder de hacerte feliz o
desdichado. Y, por más que detestes el dolor que ello supone, te
encuentras totalmente desvalido. No hay un solo minuto en el que,
consciente o inconscientemente, no trates de sintonizar con las
reacciones de los demás, marchando al ritmo de sus exigencias.
Cuando te ves ignorado o desaprobado, experimentas una soledad tan
insoportable que acudes de nuevo a los demás mendigando el consuelo
de su apoyo, su aliento y sus palabras de ánimo.
Vivir con los demás
en este estado conlleva una tensión interminable; pero vivir sin ellos
acarrea el agudo dolor de la soledad. Has perdido tu capacidad de
verlos con toda claridad tal como son y de reaccionar adecuadamente
ante ellos, porque, en general, tu percepción de ellos está oscurecida
por tu necesidad de conseguir la "droga".
La aterradora e ineludible consecuencia de todo ello es que te haz
vuelto incapaz de amar a nada ni a nadie. Si deseas amar, has de
aprender a ver de nuevo. Y si deseas ver, has de renunciar a tu
"droga". Tienes que arrancar de tu ser esas raíces de la sociedad que
se te han metido hasta los tuétanos. Tienes que liberarte de ellas.
Externamente, todo seguirá como antes, y tú seguirás estando en el
mundo, pero sin ser del mundo. E internamente serás al fin libre y
estarás absolutamente solo. Es únicamente en esa soledad, en ese
absoluto aislamiento, como desaparecerán la dependencia y el deseo y
brotará la capacidad de amar, porque ya no verás a los demás como
medios de satisfacer tu adicción.
Sólo quien lo ha intentado conoce el terror de semejante proceso. Es
como si te invitaran a morir. es como pedirle al pobre drogadicto que
renuncie a la única felicidad que ha conocido y la sustituya por el sabor
del pan, la fruta, el aire limpio de la mañana y el frescor del agua del
torrente, mientras se esfuerza por hacer frente al síndrome de
abstinencia y al vacío que experimenta en su interior una vez
desaparecida la droga. para su enfebrecida mente, nada que no sea la
droga puede llenar ese vacío.
¿Puedes imaginar una vida en que te
niegues a disfrutar de una sola palabra de aprobación y de aprecio o a
contar con el apoyo de un brazo amigo; una vida en la que no
dependas emocionalmente de nadie, de manera que nadie tenga ya el
poder de hacerte feliz o desdichado; una vida en la que no necesites a
ninguna persona en particular, ni ser especial para nadie, ni considerar
a nadie como propio?
Hasta las aves del cielo tienen su nido, y los zorros guaridas, pero tú no
tendrás dónde reposar tu cabeza a lo largo de tu travesía por la vida.
Si alguna vez llegas a ese estado, al fin sabrás lo que significa ver con
una visión despejada y no enturbiada por el miedo o el deseo. Y sabrás
también lo que significa amar. Pero para llegar a esa región del amor,
deberás soportar el trance de la muerte, porque amar a las personas
supone haber muerto a la necesidad de las mismas y estar
absolutamente solo.
¿Cómo se llega ahí? A base de un incesante proceso de
concienciación... y con la infinita paciencia y compasión que deberías
tener para con un drogadicto. También te ayudará el emprender
actividades que puedas realizar con todo tu ser; actividades que de tal
manera te guste realizar que, mientras te ocupas de ellas, no signifique
nada para ti ni el éxito ni el reconocimiento ni la aprobación de los
demás. E igualmente útil te será volver a la naturaleza: despide a las
multitudes, sube al monte y comulga silenciosamente con los árboles y
las flores, con los pájaros y los animales, con el cielo, las nubes y las
estrellas. Entonces sabrás que tu corazón te ha llevado al vasto
desierto de la soledad, donde no hay a tu lado absolutamente nadie. Al
principio te parecerá insoportable, porque no estás acostumbrado a la
soledad. Pero, si consigues superar los primeros momentos, no
tardarás en comprobar cómo el desierto florece en romperá a cantar, y será primavera para siempre.
martes, 30 de abril de 2013
Audiolibro Quien puede hacer que amanezca - Antony de mello.
Descargue de forma gratuita el audiolibro:
QUIEN PUEDE HACER QUE AMANEZCA.
¿Quién puede hacer que amanezca?
Anthony de Mello
¿Existe eso que
se llama "Un minuto de sabiduría"?.
Por supuesto que existe, replicó el maestro.
Pero un minuto ¿no es demasiado breve?.
No, es cincuenta y nueve segundos demasiado largo.
Milagros
Un hombre recorrió medio mundo para
comprobar por sí mismo la extraordinaria fama de que gozaba el Maestro.
"¿Qué milagros ha realizado tu
Maestro?", le preguntó a un discípulo.
"Bueno, verás... , hay milagros y
milagros. En tu país se considera un milagro el que Dios haga la voluntad de
alguien. Entre nosotros se considera un milagro el que alguien haga la voluntad
de Dios".
Sensibilidad
¿Cómo puedo yo experimentar mi unidad
con la creación?
Escuchando, respondió el Maestro.
¿Y cómo he de escuchar?
Siendo un oído que presta atención a
la cosa más mínima que el universo nunca deja de decir.
En el momento que oigas algo que tú
mismo estás diciendo, detente.
Vigilancia
¿Hay algo que yo pueda hacer para llegar a la iluminación?
Tan poco como lo que puedes hacer para
que amanezca por las mañanas.
Entonces, ¿para qué valen los
ejercicios espirituales que tú mismo recomiendas?
Para estar seguro de que no estáis
dormidos cuando el sol comienza a salir.
Presencia
¿Dónde debo buscar la iluminación?.
Aquí.
¿Y cuándo tendrá lugar?.
Está teniendo lugar ahora mismo.
Entonces, ¿por qué no la siento?.
Porque no miras.
¿Y en que debo fijarme?.
En nada. Simplemente mira.
Mirar ¿qué?.
Cualquier cosa en la que se posen tus
ojos.
¿Y debo mirar de alguna manera
especial?.
No. Bastará con que mires normalmente.
Pero ¿es que no miro siempre
normalmente?.
No.
¿Por qué demonios...?
Porque para mirar tienes que estar
aquí, y casi siempre no lo estás.
Interioridad
El discípulo quería un sabio consejo
Ve, siéntate en tu celda, y tu celda
te enseñará la sabiduría, le dijo el Maestro
Pero si yo no tengo ninguna celda...
Si yo no soy monje...
Naturalmente que tienes una celda.
Mira dentro de ti.
https://www.box.com/s/dvc5ipy21hyrc8m7j3bb
domingo, 28 de abril de 2013
Desapegate de tus conceptos.
¿Qué es el amor? Fíjate en una rosa: ¿puede acaso decir la rosa: "Voy
a ofrecer mi fragancia a las buenas personas y negársela a las malas"?
¿O puedes tú imaginar una lámpara que niegue sus rayos a un
individuo perverso que trate de caminar por su luz? Sólo podría hacerlo
si dejara de ser una lámpara. Observa cuán necesaria e
indiscriminadamente ofrece el árbol su sombra a todos, buenos y
malos, jóvenes y viejos, altos y bajos, hombres y animales y
cualesquiera seres vivientes... incluso a quien pretende cortarlo y
echarlo abajo. Ésta es, pues, la primera cualidad del amor: su carácter
indiscriminado.
Por eso se nos exhorta a que seamos como la creación, "que hace brillar su sol sobre los buenos y los malos y llover sobre justos e injustos; sed, pues, buenos como la creacion es bueno". contempla con asombro la bondad absoluta de la rosa, de la lámpara, del árbol... , porque en ellos tienes la imagen de lo que sucede con el amor. ¿Cómo se obtiene esta calidad del amor? Todo cuanto hagas únicamente servirá para que tu amor sea forzado, artificial y, consiguientemente, falso, porque el amor no puede ser violentado ni impuesto. No hay nada que puedas hacer. Pero sí hay algo que puedes dejar de hacer. Observa el maravilloso cambio que se produce en ti cuando dejas de ver a los demás como buenos y malos, como justos y pecadores, y empiezas a verlos como inconscientes e ignorantes. Debes renunciar a tu falsa creencia de que las personas pueden pecar conscientemente. Nadie puede pecar "a consciencia". en contra de lo que erróneamente pensamos, el pecado no es fruto de la malicia, sino de la ignorancia. "Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen..." Comprender esto significa adquirir esa cualidad no discriminatoria que tanto admiramos en la rosa, en la lámpara, en el árbol... La segunda cualidad del amor es su gratuidad. Al igual que el árbol, la rosa o la lámpara, el amor da sin pedir nada a cambio. ¡Cómo despreciamos al hombre que se casa con una mujer, no por las cualidades que ésta pueda tener, sino por el dinero que aporta como dote...! De semejante hombre decimos, con toda razón, que no ama a la mujer, sino el beneficio económico que ésta le procura. Pero ¿acaso tu amor se diferencia algo de ese hombre cuando buscas compañía de quienes te resultan emocionalmente gratificantes y evitas la de quienes no lo son; o cuando te sientes positivamente inclinado hacia quienes te dan lo que deseas y responden a tus expectativas, mientras abrigas sentimientos negativos o mera indiferencia hacia quienes no son así? De nuevo, sólo necesitas hacer una cosa para adquirir esa cualidad de la gratuidad que caracteriza al amor: abrir tus ojos y mirar. el mero hecho de mirar y descubrir tu presunto amor tal como realmente es, como un camuflaje de tu egoísmo y tu codicia, es esencial para llegara adquirir esta segunda cualidad del amor. La tercera cualidad del amor es su falta absoluta de auto -consciencia, su espontaneidad. El amor disfruta de tal modo amando que no tiene la menor consciencia de sí mismo. Es lo mismo que ocurre con la lámpara que brilla sin pensar si beneficia o no a alguien, o con la rosa que difunde su fragancia simplemente porque no puede hacer otra cosa, independientemente de que haya o deje de haber alguien que disfrute de ella; o con el árbol que ofrece su sombra... La Luz, la fragancia y la sombra no se producen porque haya alguien cerca, ni desaparecen cuando no hay nadie, sino que, al igual que el amor, existen con independencia de las personas. El amor, simplemente, es, sin necesidad de ningún objeto. Y esas cosas (la luz, la sombra, la fragancia), simplemente, son, independientemente de que alguien se beneficie o no de ellas. Por tanto, no tienen consciencia de poseer mérito alguno o de hacer bien. Su mano izquierda no tiene conocimiento de lo que hace su mano derecha. "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento y te ayudamos?" Y la cuarta y última cualidad del amor es su libertad. En el momento en que entran en juego la coacción, el control o el conflicto, en ese mismo momento muere el amor. Fíjate cómo la rosa, el árbol y la lámpara te dejan completamente libre. El árbol no va a hacer el menor esfuerzo por arrastrarte hacia su sombra cuando corras el riesgo de sufrir una insolación; y la lámpara no va a ensanchar su haz de luz para que no tropieces en la oscuridad. En cambio, piensa por un momento en toda la coacción y control por parte de los demás a que tú mismo te sometes cuando, para comprar su amor y su aprobación o, simplemente, por no perderlos, tratas tan desesperadamente de responder a sus expectativas. Cada vez que te sometes a dicho control y dicha coacción, destruyes tu natural capacidad de amar, porque no puedes dejar de hacer con otros lo que permites que otros hagan contigo. Observa y comprende, pues, todo el control y la coacción que hay en tu vida, y verás cómo se reducen y empieza a brotar la libertad. En definitiva, "libertad" no es más que otra palabra para referirse al amor.
Por eso se nos exhorta a que seamos como la creación, "que hace brillar su sol sobre los buenos y los malos y llover sobre justos e injustos; sed, pues, buenos como la creacion es bueno". contempla con asombro la bondad absoluta de la rosa, de la lámpara, del árbol... , porque en ellos tienes la imagen de lo que sucede con el amor. ¿Cómo se obtiene esta calidad del amor? Todo cuanto hagas únicamente servirá para que tu amor sea forzado, artificial y, consiguientemente, falso, porque el amor no puede ser violentado ni impuesto. No hay nada que puedas hacer. Pero sí hay algo que puedes dejar de hacer. Observa el maravilloso cambio que se produce en ti cuando dejas de ver a los demás como buenos y malos, como justos y pecadores, y empiezas a verlos como inconscientes e ignorantes. Debes renunciar a tu falsa creencia de que las personas pueden pecar conscientemente. Nadie puede pecar "a consciencia". en contra de lo que erróneamente pensamos, el pecado no es fruto de la malicia, sino de la ignorancia. "Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen..." Comprender esto significa adquirir esa cualidad no discriminatoria que tanto admiramos en la rosa, en la lámpara, en el árbol... La segunda cualidad del amor es su gratuidad. Al igual que el árbol, la rosa o la lámpara, el amor da sin pedir nada a cambio. ¡Cómo despreciamos al hombre que se casa con una mujer, no por las cualidades que ésta pueda tener, sino por el dinero que aporta como dote...! De semejante hombre decimos, con toda razón, que no ama a la mujer, sino el beneficio económico que ésta le procura. Pero ¿acaso tu amor se diferencia algo de ese hombre cuando buscas compañía de quienes te resultan emocionalmente gratificantes y evitas la de quienes no lo son; o cuando te sientes positivamente inclinado hacia quienes te dan lo que deseas y responden a tus expectativas, mientras abrigas sentimientos negativos o mera indiferencia hacia quienes no son así? De nuevo, sólo necesitas hacer una cosa para adquirir esa cualidad de la gratuidad que caracteriza al amor: abrir tus ojos y mirar. el mero hecho de mirar y descubrir tu presunto amor tal como realmente es, como un camuflaje de tu egoísmo y tu codicia, es esencial para llegara adquirir esta segunda cualidad del amor. La tercera cualidad del amor es su falta absoluta de auto -consciencia, su espontaneidad. El amor disfruta de tal modo amando que no tiene la menor consciencia de sí mismo. Es lo mismo que ocurre con la lámpara que brilla sin pensar si beneficia o no a alguien, o con la rosa que difunde su fragancia simplemente porque no puede hacer otra cosa, independientemente de que haya o deje de haber alguien que disfrute de ella; o con el árbol que ofrece su sombra... La Luz, la fragancia y la sombra no se producen porque haya alguien cerca, ni desaparecen cuando no hay nadie, sino que, al igual que el amor, existen con independencia de las personas. El amor, simplemente, es, sin necesidad de ningún objeto. Y esas cosas (la luz, la sombra, la fragancia), simplemente, son, independientemente de que alguien se beneficie o no de ellas. Por tanto, no tienen consciencia de poseer mérito alguno o de hacer bien. Su mano izquierda no tiene conocimiento de lo que hace su mano derecha. "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento y te ayudamos?" Y la cuarta y última cualidad del amor es su libertad. En el momento en que entran en juego la coacción, el control o el conflicto, en ese mismo momento muere el amor. Fíjate cómo la rosa, el árbol y la lámpara te dejan completamente libre. El árbol no va a hacer el menor esfuerzo por arrastrarte hacia su sombra cuando corras el riesgo de sufrir una insolación; y la lámpara no va a ensanchar su haz de luz para que no tropieces en la oscuridad. En cambio, piensa por un momento en toda la coacción y control por parte de los demás a que tú mismo te sometes cuando, para comprar su amor y su aprobación o, simplemente, por no perderlos, tratas tan desesperadamente de responder a sus expectativas. Cada vez que te sometes a dicho control y dicha coacción, destruyes tu natural capacidad de amar, porque no puedes dejar de hacer con otros lo que permites que otros hagan contigo. Observa y comprende, pues, todo el control y la coacción que hay en tu vida, y verás cómo se reducen y empieza a brotar la libertad. En definitiva, "libertad" no es más que otra palabra para referirse al amor.
miércoles, 10 de abril de 2013
Se como un niño para entrar al reino de los cielos.
Cuando mira uno los ojos de un niño, lo primero que llama la atención es su inocencia: su deliciosa incapacidad para mentir, para refugiarse
tras de una máscara o para aparentar ser lo que no es.
En este sentido,
el niño es exactamente igual que el resto de la naturaleza. Un perro es
un perro; una rosa, una rosa; una estrella, una estrella. Todas las cosas
son, simple y llanamente, lo que son. sólo el ser humano adulto es
capaz de ser una cosa y fingir ser otra diferente. Cuando una persona
mayor castiga a un niño por decir la verdad, por revelar lo que piensa y
siente, el niño aprende a disimular y comienza a perder su inocencia. Y
no tardará en engrosar las filas de las innumerables personas que
reconocen perplejas no saber quienes son, porque, habiendo ocultado
durante tanto tiempo a los demás la verdad sobre sí mismas, acaban
ocultándosela a sí mismas.
¿Cuánto de la inocencia de tu infancia
conservas todavía? ¿Existe alguien hoy en cuya presencia puedas ser
simple y totalmente tú mismo, tan indefensamente sincero e inocente
como un niño?
Pero hay otra manera muy sutil de perder la inocencia de la infancia:
cuando el niño se contagia del deseo de ser alguien. Contempla la
multitud increíble de personas que se aferran con toda su alma, no por
llegar a ser lo que la naturaleza quiere que sean
-músicos, cocineros, mecánicos, carpinteros, jardineros, inventores... -
sino por llegar a ser "alguien"; por llegar a ser personas felices,
famosas, poderosas...; por llegar a ser algo que les suponga, no mera
y pacífica autorrealización, sino glorificación y agigantamiento de su
propia imagen. Nos hallamos, en este caso, ante personas que han
perdido su inocencia porque han escogido no ser ellas mismas, sino
destacar y darse importancia, aunque no sea más que a sus propios
ojos.
Fíjate en tu vida diaria. ¿Hay en ella un sólo pensamiento, palabra
o acción que no estén corrompidos por el deseo de ser alguien, aun
cuando sólo pretendas ser un santo desconocido para todos, menos
para ti mismo? El niño, como el animal inocente, deja en manos de su
propia naturaleza el ser simple y llanamente lo que es. Y, al igual que el
niño, también aquellos adultos que han preservado su inocencia se
abandonan al impulso de la naturaleza o al destino, sin pensar siquiera
en "ser alguien" o en impresionar a los demás; pero, a diferencia del
niño, se fían, no del instinto, sino de la continua consciencia de todo
cuanto sucede en ellos y en su entorno; una consciencia que les
protege del mal y produce el crecimiento deseado para ellos por la
naturaleza, no el ideado por sus respectivos y ambiciosos egos.
Existe además otro modo de corromper la inocencia de la infancia por
parte de los adultos, y consiste en enseñar al niño a imitar a alguien.
En el momento en que hagas del niño una copia exacta de alguien, en
ese mismo momento extingues la chispa de originalidad con que el
niño ha venido al mundo. En el momento en que optas por ser como
otra persona, por muy grande o santa que sea, en ese mismo
momento prostituyes tu propio ser. No deja de ser triste pensar en la
chispa divina de singularidad que hay en tu interior y que ha quedado
sepultada por capas y más capas de miedo. Miedo a ser ridiculizado o
rechazado si en algún momento te atreves a ser tú mismo y te niegas a
adaptar mecánicamente a la de los demás tu forma de vestir, de obrar,
de pensar... Y observa cómo es precisamente eso lo que haces:
adaptarte, no sólo porque se refiere a tus acciones y pensamientos,
sino incluso en lo que respecta a tus reacciones, emociones, actitudes,
valores... De hecho, no te atreves a evadirte de esa "prostitución" y
recuperar tu inocencia original. Ése es el precio que tienes que pagar
para conseguir el pasaporte de la aceptación por parte de tu sociedad o
de la organización en la que te mueves. Y así es como entras
irremediablemente en el mundo de la insinceridad y del control y te ves
exiliado del Reino, propio de la inocencia de la infancia.
Y una última y sutilísima forma de destruir tu inocencia consiste en
competir y compararte con los demás, con lo cual canjeas tu ingenua
sencillez por la ambición de ser tan bueno o incluso mejor que otra
persona determinada.
Fíjate bien: la razón por la que el niño es capaz
de preservar su inocencia y vivir, como el resto de la creación, en la
felicidad del Reino, es porque no ha sido absorbido por lo que
llamamos "el mundo", esa región de oscuridad habitada por adultos
que emplean sus vidas, no en vivir, sino en buscar el aplauso y la
admiración; no en ser pacíficamente ellos mismos, sino en compararse
y competir neuróticamente, afanándose por conseguir algo tan vacío
como el éxito y la fama, aun cuando esto sólo pueda obtenerse a costa
de derrotar, humillar y destruir al prójimo. Si te permitieras sentir
realmente el dolor de este verdadero infierno en la tierra, tal vez te
sublevarías interiormente y experimentarías una repugnancia tan
intensa que haría que se rompieran las cadenas de dependencia y de
engaño que se han formado en torno a tu alma, y podrías escapar al
reino de la inocencia, donde habitan los místicos y los niños.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
AVISO LEGAL: Todo el material publicado o reproducido en este sitio web tiene como único fin difundir conocimiento y valores culturales. Bajo ningún concepto persiguen fines lucrativos, prohibiéndose expresamente su copiado para uso comercial. Solo se reproduce material al que es posible acceder de manera libre, pública y gratuita en distintos blogs, webs, sitios y lugares de Internet. Si algún autor o compositor, representante legal o sus derechos habientes considera que la exposición de algún material en particular afecta sus derechos de autor, rogamos comunicárnoslo a fin de proceder a su retiro.

.jpg)




