lunes, 9 de mayo de 2011

Acerca del dolor y la muerte

HE OÍDO CONTAR que un hombre fue a visitar a un faquir musulmán, el jeque Farid, y le dijo: Hemos oído decir que cuando cortaron a Mansoor las manos y las piernas él no sintió dolor.
Es difícil de creer. Hasta una espina duele cuando nos la clavamos en el pie. ¿Cómo no va a doler que a uno le corten las manos y las piernas? Parece que todos esos relatos son unas fantasías. Se dice –añadió también el hombre- que cuando clavaron a Jesús en la cruz él no sintió ningún dolor. Y pudo decir sus últimas oraciones. ¡Es difícil de creer lo que dijo Jesús en sus últimos momentos, sangrando y desnudo, herido de espinos, con las manos clavadas!
Jesús dijo: “Perdónalos, porque no saben lo que hacen.” Debéis de haber oído esta frase. Y todas las gentes de todo el mundo que creen en Cristo la repiten continuamente. La frase es muy sencilla. Jesús dijo: “Señor, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Las personas que leen esta frase suelen entender que Jesús dice que aquellas pobres gentes no sabían que estaban matando a un hombre bueno como era él.
No: aquello no era lo que quería decir Jesús. Lo que quería decir Jesús era lo siguiente: “Estas gentes insensibles no saben que la persona a la que están matando no puede morir. Perdónalos, porque no saben lo que hacen. Hacen algo imposible: están cometiendo el acto de matar, que es imposible.”
-Es difícil creer que una persona a la que están a punto de matar manifestase tanta comprensión –dijo aquel hombre- En realidad, estaría lleno de ira.
Farid soltó una carcajada y dijo:
-Has planteado una buena pregunta, pero te responderé más tarde. Primero, hazme un pequeño favor.
Tomó un coco que estaba en el suelo cerca de él, se lo entregó y le pidió que rompiera la cáscara con cuidado de no estropear la pulpa.
Pero el coco estaba verde, y el hombre dijo:
-Perdona: no puedo hacerlo. El coco está completamente verde, y si rompo la cáscara se estropeará también la pulpa.
Farid le pidió que dejase a un lado el coco. Después le entregó otro coco, que estaba maduro, y le pidió que rompiera la cáscara.
-¿Puedes salvar la pulpa? –le preguntó.
Y el hombre respondió:
-Sí: puedo salvar la pulpa.
-Te he dado una respuesta –dijo Farid- ¿Me has comprendido?
-No he comprendido nada –respondió el hombre-. ¿Qué tiene que ver un coco con tu respuesta? ¿Qué tiene que ver el coco con mi pregunta?
-Deja también este coco –dijo Farid-. No hace falta romperlo, ni ningún otro. Lo que te estoy indicando es que hay un coco verde que tiene unidas la cáscara y la pulpa: si se golpea la cáscara, se estropea también la pulpa. Y también hay un coco maduro. ¿En qué se diferencia el coco maduro del coco verde? Hay una ligera diferencia: la pulpa del coco maduro se ha encogido en el interior y se ha separado de la cáscara: la cáscara se ha separado de la pulpa. Ahora, como tú dices, se puede romper la cáscara salvando la pulpa. ¡Así he respondido a tu pregunta!
-Sigo sin entenderlo –dijo el hombre.
-Ve, muere y comprende –dijo el faquir-; de otro modo no podrás seguir lo que estoy diciendo. Pero ni siquiera entonces serás capaz de seguir mis palabras, porque en el momento de la muerte te quedarás inconsciente. Un día se separará la cáscara de la pulpa, pero en ese momento te quedarás inconsciente. Si quieres comprender, empieza ahora a separar la pulpa de la cáscara: ahora, mientras estás vivo.
Si la cáscara (el cuerpo) y la pulpa (la conciencia) se separan en este mismo instante, se acaba la muerte. Con la creación de este distanciamiento llegaréis a saber que la cáscara y la pulpa son dos cosas independientes: que sobrevivís aunque se rompa la cáscara, que no hay posibilidad de que os disgreguéis, de que desaparezcáis. En ese estado, aunque acontezca la muerte, no podrá penetrar dentro de vosotros: acontecerá fuera de vosotros. Lo que sois vosotros sobrevivirá.
Este es el significado mismo de la meditación o samadhi: aprender a separar la cáscara de la pulpa. Se pueden separar porque son cosas independientes. Se pueden conocer por separado porque son cosas independientes. Por eso llamo yo a
la meditación una entrada voluntaria en la muerte, se encuentra con ella y llega a saber que “la muerte está allí, pero yo sigo aquí”.
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