sábado, 23 de julio de 2011

Ten cuidado con lo que escuchas en la radio y lo que ves en la televisión.

Observa muy bien lo que induces en tu mente. La gente es completa­mente inconsciente; lee de todo pero no lee nada, no para de ver la TV, cualquier cosa tonta y estúpida. Escucha la radio, no para de chismorrear, de parlotear con los demás, todo el tiempo vertiéndose basura mutuamente en sus cabezas. Basura es lo único que tienen.
Evita las situaciones en las que te cargas de basura innecesaria­mente. Ya tienes demasiada ahora mismo; lo que necesitas es librarte de ella. Y sigues acumulando más, como si fuera algo precioso. Habla menos, escucha sólo lo que sea esencial, sé telegráfico al hablar y al escuchar. Si hablas menos, si escuchas menos, poco a poco verás que una limpieza, que una sensación de pureza, como si acabaras de tomar un baño, comenzará a surgir en tu interior. Este es el suelo fértil que se precisa para que la meditación florezca. No sigas leyendo todo tipo de cosas sin sentido.
Hubo un tiempo en que vivía en una casa donde tenía un veci­no loco que estaba muy interesado en los periódicos. Venía todos los días a recoger todos mis periódicos. Si alguna vez estaba enfer­mo, o yo no me encontraba en casa, regresaba más tarde. En cierta ocasión estuve ausente durante diez días, y cuando regresé vino a recoger los periódicos. Yo le dije:
-Pero si son todos viejos, tienen más de diez días.
-¿Y qué importa? -respondió-. ¡Siempre contienen la misma basura! Solo cambian las fechas.
Debió de tratarse de un momento muy cuerdo dentro de la vida de ese loco. Sí, hay momentos de locura en la vida de la gente que es cuerda, por así decir, y viceversa. El loco estaba diciendo la ver­dad cuando dijo: «Son las mismas estupideces de siempre. ¿Qué importa? Dispongo de tiempo y tengo que mantenerme ocupado».
Le pregunté: -¡Qué has hecho durante estos diez días?
-He estado leyendo los periódicos viejos -me dijo-. Los he estado leyendo una y otra vez.
Deja que existan algunas pausas durante las cuales tu mente permanezca desocupada. Esos momentos en que la consciencia está desocupada constituyen los primeros vislumbres de la meditación, las primeras penetraciones del más allá, los primeros destellos de la no-mente. Y entonces, si es que puedes arreglártelas para hacerla, lo siguiente es elegir comida física que no incite a la agresión y a la violencia, que no envenene tu mente.
Actualmente incluso los científicos están de acuerdo con esto: que cuando matas a un animal su miedo libera todo tipo de vene­nos. Morir no es fácil. Cuando estás matando a un animal, su temor produce una gran conmoción en su interior. El animal quiere sobre­vivir; y se liberan todo tipo de venenos.
Cuando tienes miedo, también tú liberas venenos en tu cuerpo. Esos venenos te resultan útiles: te ayudan a luchar o a huir. Sucede a veces que cuando estás lleno de furia puedes hacer cosas que nunca habías imaginado que pudieras hacer. Puedes mover una roca que ordinariamente no podrías ni tambalear, pero la furia está ahí y el veneno se libera. La gente, cuando tiene miedo, puede correr tan rápidamente que incluso dejaría atrás a los campeones olímpicos.
Piensa simplemente en lo que puedes llegar a correr si te persigue alguien con un cuchillo dispuesto a matarte. Harás todo lo que pue­das, tu cuerpo funcionará a su nivel óptimo.
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