sábado, 24 de noviembre de 2012

Libres desde el principio mismo



Si podemos comprender la compulsión que hay detrás de nuestro deseo de dominar o de ser dominados, entonces quizá podremos liberarnos de los efectos mutiladores de la autoridad. Anhelamos estar seguros, tener razón, éxito, saber; y este deseo de certidumbre, de permanencia, desarrolla dentro de nosotros la autoridad de la experiencia personal, mientras que exteriormente crea la autoridad de lo social, de la familia, de la religión y demás. 

Pero el mero ignorar la autoridad, zafarse de sus símbolos exteriores, significa muy poco.
Romper con una tradición y amoldarse a otra, abandonar a este líder y seguir a aquél, no es sino un gesto superficial. Si hemos de percibir inteligentemente todo el proceso de la autoridad, si hemos de ver su naturaleza intrínseca, si hemos de comprender y trascender el deseo de certidumbre, entonces debemos tener una percepción y un discernimiento muy amplios, debemos ser libres; libres no al final, sino desde el principio.
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