lunes, 18 de julio de 2011

Cuando nace un niño

Cuando nace un niño,   ¿cómo sabe el bebé que han pasado nueve meses y que tiene que abandonar el útero?   ¿Cómo se entera?  No tiene calendario, ni reloj, ni nada por el estilo.  Pero cuando pasan nueve meses está listo para nacer.  En realidad, lucha por nacer.  Por eso la madre siente tanto dolor.  Se trata de una auténtica lucha.  Se inicia el conflicto, y la madre se contrae, temerosa del dolor que sentirá su cuerpo.  Así que se resiste.  Esa resistencia, y el niño tratando de salir del útero, crean el dolor.  Si la madre se dejase, si no ofreciese resistencia, no habría dolor.  En las sociedades primitivas nunca había dolor.  Cuanto más civilizada es una mujer, más dolor siente.  La razón es que ahora según las leyes y reglas; ahora todo se ha convertido en falso y antinatural.
          ¿Cómo sabe el niño cuándo ha llegado la hora?  ¿Cómo sabe una semilla que ha llegado el momento de brotar?  La semilla puede llegar a esperar todo el año hasta que llega el momento adecuado.  La semilla nunca va a consultar astrólogos ni quirománticos; cuando llega el momento la semilla se abre y se abandona a sí misma en la tierra.  Deja caer sus protecciones y brota.  ¿Por qué los árboles  florecen en la estación adecuada?  ¿Cómo se mueven las estrellas?  Observa el cosmos… tan misterioso, complicado y complejo.  Pero, no obstante, se mueve de manera fácil, simple y sin esfuerzo.  Está protegido por el Tao, por la naturaleza, por el espíritu de la propia naturaleza.  El hombre es un insensato porque se cree muy sabio.
          Luego el niño crece.  ¿Alguna vez te has fijado que todos los niños son hermosos?  Es muy difícil encontrar un niño feo.  Todos los niños son hermosos.  ¿De dónde proviene esa gracia?  Más tarde es difícil encontrar una persona hermosa entre cien.  Al principio las cien eran hermosas, ¿qué les pasó a las otra noventa y nueve? ¿Cómo se volvieron feas?  ¿Por qué todos los niños son hermosos?  Son hermosos a causa del movimiento; el flujo es natural.  La naturaleza es hermosa.  Si eres artificial y antinatural, entonces te vuelves feo; si actúas deliberadamente, entonces la fealdad penetra en ti.
          Un niño vive inconsciente.  Cuando tiene hambre, llora; cuando tiene sueño, duerme.  Pero le obligamos a seguir reglas y leyes.
          He oído:

          Un niño pequeño lloraba de pie fuera de su casa.  Una anciana que pasaba el preguntó:
          -¿Qué te ocurre?  ¿Por qué lloras?  ¿Qué ha pasado?
          El niño respondió:
          -Mi madre ha perdido la guía sobre cómo criar niños y ahora utiliza su propia mente.
Ahora hay guías sobre cómo criar a los niños, cómo ser madre y cómo ser padre.  Se dan todo tipo de instrucciones.  Uno se pregunta cómo nacían los niños antes de la aparición de esas guías.   ¿Cómo nos las arreglábamos para nacer antes de ellas?
Las guías ofrecen reglas específicas y particulares. Cada cuatro horas hay que dar leche al bebé.  Aunque el bebé llore, la madre deberá estar pendiente del reloj, no del niño, y de si han pasado las cuatro horas.  De esa manera destruimos la naturaleza inconsciente.  Dentro de poco el niño seguirá tu ejemplo: también él mirará el reloj y, cuando hayan pasado las cuatro horas, empezará a llorar, tanto si tiene hambre como si no.  Tiene que ir al retrete a primera hora de la mañana.  Todo eso es una auténtica molestia.  ¿Cómo se las apañará el niño para mover las tripas cuando no tenga ganas?  Y su madre permanecerá allí en pie, junto a él, con una mirada condenatoria diciéndole que lo haga, pero con orden.  Y el niño llora y grita, y no sabe cómo satisfacer a su madre: ¡está loca!  Pero el niño acabará forzándose a sí mismo.
          Los psicólogos han descubierto que el cincuenta por ciento de las neurosis de la humanidad provienen de ese entrenamiento obligado por el que pasa el niño en cuestiones intestinales.  ¡Cincuenta por ciento!  El niño empieza a forzarse porque tiene que obedecer, y se siente culpable si no puede hacerlo con puntualidad.  Y siempre que lo hace con naturalidad, y se lo hizo en la sala de estar.  ¿Y cómo va a saber el niño que la sala de estar no es el lugar apropiado?  Vive inconsciente.  No sabe lo que es el retrete ni la sala de estar.  No sabe cuándo hay invitados y cuándo no, ni cuándo puede ni cuándo no puede.  No vive según las reglas, pero obedecerá porque no tiene más remedio.  Está tan indefenso, y tú eres tan fuerte que acabarás aplastándolo por completo.
          Observa qué ocurre cuando un niño se fuerza a ir al retrete: poco a poco su cuerpo se convierte en un mecanismo artificial que tiene que ser manipulado.  Nada es natural.  Entonces, en un momento dado, se fuerza a sí  mismo para satisfacer a sus padres.  Llora cuando no tiene hambre.  No tienes más que observar un poco y verás que eso es lo que ocurre.
          Vete a cualquier casa: los niños pequeños aparecen sentados a la mesa, comiendo con lágrimas en los ojos.  Ahora mismo no tienen hambre; ellos tienen razón y su madre está equivocada.  Así es como el niño empieza a recorrer un sendero erróneo.  Luego, cuando llega el momento, acabará pidiendo la comida, ¡aunque no tenga hambre!  Cuando la tenga se controlará porque no le está permitido pedirla.  De esa forma irá perdiendo contacto con la naturaleza, y no tener contacto con la naturaleza es ser neurótico.
          Un niño se siente vivo, es activo; quiere correr y bailar.  La madre trata de obligarlo a dormir.  ¿Alguna vez se te ha ocurrido pensar que eso es pedir lo imposible?  ¿Podrías irte tú a dormir?  ¿Podría la madre ir a dormir?  ¿Qué haces si no tienes sueño?  El niño lo aparentará, cerrará los ojos y aparentará dormir, volviéndolos a abrir tan pronto como la madre desaparezca.  Eso es educarle para
aparentar y convertirlo en un hipócrita, todo por tonterías.  No se puede forzar a dormir a nadie, no hay forma de hacerlo.  ¿Por qué, si no, tanto insomnio?  ¿Por qué se necesitan tantos somníferos?  ¿Por qué la gente se pasa la noche dando vueltas en la cama?  Y esperan que un niño se ponga a dormir ordenadamente, y que se levante con el mismo orden, y en la brahmamuhurta*  debe levantarse a las cinco de la madrugada; todo ello para ser un buen niño, un santurrón; si no, será un niño malvado.
          Todos los que son naturales son malvados, y los artificiales, santurrones.  En la vida de ese ser habrá sufrimiento.  Irá de este sacerdote a ese, de este swami  al otro, de ese maestro a aquel otro, y estos le irán dando cosas que hacer –esto y lo otro-, pero nada le será de ayuda porque todo su modo de vida es erróneo, no hay que añadir porque toda la estructura es errónea.  Toda la estructura debería ser echada abajo para poder volver a empezar de nuevo.
Osho - Cuando El Calzado Es Cómodo.
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