lunes, 18 de julio de 2011

La torre del espiritu


El espíritu cuenta con una torre inexpugnable
que ningún peligro puede perturbar mientras la torre
esté vigilada por el Protector invisible que actúa
inconscientemente.
Y cuyas acciones se extravían cuando son deliberadas,
reflexivas e intencionadas.

La inconsciencia y la total sinceridad del Tao son
perturbadas por cualquier esfuerzo y demostración
autoconsciente.
Todas esas demostraciones son mentiras.

Cuando uno se presenta a sí mismo de manera tan ambiciosa,
el mundo se lanza al asalto y lo apresa.
Deja de estar protegido por la sinceridad del Tao.

Cada nuevo acto es un nuevo fracaso.
Si sus actos son públicos, a plena luz del día,
será castigado por los hombres.

Si son realizados en privado y en secreto, será
castigado por los espíritus.

Que cada uno comprenda el significado de la sinceridad
y se guarde contra la ostentación.
Así estará en paz con hombres y espíritus y actuará
acertadamente, inadvertido,
en su propia soledad, en la torre de su espíritu.


SOLO EL HOMBRE SUFRE.  El sufrimiento no existe en parte alguna excepto en el corazón del hombre.  La naturaleza es gozosa; la naturaleza siempre está festejando su existencia sin ningún miedo ni ansiedad.  La existencia prosigue existiendo, pero el hombre es un problema.  ¿Por qué?  Todo hombre es un problema.  Si solo unos pocos fuesen problemas que pudiésemos denominar enfermos, anormales, pero resulta que es al contrario: solo unos pocos no son problemas.  Rara vez existe un hombre como el Buda, Jesús o Chuang Tzu: alguien que esté como en casa, cuya vida sea un éxtasis y no sufrimiento ni ansiedad.  Pero todo el mundo vive sufriendo y en el infierno.
          El hombre se ha extraviado; no me refiero a un hombre en particular, sino a la sociedad humana como tal, desde la raíz.  Nada más nace un niño, la sociedad empieza a iniciarlo en la pauta anormal, en la pauta antinatural por la que todo el resto está sufriendo.  Los psicólogos han intentado profundizar en el misterio de ver a partir de qué momento el niño empieza a extraviarse y han dado con que es a la edad de cuatro año.  Sobre esa edad, el niño pasa a formar parte de la sociedad; alrededor de esa edad deja de ser natural.  Antes de cumplir cuatro años sigue formando parte del gran mundo de árboles, flores, aves y animales; es salvaje.  A partir de entonces se le domestica y la sociedad se hace cargo.  Entonces empieza a vivir según las normas, la moralidad, lo que es correcto y lo que no es; deja de ser una totalidad.  Todo queda dividido.  Antes de iniciar un movimiento tiene que decidir de forma deliberada cómo moverse, qué hacer y qué no hacer.  La “obligación” ha penetrado en él y esa “obligación” es la enfermedad.  Ha  llegado la discriminación.  Ahora el niño ya no forma parte de lo divino, deja de estar en gracia.
          Intenta comprenderlo: ese es el significado de la historia bíblica de la pérdida de la inocencia de Adán.  Antes de comer del árbol del conocimiento era natural, vivía en el Jardín del Edén.  Ese Jardín del Edén está aquí; esos árboles siguen viviendo en su interior; esos animales continúan formando parte de él; el sol, la luna y las estrellas siguen recorriendo su firmamento.
          El Jardín del Edén es aquí y ahora, pero tú estás fuera.  ¿Por qué fue expulsado Adán?  Porque comió del fruto del conocimiento.  Y a los cuatro años todos los Adanes y las Evas vuelven a ser expulsados.
          No es algo que haya sucedido en el pasado; tiene lugar cada vez que nace un niño: Adán nace a la vida, Eva nace a la vida.  Hasta los cuatro años no hay conocimiento.  A los cuatro años el niño empieza a comprender qué es cada cosa.  Entonces se extravía, pierde el camino, y deja de ser natural, perdiendo la espontaneidad.  A partir de ahora vivirá según las reglas.
Una vez que se comienza a vivir según las reglas se empieza a sufrir.  Sufrirás porque no puedes amar de manera espontánea, no puedes disfrutar, no puedes bailar, no puedes cantar.  Una vez que empiezas a vivir según las reglas hay que moverse de una manera determinada, y la vida nunca es de una manera determinada.  Es un fluido, es un líquido, un flujo flexible, y nadie sabe adónde se dirige.  Una vez que empiezas a vivir según las reglas empiezas a saber adónde vas.  Pero en lo más profundo el movimiento se ha detenido.  Ahora simplemente vegetas, te mueres porque estás preso.  Esa reclusión  es muy sutil, y a menos que estés totalmente alerta no serás capaz de verla.  Es como si llevases puesta una armadura invisible.
          Uno de los pensadores más grandes y revolucionarios de nuestra era, Wilhelm Reich, fue a dar con esta armadura.  Pero la sociedad consiguió demostrar que  estaba loco y fue encarcelado.  Murió en prisión muy angustiado.  La angustia era a causa de lo siguiente: todo lo que dijo era cierto, pero nadie estaba preparado para escucharlo.  Encontró lo mismo de lo que habla Chuang Tzu en este sutra: la reclusión.  Wilhelm Reich descubrió que toda enfermedad mental cuenta con un desarrollo corporal, un paralelismo en el cuerpo; algo que se ha muerto en el cuerpo, que se ha tornado sólido.  Y a menos que esa zona del cuerpo se relaje, que el bloqueo se disperse y que la energía corporal vuelva a ser un flujo, será imposible liberar el espíritu.  Hay que romper con la reclusión; hay que deshacerse de la armadura.
          Por ejemplo, fíjate en cómo se le van prohibiendo cosas al niño desde que tiene dos años.  No se le permite jugar con sus órganos genitales: “No te toques el pene, no te toques la vagina”.  En realidad se trata del disfrute natural de jugar con el propio cuerpo.  Se trata de un éxtasis, de un éxtasis natural.
          Observa a una criatura, niño o niña, disfrutando de su propio cuerpo, chupándose el pulgar, jugando con su cuerpo, y verás lo que es el éxtasis.  Todo su cuerpo se ve agitado por temblores de éxtasis.  Incluso podrás ver cómo le recorren el cuerpo oleadas de placer: la criatura está extasiada.  Pero a nosotros eso nos parece un desatino.  Y como  hemos olvidado cómo ser salvajes y naturales, queremos que el niño también deje de serlo.
          Queremos detenerlo por dos razones: una es que en lo más profundo de nosotros mismos nos sentimos celosos.  La segunda razón es que a nosotros también nos pararon en nuestra infancia, y la mente humana es un mecanismo repetitivo.  Cualquier cosa que nos hayan hechos nuestros padres, tendemos a repetirla con nuestros hijos.  Nos sentimos culpables.  Algo es incorrecto.  El niño es feliz y a nosotros nos parece que algo está mal.  Recuerda, cuando un niño sea feliz no tiene que ser asociado con algo erróneo, ya que la felicidad profunda se convertirá en algo incorrecto.
          Eso es justamente lo que ocurre.  Siempre que te sientes feliz te sientes culpable, y siempre que te sientes triste te sientes feliz.  ¡Qué tontería!  “Estoy haciendo algo equivocado”.  Siempre que estás triste todo va bien, así es como debe ser.  Eso se debe a que siempre que un niño se siente feliz, de inmediato aparece la sociedad diciendo que no puede ser.  El niño carece de la concepción de lo que es erróneo o correcto; no tiene moralidad.  Un niño es amoral.  Solo conoce la felicidad o la infelicidad: es salvaje.  Y cuando le dices que se detenga, ¿qué es lo que hace?  Oleadas de felicidad recorrían todo su cuerpo, de la cabeza a la punta de los pies; del primer centro del sexo, al séptimo centro de sahasrar: la kundalini estaba despierta.
          Todo niño llega a este mundo con su kundalini funcionando.  Pero le decimos que pare, ¿qué puede hacer el niño?  Puede aguantar la respiración.  Siempre que hay que parar algo, hay que dejar de respirar.  No respirará y meterá el estómago, porque esa es la única manera de parar esas oleadas.  Su diafragma se endurecerá.  Una y otra vez meterá el estómago y no se permitirá       respirar hondo.  Su diafragma se convertirá en una armadura.  La respiración no conseguirá atravesar ese bloqueo.  Si la respiración es honda, alcanza el centro sexual, y cuando llega ahí, te sientes naturalmente feliz en todo el cuerpo; las oleadas empiezan a recorrer el cuerpo, la energía fluye.  Por eso nadie respira con profundidad.
          Cuando le digo a la gente que respire de manera caótica, me dicen que es muy peligroso.  Se asustan.  ¿Por qué todo ese miedo?  Es miedo a que si respiran de manera caótica volverán a ser salvajes.  La armadura se resquebrajará y la respiración volverá a alcanzar el centro sexual.  Así es como te reprime la sociedad: crea una fisura entre el centro sexual y la respiración.  Si la respiración no llega al centro sexual, entonces se bloquean todas las fuentes de felicidad.  El estómago se convierte en una piedra.  No permite que nada descienda y el cuerpo queda dividido en dos.  Nunca te identificas con la parte inferior del cuerpo.  Para ti, la parte inferior es realmente inferior.  Ha entrado en juego la valoración.  Superior significa elevado, algo bueno; inferior quiere decir algo malo.  Nunca te identificas por la parte inferior de tu cuerpo, es algo malo: el demonio está ahí.
          Adán es expulsado, y todo Adán y toda Eva son expulsados del paraíso.  ¿Por qué?  Porque han comido del fruto del conocimiento, y ese fruto es de lo más venenoso.  Si quieres desechar toda discriminación –la división intencional deliberada-, tienes que desechar el conocimiento; tendrás que volver a ser niño.  Solo entonces se resquebrajará la armadura, porque esa armadura es tu ego.  Te sientes bien con ella porque eres moral; sientes que eres superior a los demás a causa de tu moral.
          Si rompes esta armadura, tendrá lugar el caos.  Primero tienes que enloquecer, luego aparecerá el miedo; si estás asustado, volverás a suprimirlo todo, volverás a colocarte la armadura, incluso más fuerte que antes.  Tu reclusión es muy sutil, y ahora te da miedo salir de ella.  Te da la impresión de que te protege.  
Osho - Cuando El Calzado Es Cómodo.
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