domingo, 17 de julio de 2011

Quien es CHUANG TZU

CHUANG TZU es una de las flores más raras, incluso más que el Buda  y Jesús, porque estos insistieron en el esfuerzo y Chiang Tzu lo hizo en la ausencia de esfuerzo.  Mediante el esfuerzo se puede hacer mucho, pero todavía es más lo que puede hacerse a través de la ausencia de esfuerzo.  Mediante la voluntad se puede conseguir mucho, pero todavía es más lo que puede lograrse a través de la ausencia de voluntad.
Y sea lo que fuere lo que se logra mediante la voluntad, siempre será una carga, siempre será un conflicto, una tensión interna, y podrás llegar a perderlo en cualquier momento.  Hay que mantenerlo y ocuparse de ello continuamente, y para eso hace falta energía, y por ello, el  mantenerlo te disipa.
Sólo aquello que se obtiene a través de la ausencia de esfuerzo no representará nunca una carga, y solo aquello que no es una carga puede ser eterno.  Solo aquello que no es antinatural puede permanecer contigo para siempre.
Chuang  Tzu dice que lo real, lo divino, lo existencia, hay que alcanzarlo perdiéndose completamente en ello.  Incluso el esfuerzo de alcanzarlo se convierte en una barrera, por lo tanto no puedes abandonarte a ello.  El esfuerzo por abandonarte también se convierte en una barrera.
¿Cómo es posible hacer un esfuerzo para abandonarse?  Todo esfuerzo nace del ego, y el ego se refuerza a través del esfuerzo.  El ego es la enfermedad.  Así que hay que abandonar todo esfuerzo por completo, no hay nada que hacer; hay que abandonarse por completo a lo existencial.  Uno tiene que convertirse de nuevo en un niño pequeño, en un recién nacido, sin saber lo que es correcto ni equivocado, sin saber de distinciones.  Una vez que aparecen las distinciones, una vez que se sabe esto es correcto y eso es erróneo, ya estás enfermo, y cada vez te alejas más de la realidad.
Un niño vive de manera natural: es total.  No hace ningún esfuerzo, porque realizar un esfuerzo significa luchar contra uno mismo.  Una parte de ti está a favor y otra parte en contra, de ahí proviene el esfuerzo.
En este mundo se puede conseguir mucho a través del esfuerzo porque el esfuerzo es agresión, el esfuerzo es violencia, el esfuerzo es competición.  Pero en el otro mundo no se puede lograr nada a través del esfuerzo, y quienes empiezan mediante el esfuerzo acaban también por dejarlo.
El Buda se esforzó durante seis años, meditando continuamente, y concentrándose se convirtió en un asceta.  Hizo todo lo que un ser humano podía hacer, no dejó una piedra sin remover, ni un palmo de su ser sin examinar.  Pero se trataba de un esfuerzo, el ego estaba presente; fracasó.
Nada fracasa tanto como el ego en lo esencial; nada triunfa tanto como el ego en este mundo.  En el mundo de la materia nada triunfa tanto como el ego; en el mundo de la conciencia nada fracasa tanto como el ego.  Es justo lo opuesto, y tiene que ser así porque la dimensión es justo la opuesta.
El Buda fracasó de manera absoluta.  Al cabo de seis años estaba totalmente frustrado,  y cuando digo totalmente, quiero decir completamente.  No le quedaba ni un pequeño fragmento de esperanza; se desesperanzó.  Y en esa desesperanza abandonó todo esfuerzo.  Ya había abandonado el mundo, ya había abandonado su reino; todo eso pertenece al mundo visible que había  abandonado, al que había  renunciado.
Y ahora, al cabo de seis años de un esfuerzo agotador, también abandonaba todo lo que pertenece al otro mundo.  Se hallaba en un vacío completo: vacío.  Esa noche su sueño fue de una naturaleza diferente porque no había ego; surgió un silencio de una naturaleza diferente porque no había esfuerzo; esa noche tuvo lugar en él una naturaleza de ser diferente porque no había ensoñación.
Si no hay esfuerzo, no hay nada incompleto, por lo tanto no hay necesidad de soñar: un sueño siempre es completar algo: algo que ha quedado incompleto durante el día será completado en un sueño porque la mente tiene una tendencia a completarlo todo.  Si no se completa, entonces la mente se sentirá incómoda.  Se pone esfuerzo en muchas cosas y, si quedan incompletas es necesario soñar.  Cuando existe el deseo también existe el sueño, porque desear es soñar, soñar es solamente una sombra de desear.
Esa noche, en la que no había nada que hacer –ese mundo ya era fútil, y ahora el otro también se convirtió en fútil-, había cesado todo motivo para iniciar un movimiento.  No había ningún sitio al que ir, ni nadie que tuviese que ir a parte alguna.  Esa noche el sueño se convirtió en samadhi, en satori; se convirtió en lo esencial que puede sucederle a un hombre.  El Buda floreció esa noche y por la mañana estaba iluminado.  Abrió los ojos, miró al lucero del alba en el cielo, y allí estaba todo.  Siempre había estado allí, pero lo había deseado tanto que no lo había podido ver.  Siempre estuvo allí, pero se movió tanto hacia el futuro impelido por el deseo que no pudo ver el aquí y ahora.
Esa noche no hubo deseo, ni objetivo, ni ningún lugar al que ir, no nadie que debiese ir; cesó todo esfuerzo.  De repente se hizo consciente de sí mismo, de repente se hizo consciente de la realidad tal cual es.
Chuang Tzu dice desde el principio: No hagas ningún esfuerzo.  Y tiene razón, porque nunca conseguirás realizar un esfuerzo tan total como el del Buda.  Nunca llegarás a estar tan frustrado como para que el esfuerzo se desplome por sí mismo; siempre será incompleto.  Y tu mente siempre podrá ir diciendo: “Un poco más y sucederá algo, solo un poco más…  El objetivo está cerca, ¿por qué te desanimas?  Solo hace falta un poco más de esfuerzo, porque el objetivo está cada día más cerca”.
Como nunca llegarás a realizar un esfuerzo tan absoluto, nunca llegarás a desesperanzarte por completo.  Y podrás continuar realizando ese esfuerzo poco entusiasta durante muchas más vidas, que es lo mismo que has estado haciendo en el pasado.  No es la primera vez que apareces ante mí.  Esta no es la primera vez que haces un cierto esfuerzo para realizar la verdad, lo real.  Lo habéis hecho ya muchísimas veces, más de un millón de veces en el pasado, pero seguís esperanzados.
Chuang Tzu dice: Es mejor soltar el esfuerzo desde el principio.  Tiene que soltarse; o lo sueltas desde el principio o deberás soltarlo al final.  ¡Pero el final puede que no esté cercano!  Así que existen dos opciones: o hacer el esfuerzo total, tan total que acabe con toda esperanza y llegues a realizar que no hay nada que alcanzar mediante el esfuerzo, de manera que en el inconsciente no quede ni el mínimo fragmento que pueda susurrar: “Haz un poco más y lo lograrás”.
O haces un esfuerzo total y este acaba cayendo por sí mismo, o no hagas ningún esfuerzo.  Compréndelo.  No tienes ni que acercarte a ello.
Recuerda una cosa: no podrás salirte si es incompleto; una vez  entrado hay que completarlo.  Ya que la mente cuenta con una tendencia a finalizarlo  todo; no solo la mente humana, también la mente animal.  Si dibujamos un semicírculo, incompleto, y llega un gorila y lo ve y encuentra por allí un pedazo de tiza, lo completará de inmediato.
Por ello, la tendencia de la mente a completar todo lo que está incompleto ocasiona tensión.  Si querías llorar y no has podido, habrá tensión.  Por eso te has convertido en una larga enfermedad; todo está incompleto.  Nunca te has reído totalmente, nunca has llorado totalmente, nunca te has enfurecido totalmente, nunca has odiado totalmente, nunca has  amado totalmente.  No se ha hecho nada totalmente, y siempre tienes muchas cosas en la cabeza.  Nada es total.  Todo persiste, y siempre tienes muchas cosas en la cabeza.  Por eso enfermas con tanta facilidad; nunca te sientes en casa.
Chuang Tzu dice: Es mejor no empezar, porque una vez que se empieza hay que completarlo.  Compréndelo y deja de moverte en un círculo vicioso.  Por eso he dicho que Chuang Tzu era una flor rara, más rara que un Buda o un Jesús, porque él lo logró simplemente comprendiéndolo.
Para Chuang Tzu no hay ningún método, ninguna meditación.  Lo que él dice
es: sólo tienes que comprenderlo.  Has nacido.  ¿Qué esfuerzo realizaste para nacer?  Creciste.  ¿Qué esfuerzo realizaste para crecer?  Respiras.  ¿Qué esfuerzo realizas para respirar?  Todo se mueve por sí mismo, entonces, ¿para qué preocuparse?  Que la vida fluya por sí misma y entonces estarás en un continuo soltar.  No luches y no trates de ir contracorriente, ni siquiera intentes nadar; solo tienes que fluir con la corriente y dejar que esta te lleve allí donde se dirija.  Sé una nube blanca moviéndose en el cielo… sin objetivo, sin ir a ninguna parte, solo flotando.  Este flotar es la flotación esencial.
Así que lo primero para comprender a Chuang Tzu antes de que entremos en sus sutras es: sé natural.  Hay que evitar todo lo antinatural.  No hagas nada que sea antinatural.  La naturaleza es suficiente, no puedes mejorarla, pero el ego dice: no, sí que puedes mejorar la naturaleza; esa es la razón de la existencia de la cultura.  Cualquier esfuerzo por mejorar la naturaleza es cultura, y toda la cultura es como una enfermedad; cuando más culturizado está un hombre, más peligroso es.
He oído que un cazador, un cazador europeo, se perdió en una selva de África.  De repente encontró unas pocas cabañas.  Nunca había oído que allí, en aquella densa jungla, existiese ningún poblado; no aparecía en ningún mapa.  Así que se acercó al jefe del poblado, y le dijo: “Es una pena que estén perdidos para la civilización”.
El jefe le contestó: “No, no es una pena.  Siempre tememos que nos descubran; una vez que llegue la civilización estaremos perdidos”.
La naturaleza se pierde cuando se hace el esfuerzo de mejorarla; eso significa que se está tratando de mejorar la obra de Dios.  Eso es lo que intentan todas las religiones: mejorar la obra de Dios.  Chuang Tzu no está a favor de eso.  Él dice que la naturaleza es esencial y no puede mejorarse.  Si tratas de mejorarla, la fastidias; así es como lisiamos a todos los niños.
Todos los niños nacen en el Tao, después los lisiamos con la sociedad, la civilización, la cultura, la moralidad, la religión… Los lisiamos por todas partes.  Luego viven, pero no están vivos.
Osho - Cuando El Calzado Es Cómodo.


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