jueves, 8 de septiembre de 2011

El ruido


La vida es ruidosa y el mundo está demasiado abarrotado. Pero luchar con el ruido no es el modo de deshacerse de él; para conseguir esto hay que aceptarlo totalmente.
  
 Cuanto más luchas, más nervioso estaras, porque la lucha más te perturbará. Abrío, aceptalo; este ruido también es parte de la vida. Y en cuanto empieces a aceptarlo, te sorprenderas: ya no te perturbará. La perturbación no procede del ruido, sino de nuestra actitud hacia el ruido. El ruido no es la perturbación; esta es la actitud. Si te muestras antagónico, te perturbas; si no eres antagónico, no te perturbas.
¿Y adónde iras? Allí donde vayas sin duda habrá algún tipo de ruido; el mundo entero es ruidoso. Aunque puedes encontrar una cueva en el Himalaya y te sientes en ella, echaras de menos el ruido. Allí no lo ten­dras, pero tampoco tendras las posibilidades de crecimiento que te pre­senta la vida, y no pasará mucho hasta que ese silencio parezca aburrido y muerto.
No digo que no disfrutes del silencio. Te insto a disfrutar de él; pero el silencio no está contra el ruido. El silencio puede existir en el ruido. De hecho, solo cuando existe en el ruido es un silencio real. El silencio que sientes en el Himalaya o en los Alpes no es tuyo; pertenece al Himalaya. Pero si en la plaza del mercado puedes sentir silencio, puedes estar absolutamente cómodos y relajados, es tuyo. Entonces tienes un Himalaya en el corazón, ¡y eso es lo verdadero!



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