viernes, 7 de septiembre de 2012

La complejidad del temor.


El temor es un problema complejo y tenemos que investigarlo; no venir con ninguna clase de ideas preconcebidas, sino profundizar realmente en toda esta cuestión del temor. En primer lugar, al investigar el problema no estamos tratando de encararlo como temor colectivo, ni como una discusión de terapia grupal destinada a librarnos del temor. Vamos a averiguar qué significa el temor y cuáles son su estructura y su naturaleza; si el temor puede ser comprendido bien a fondo en la misma raíz de nuestro ser, y si la mente puede alguna vez estar libre de temor.

¿Cómo enfocan ustedes este problema? ¿Han experimentado alguna clase de miedo, físico o psicológico? Si tienen miedos psicológicos ‑volveremos a los físicos un poco más tarde‑ ¿cómo los encaran?
Supongamos que yo tengo miedo de que perderé mi posición, mi prestigio; dependo de un auditorio, de ustedes, del apoyo que me brindan, dependo de la vitalidad que recibo de ustedes al hablarles. A medida que envejezco, tengo miedo de que pueda volverme senil. Estaré enfrentado con la nada, y eso me produce temor. ¿Qué es este temor? O bien, temo depender de usted ‑un hombre o una mujer‑ y esa dependencia me ata a usted; entonces temo perderlo. O tengo miedo porque he hecho algo en el pasado que me remuerde o me avergüenza, y yo no quiero que usted lo sepa; por lo tanto, temo que usted se entere de eso y me siento culpable. O estoy terriblemente angustiado con respecto a la muerte, al vivir, a lo que dice o no dice la gente, al modo en que me miran. Tengo una profunda sensación de presagio, de angustia, un sentimiento de inferioridad. Y en esta angustia acerca de la muerte, viviendo una vida que carece de sentido, busco seguridad en alguien por medio de la relación humana. O por causa de mi angustia busco un sentimiento de seguridad en alguna creencia, en alguna ideología, en Dios, etcétera.
También tengo miedo de que no podré hacer todo lo que quiero hacer en esta vida. No poseo la capacidad ni la inteligencia, pero soy tremendamente ambicioso para lograr algo: de modo que también eso me atemoriza. Y, por supuesto, temo a la muerte; y tengo miedo de estar solo, de no ser amado; por eso quiero establecer con alguien una relación en la que no existan este temor, esta angustia, esta sensación de aislamiento, esta separación. También tengo miedo de la oscuridad, del ascensor ‑¡innumerables temores neuróticos!
¿Qué es este temor? ¿Por qué están ustedes atemorizados, por qué lo está todo el mundo? ¿Se basa ello en que no queremos ser lastimados? ¿O es que uno desea completa seguridad! y no pudiendo encontrarla ‑este sentimiento de estar por completo a salvo, protegido física, emocional y psicológicamente- uno se vuelve terriblemente ansioso con respecto al vivir? Existe, pues, este sentimiento de incertidumbre. Ahora bien, ¿por qué hay temor?
El temor es uno de nuestros mayores problemas; tanto si somos conscientes de él o no, si tratamos de eludirlo o de dominarlo, de resistirlo, de desplegar valor, etc., el temor persiste. Yo me pregunto, les pregunto a ustedes, si la mente es tan delicada, tan sensible, que desde la infancia ella procura no ser lastimada. Y al no querer que se nos lastime, construimos un muro. Uno es muy tímido, o agresivo; antes de que usted me ataque, yo estoy listo para agredirlo con el pensamiento o con la palabra. He sufrido tanto daño en mi vida, todos me han lastimado, han herido mis sentimientos, y no quiero que me lastimen más. ¿Es ésa una de las razones por las que existe el temor?
Ustedes han sido lastimados, ¿no es cierto? Y por causa de esa herida hacen toda clase de cosas. Ofrecemos enorme resistencia, no queremos que se nos perturbe; y debido a ese sentimiento nos aferramos a algo con la esperanza de que eso nos protegerá. Por consiguiente, nos volvemos agresivos hacia todo cuanto pueda significar un ataque contra aquello a lo que estamos aferrados en procura de protección.
Como un ser humano que está aquí con ustedes queriendo resolver este problema del temor, les pregunto: ¿qué es lo que temen? ¿Se trata de miedo físico, miedo al dolor físico? ¿O es un temor psicológico al peligro, a la incertidumbre, a ser nuevamente lastimados? ¿O es el temor de no poder encontrar total y absoluta seguridad? ¿Es el miedo de ser dominados? ‑y aun así estamos dominados-. ¿Qué es, entonces, lo que temen ustedes? ¿Son conscientes de su temor?

Interlocutor: Yo temo a lo desconocido.

KRISHNAMURTI: Ahora escuche esta pregunta: ¿por qué habría uno de temer a lo desconocido, cuando no sabe nada acerca de ello? Por favor, investíguelo.

Interlocutor: Yo tengo una imagen de lo que me ha sucedido, y existe el temor de que ello podría sucederme otra vez.

KRISHNAMURTI: ¿Pero es eso temor a lo desconocido? ¿O es el temor a desprenderme de lo conocido? ¿Comprende? Temor a desprenderme de las cosas que he acumulado ‑mi propiedad, mi esposa, mi nombre, mis libros, mis muebles, mi buena apariencia, mis capacidades- desprenderme de las cosas que conozco, que he experimentado; ¿es de eso que tengo miedo? ¿O es el temor al futuro, a lo desconocido?

Interlocutor: Yo encuentro que generalmente temo a lo que va a ocurrir, no a lo que está ocurriendo.

KRISHNAMURTI: ¿Investigaremos eso?

Interlocutor: No es que uno tenga miedo de lo que podría ocurrir mañana, sino de perder hoy sus satisfacciones, sus gratificaciones.

KRISHNAMURTI: Vea, el caballero planteó una cuestión que era: «yo no temo al ayer o al hoy, sino a lo que podría suceder mañana, en el futuro». Mañana puede significar veinticuatro horas después o un año, pero yo tengo miedo de eso.

Interlocutor: Pero el futuro es la resultante de todas las expectativas que uno tiene a causa del pasado.

KRISHNAMURTI: Yo temo al futuro, ¿cómo he de habérmelas con esto? No me lo explique, quiero averiguar qué puedo hacer con este temor. Temo a lo que podría suceder: podría enfermarme, podría perder mi empleo, docenas de cosas podrían ocurrirme, puedo enloquecer, puedo perder todo cuanto he estado acumulando. Ahora, por favor, indague.

Interlocutor: Pienso que tal vez no sea al futuro que tememos, sino más bien a la incertidumbre del futuro, a los nuevos acontecimientos que no podemos predecir. Si el futuro fuera predecible no habría temor, podríamos conocer lo que irá a ocurrir. El temor es una especie de defensa del cuerpo contra algo completamente nuevo, contra toda la incertidumbre que es el vivir.

KRISHNAMURTI: «Tengo miedo del futuro porque el futuro es incierto». Yo no sé cómo afrontar esta incertidumbre con todo mi ser y, por lo tanto, tengo miedo. El miedo es una indicación de esta incertidumbre con respecto al futuro, ¿no es así?

Interlocutor: Eso es sólo una parte. Existen también otros temores.

KRISHNAMURTI: Señor, estamos tomando un temor; más tarde discutiremos las diversas formas de temores. El caballero dice: «yo no le tengo realmente miedo a nada excepto al futuro. El futuro es muy incierto, no sé cómo afrontarlo. Carezco de la capacidad para comprender no sólo el presente sino también el futuro». Existe pues, esta sensación de incertidumbre que indica temor. Cualquiera sea la explicación, el hecho es que temo al mañana. Ahora bien, ¿cómo habré de entenderme con eso? ¿Cómo estaré libre de ese temor?

Interlocutor: Considerando cómo respondemos a la incertidumbre del futuro, nuestra respuesta parecería ser inadecuada.

KRISHNAMURTI: Yo temo al mañana, a lo que podría suceder. Todo el futuro es incierto, podría haber una guerra atómica, podría haber una era glacial; tengo miedo de todo eso. ¿Cómo he de afrontarlo? ¡Ayúdeme, no teorice sobre ello, no me dé explicaciones!

Interlocutor: ¿Es necesario que la incertidumbre engendre temor?

Interlocutor: Estamos atemorizados porque fingimos, representamos papeles, y tenemos miedo de ser descubiertos.

KRISHNAMURTI: ¡Pero usted no me está ayudando! ¿No le teme al futuro, señor? Aténgase a esto.

Interlocutor: Sí, tal vez.

KRISHNAMURTI: Entonces, ¿cómo va a afrontar eso?

Interlocutor: Viviendo en el presente.

KRISHNAMURTI: Yo no sé lo que eso significa.

Interlocutor: Para mí ha sido provechoso darme cuenta de que he tenido miedo en el pasado y por que lo he tenido, y someter eso a examen. Esto me ayuda a afrontar el futuro.

Interlocutor: Ante todo tenemos que comprender qué entendemos por futuro.

KRISHNAMURTI: Eso es lo que intento averiguar.

Interlocutor: La primera cosa que tenemos que hacer es no tener miedo de estar atemorizados.

KRISHNAMURTI: ¡Oh, eso es un cliché, eso no me ayuda!

Interlocutor: Uno debe darse cuenta de que nadie puede ayudarlo: el temor está siempre ahí. Uno ha de comprender que el temor va a ser un compañero en su vida.

KRISHNAMURTI: Señor, usted no me ha alimentado. Me ha dado una gran cantidad de palabras, de cenizas. Yo aún estoy temeroso del mañana.

Interlocutor: Ese es, precisamente el problema. Usted no puede ayudar a nadie.

Interlocutor: ¿No puede uno esperar el mañana dejando que las cosas vengan, y ver qué sucede?

Interlocutor: Yo conozco la necesidad de seguridad física, pero quiero comprender por qué necesito seguridad psicológica.

KRISHNAMURTI: Él quiere decir eso, señor. Probablemente tiene cierta seguridad en lo físico, pero psicológicamente lo atemoriza el mañana. Ha conseguido tener una pequeña cuenta bancaria, una casita y esas cosas, y no siente temor al respecto; teme a lo que podría suceder en el futuro.

Interlocutor: ¿Es posible que uno viva con su incertidumbre?

Interlocutor: Si supiéramos lo que va a ocurrir, no tendríamos miedo.

Interlocutor: Mientras estoy sentado aquí no tengo miedo, pero me atemorizo cuando pienso en el mañana.

KRISHNAMURTI: El pensamiento lo hace.

Interlocutor: El pensamiento lo hace. Cuando tenemos miedo ahora, eso es un hecho. Si aceptamos el hecho y si vivimos por completo en el presente, olvidamos el futuro.

KRISHNAMURTI: Correcto, veámoslo. Quiero descubrir qué es lo que origina este temor al mañana. ¿Qué es el mañana? ¿Por qué existe el mañana en absoluto? ¿Comprenden? Voy a responder a ello.
Quiero averiguar cómo surge el pensamiento, cómo surge el temor. Pienso acerca del mañana, y el pasado me ha dado un sentimiento de seguridad; aunque puedan haber existido muchas incertidumbres en el pasado, en general he sobrevivido. Hasta ahora estoy bastante a salvo, pero el mañana es muy incierto y yo tengo miedo. De modo que voy a averiguar cuál es el origen de este temor al mañana. La respuesta de todo mi ser a esta inseguridad del mañana, por ser incierta, es temor. Quiero descubrir entonces por qué surge el temor cuando pienso acerca del futuro. Esto quiere decir que el futuro puede ser muy bueno, pero mi pensar acerca de él produce la incertidumbre. Yo no conozco el futuro, éste puede ser maravilloso o puede ser mortal, puede ser terrible o bellísimo, no lo sé; el pensamiento carece de certeza sobre el futuro. Así, el pensamiento, que siempre ha estado buscando certeza, se ve súbitamente enfrentado con esta incertidumbre. ¿Por qué, pues, engendra temor el pensamiento? ¿Entienden?

Interlocutor: Porque el pensamiento se divide y crea una distancia entre el pasado y el futuro, y en ese espacio penetra el temor.

KRISHNAMURTI: El interlocutor dice: «El pensamiento separa el futuro del pasado y divide lo que podría ser. Esta separación de 'lo que es' y 'lo que podría ser', es parte de este temor». Si yo no pensara sobre el mañana, no habría temor, yo no querría conocer el futuro, ni siquiera me importaría. Es porque pienso acerca del futuro ‑el futuro que desconozco, que es tan incierto- que mi respuesta total, tanto física como psicológicamente, consiste en decir: «¡Dios mío! ¿Qué irá a suceder?» De modo que el pensamiento engendra el temor.

Interlocutor: ¿Es el pensamiento la única función psicológica capaz de producir temor? Hay otras formas no racionales, tales como el sentimiento, las que también podrían producir temor.

KRISHNAMURTI: Estoy considerando esa sola cosa en particular: también existen otros factores.

Interlocutor: Existe el miedo a lo desconocido, el miedo al mañana, basado en la adhesión a una creencia, a determinada fórmula. El miedo puede ser comprendido si yo vea por qué me adhiero a una particular costumbre o creencia.

Interlocutor: ¿Y que hay del miedo a la existencia?

KRISHNAMURTI: Todas estas cosas están envueltas, ¿no es así? El apego a una creencia, a una fórmula, a determinado concepto ideológico que he fabricado para mí mismo, todo eso es parte de este temor. Ahora quiero descubrir, viéndolo, qué es el temor.
Antes le dije que, en el pasado, puedo haber hecho algo que me avergüenza, que me atemoriza no quiero que vuelva a ocurrir. El pensar acerca de lo que hice en el pasado engendra temor, ¿no es así? También engendra temor pensar sobre lo que podría suceder en el futuro. De modo que veo ‑puedo estar equivocado- que el pensamiento es el responsable del temor, tanto en relación al pasado como al futuro. Y el pensamiento también es responsable del temor al proyectar un ideal, una creencia, y al aferrarse a esa creencia exigiendo de ella certidumbre, seguridad; todo eso es la operación del pensamiento, ¿verdad? Por consiguiente, tengo que comprender por qué el pensamiento piensa acerca del futuro, por qué el pensamiento regresa a algún suceso que ha engendrado temor. ¿Por qué hace esto el pensamiento?

Interlocutor: El pensamiento puede ayudarse a sí mismo imaginando todas las posibilidades de las cosas terribles que podrían suceder en el futuro, con el fin de hacer algunos planes para impedir que esas cosas sucedan. Trata de protegerse mediante el acto de imaginar.

KRISHNAMURTI: El pensamiento también lo ayuda a protegerse mediante el seguro, construyendo una casa, evitando las guerras; el pensamiento cultiva el temor y también protege, ¿no es así? Estamos hablando del pensamiento que origina el temor, no de cómo protege. Yo pregunto por qué el pensamiento engendra este temor; el pensamiento también engendra placer, ¿no es así?: placer sexual, placer de una puesta de sol que aconteció ayer, etc. De modo que el pensamiento da continuidad tanto al placer como al temor.

Interlocutor: Al buscar placer, el hombre sigue las opciones de sus pensamientos, discriminando: «esto podría ser bueno» y «eso podría ser malo». Y el temor parece provenir directamente de lo que el hombre hace para que ocurran las cosas buenas y para evitar las malas.

KRISHNAMURTI: Indudablemente, todo el proceso se basa en el pensamiento, ¿no es así?

Interlocutor: El temor proviene del aspecto discriminatorio del pensamiento.

KRISHNAMURTI: Sí pero eso es todavía el pensamiento que dice: «esto es bueno, lo conservaré, y esto lo rechazaré». Todo el movimiento del pensar es la exigencia de placer, y dentro de eso, la discriminación que dice: «esto me dará placer, aquello no». Así es que, todo el movimiento del temor y el placer, la exigencia y la continuidad de ambos, dependen del pensamiento, ¿verdad?

Interlocutor: ¿Pero cómo puede uno estar libre de ello?

KRISHNAMURTI: Espere, terminemos primero con esto.

Interlocutor: El pensamiento es temor.

KRISHNAMURTI: Vamos a averiguarlo. Hoy estoy a salvo. Sé que tendré mi comida, hay una casa, hay albergue; pero no sé qué irá a suceder mañana. Ayer experimenté mucho placer en diversas formas, y deseo que esos placeres se repitan mañana. Así es que el pensamiento sustenta al temor y da continuidad al placer que experimenté ayer.
Entonces pregunto: ¿cómo voy a impedir la continuidad del temor y, no obstante, dejar que continúe el placer? Yo quiero placer, lo más que sea posible, todo el tiempo en el futuro; y también he tenido temores y quiero verme libre de ellos, no quiero futuros temores. De modo que el pensamiento trabaja en ambas direcciones. ¡Señor, esto es asunto suyo, no mío, obsérvelo!

Interlocutor: Esto da al pensamiento cierta clase de energía.

KRISHNAMURTI: El pensamiento es energía.

Interlocutor: Esto da al pensamiento una clase diferente de energía.

KRISHNAMURTI: Examínelo, es ambas cosas.

Interlocutor: Es la acumulación de los recuerdos.

KRISHNAMURTI: Me aferro a los recuerdos que han sido placenteros, y quiero deshacerme de los recuerdos dolorosos que implican temor. Pero no veo que la raíz de todo esto es el temor.

Interlocutor: El pensamiento parece resistirse a su terminación ‑el temor y el placer parecen ser algo similar- pero ese estado en que el pensamiento no existe, me elude.

Interlocutor: Haga lo que hace tan totalmente, que usted piense sobre lo que le proporciona placer en el momento en que ello sucede, y no piense sobre cosas que pueden no suceder.

KRISHNAMURTI: No diga: no piense en cosas que podrían no suceder. ¿Cómo he de impedirme pensar acerca de ellas?

Interlocutor: ¡Piense sobre lo que está sucediendo, regocíjese!

KRISHNAMURTI: ¿Entonces me fuerzo a pensar sobre las cosas que están sucediendo y a no pensar sobre las cosas que no suceden?

Interlocutor: Piense sobre lo que está sucediendo.

KRISHNAMURTI: Pero mi mente está siempre atisbando lo que podría suceder. ¿No le ocurre esto a usted? Seamos muy sencillos y honestos. Nosotros queremos pensar acerca de las cosas que están sucediendo, pero el pensamiento también mantiene puesto un ojo sobre lo que podría suceder. Y aunque yo no esté pensando acerca de esto, ¡ello aparece de repente!

Interlocutor: Señor, el sentimiento «yo soy» nada tiene que ver con el placer, ni con el temor y el pensamiento. Tan sólo pienso «yo soy». No tengo temor. Este sentimiento «yo soy» no tiene absolutamente nada que ver con el pensamiento.

KRISHNAMURTI: Cuando usted dice «yo soy», ¿qué quiere significar con esas palabras?

Interlocutor: El sentimiento de estar presente, de estar sentado aquí, ¡y en eso no hay temor!

KRISHNAMURTI: Ese no es el problema, señor.

Interlocutor: Ante todo debemos descubrir si existe la certidumbre, entonces no habrá temor.

KRISHNAMURTI: ¿Cómo lo descubriré?

Interlocutor: Yo veo todo el proceso del pensamiento como una trampa.

KRISHNAMURTI: Investiguémoslo; cada persona persigue algo distinto. Déjeme exponer cómo siento el problema. Le temo al mañana porque el mañana es incierto. Hasta ahora he estado bastante seguro en mi vida; aunque hubo ocasiones en que estuve atemorizado, de algún modo las superé. Pero el pensamiento de temor al mañana, que es tan incierto ‑la guerra atómica, las guerras fortuitas que podrían explotar en toda clase de horrores, la pérdida de dinero- me sume en un estado de conmoción con respecto al futuro. ¿Qué he de hacer entonces? Quiero estar libre, si es que puedo, tanto del temor al pasado como del temor al futuro, de los temores profundos y de los superficiales.
No me ofrezcan explicaciones, «haga esto», «no haga eso». Yo quiero descubrir qué es el temor; tanto si se trata del temor a la oscuridad, a la incertidumbre, el temor al apego: el aferrarse a alguna cosa, a alguna persona o idea. Quiero averiguar cuál es la raíz de ello, no cómo escapar de ello, ni cómo sofocarlo. Quiero ver la estructura del temor. Si soy capaz de comprender eso, entonces algo diferente puede ocurrir. De modo que voy a investigar qué es el temor. Déjeme proseguir un ratito, ¿puedo?
El temor existe para mí porque pienso en el mañana. A pesar de su confianza en que mañana todo estará perfectamente bien, yo sigo teniendo miedo. Ahora bien, ¿por qué pienso en el mañana? ¿Es porque el pasado ha sido muy bueno, me ha dado una gran cantidad de conocimientos, y todo esto se ha convertido en mi seguridad, mientras que nada conozco acerca del futuro? Si yo pudiera comprender el futuro y reducirlo a mis conocimientos, entonces no estaría atemorizado. ¿Puedo comprender el futuro como conocimiento, como experiencia, de manera que llegue a ser parte de lo conocido, lo cual no me atemorizará?
También veo que quiero mucho placer, placer sexual, placer de ganar, de realizarme, de ser alguien. Quiero repetir esos placeres que he tenido. Y cuando estoy aburrido de ellos, entonces deseo placeres más amplios, más profundos. Mi principal impulso es el placer en todas direcciones. Así es que quiero evitar el temor y deseo más placer. Esto es lo que todos ansiamos. ¿Está separado el placer del temor? ¿O son dos caras de la misma moneda? Debo averiguarlo, no decir «si» o «no», debo hincar en ello mis dientes y descubrir si el placer engendra temor y si el temor es el resultado de mi exigencia de placer. ¿Ha comprendido mi planteamiento?

Interlocutor: Pero el placer podría ser otra cosa, un proceso de aprendizaje.

KRISHNAMURTI: No, tal placer es también doloroso; pero yo superaré eso a fin de tener más placer. ¿No ha notado esto en su vida, cómo deseamos placer?

Interlocutor: .

KRISHNAMURTI: Es de eso que estoy hablando. Nosotros exigimos, perseguimos el placer; todo está basado en esto. Y cuando eso no se realiza, me vuelvo inseguro. Por lo tanto, me pregunto si el placer y el temor no marchan juntos. Nunca cuestiono el placer, nunca digo: «¿Debo tener tanto placer?». «¿Adónde conduce eso?», sino que quiero más y más de ello, en el cielo, en la tierra, en mi familia, en el sexo; el placer es lo que me impulsa en todo. Y también está ahí el temor. ¡Obsérvelo, por favor, no se apegue a su opinión particular, por el amor de Dios, muévase de ahí! ¡Investigue!
Entienda, pues, esto: quiero certidumbre en el mañana, y la certidumbre sólo puede existir donde hay conocimiento, cuando digo: «Yo conozco». ¿Puedo conocer algo que no sea el pasado? En el momento que digo «yo conozco», ello ya es pasado. Cuando digo «conozco a mi mujer», la conozco en términos del pasado. En el pasado hay certeza y en el futuro hay incertidumbre. Por lo tanto, quiero arrastrar al futuro dentro del pasado, así tendré completa seguridad. Veo que el temor surge donde opera el pensamiento; si yo no pensara acerca del mañana, no habría temor.

Interlocutor: A mí el temor me parece algo instintivo. Siento que el temor es una energía, que hay una fuerza ahí.

KRISHNAMURTI: Ya lo ve, cada uno de nosotros tiene su opinión. Cada uno está muy seguro de que sabe cómo tratar con el temor. Lo explicamos, le atribuimos causas, pensamos que lo comprendemos y, no obstante, al final de ello estamos atemorizados. Quiero investigar qué hay detrás de todo eso, y descubrir por qué el temor existe en absoluto. ¿Es el resultado del pensamiento que piensa acerca del futuro? Porque el futuro es muy incierto, y el pensamiento se basa en los recuerdos del pasado. El pensamiento es la respuesta de la memoria acumulada como conocimiento, como siglos de experiencia, y de ahí proviene el pensamiento. El pensamiento dice: «El conocimiento es mi seguridad». Y ahora usted me habla de estar libre del mañana, que es incierto; si yo supiera qué es el mañana, no habría temor. Lo que anhelo es la certeza del conocimiento. Conozco mi pasado, conozco lo que hice diez años o dos días atrás. Puedo analizarlo, entenderlo, vivir con ello; pero no conozco el mañana y, por lo tanto, el no conocerlo me atemoriza. No conocer significa: no tener conocimientos al respecto. Ahora bien, ¿puede el pensamiento tener conocimientos acerca de algo que no conoce?
Existe, pues, el temor. El pensamiento trata de adivinar el futuro y, no conociendo su contenido, está atemorizado. ¿Por qué piensa en el mañana, acerca del cual nada conoce? Él quiere certeza, pero puede no haber tal certeza. Por favor, responda a mi pregunta, no a la suya.

Interlocutor: El sistema de la vida necesita pensar en el mañana, es una regla fundamental del vivir; se requiere cierta clase de predicción.

KRISHNAMURTI: Yo dije eso, señor.

Interlocutor: Nosotros debemos seguir esta regla de la vida. Hay perturbaciones psicológicas debidas a la imaginación que proyecta miedos espantosos, como usted dice, pero es imposible impedir que los seres humanos piensen de manera lógica.

KRISHNAMURTI: Si puedo sugerirlo, ya hemos dicho que el pensamiento es necesario para proteger la supervivencia física. Eso forma parte de nuestra vida, es lo que hacemos permanentemente.

Interlocutor: Yo no estoy de acuerdo, creo que el pensamiento no es necesario para la supervivencia. Los animales tienen el instinto para sobrevivir sin el miedo que nos perturba.

KRISHNAMURTI: Señora, estamos mezclando dos cosas. Por favor, al principio ya intentamos explicar esto.

Interlocutor: Ella está en lo cierto; el pensamiento humano reemplaza al instinto.

KRISHNAMURTI: Concuerdo con usted. Uno debe saber que mañana la casa estará ahí. La supervivencia física y el hacer planes para el futuro son cosas necesarias, ¿no es así? Sin eso no podemos sobrevivir.

Interlocutor: Cuando usted lo ve todo muy claramente, no hay tiempo para el temor.

Interlocutor: El pensamiento piensa en el vivir presente, y también debe pensar en el mañana.

KRISHNAMURTI: El tiempo es caluroso, y debo hacer planes para comprarme algún par de pantalones frescos. Eso significa planear para mañana. Tengo que ir a la India en el invierno. Haré planes, lo que implica futuro. No estamos negando eso, al contrario. De lo que hablamos es del temor a la incertidumbre.

Interlocutor: No tenemos confianza en nosotros mismos.

KRISHNAMURTI: Eso realmente no lo entiendo. ¿Quién es el «usted mismo» para que usted le tenga confianza? ¿Es usted un ser humano tan maravilloso para que tenga confianza en usted mismo?

Interlocutor: ¿Por qué no?

KRISHNAMURTI: ¿Qué es «usted mismo»?

Interlocutor: La humanidad.

KRISHNAMURTI: ¿Qué es la humanidad? Lo bueno y lo malo, las guerras; ya hemos visto todo eso. Lo que nos concierne es el temor. Debemos emplear el pensamiento para sobrevivir. Pero a fin de sobrevivir, el pensamiento dividió el mundo en mi país, su país, mi gobierno, su gobierno, mi Dios, su Dios, mi gurú y su gurú; el pensamiento ha producido esto. Aunque el pensamiento quiere planear para sobrevivir, ha dividido al mundo que se destruye a sí mismo, del cual yo formo parte. Por lo tanto, debo comprender la naturaleza del pensamiento dónde éste es necesario y dónde es diabólico, dónde es destructivo y dónde engendra temor: ése es mi problema.
Dije que el pensamiento debe funcionar, de otro modo usted no puede sobrevivir; pero en el deseo de sobrevivir, el pensamiento se ha dividido y, en consecuencia, es destructivo. Veo que el pensamiento debe funcionar clara y objetivamente, sin distorsión alguna. De modo que pregunto: ¿por qué el pensamiento piensa acerca del mañana? Tiene que pensar acerca del mañana en una dirección, ¿pero por qué piensa acerca del futuro y engendra temor?

Interlocutor: Para estar seguro.

KRISHNAMURTI: Ya lo ve, el pensamiento debe pensar acerca del mañana para estar seguro, eso es claro. Y usted también ve que, pensando acerca del mañana; el pensamiento engendra temor. ¿Por qué?

Interlocutor: Porque queremos continuidad.

Interlocutor: Porque estamos encadenados al placer.

KRISHNAMURTI: No hemos resuelto el problema porque nos negamos a abandonar nuestras pequeñas opiniones particulares, nuestros juicios y conclusiones. Suprimamos todo eso y pensemos de un modo nuevo.
Para mí esto es muy sencillo. El pensamiento debe engendrar temor porque nunca puede encontrar seguridad en el futuro. El pensamiento tiene seguridad en el tiempo; el mañana no tiene tiempo. El mañana existe como tiempo en la mente, pero en lo psicológico el mañana puede no existir en absoluto. Y a causa de esa incertidumbre, el pensamiento proyecta lo que él desea para el mañana: seguridad en lo que he adquirido, en lo que he logrado, en lo que poseo, todo eso. Y eso también es completamente incierto. ¿Puede, entonces, el pensamiento aquietarse con respecto al futuro? Este es el punto. ¿Puede estar quieto el pensamiento? Eso significa funcionar donde es necesario para la protección física y, por lo tanto, sin divisiones en nacionalidades, ni en dioses separados, ni en atizadores de guerras. Que el pensamiento permanezca quieto, de modo que el tiempo, como mañana, no exista.
Por consiguiente, he de comprender qué es vivir en el ahora. No comprendo qué es vivir en el ahora ni he comprendido qué es vivir en el pasado, por lo tanto, quiero vivir en el futuro, al que no conozco, como tampoco conozco qué es el presente. Así es que pregunto: ¿puedo vivir completamente, totalmente, hoy? Sólo puedo hacerlo cuando he comprendido toda la maquinaria del pensamiento y el modo en que éste funciona; y en la misma comprensión de la realidad del pensamiento, hay silencio. Y donde la mente está en silencio, no existe el futuro, no existe el tiempo.

Fragmento del libro LA CONCIENCIA FRAGMENTADA Por: Jiddu Kdrishnamurti.

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