miércoles, 12 de septiembre de 2012

Como aprender a operar con la parte del cerebro que no es utilizada


Cuando el viejo cerebro está quieto, tal vez entra en funciones una parte nueva del cerebro que no ha sido utilizada. Vale decir que funcionamos sólo con una pequeñísima parte de nuestro cerebro, y cuando esa pequeña parte se aquieta, el resto del cerebro puede entrar en actividad. O bien es posible que haya estado activa todo el tiempo, pero no lo sabemos porque esa sola parte que ha acumulado conocimientos, tradición, tiempo, está siempre superactiva y, por lo tanto, no conocemos en absoluto la otra parte; quizás ella tenga su propia actividad. ¿Están siguiendo esto?

Es una cuestión realmente interesante. Por favor, dediquen un poco sus mentes a esto; no digan, «no comprendo», para simplemente abandonarlo. ¡Conságrense a ello! Vean, habiendo utilizado tanto el cerebro viejo, nunca hemos considerado ninguna otra parte del cerebro, y en qué consiste esa parte, que puede tener la cualidad de una dimensión diferente. Yo digo que esa cualidad de una dimensión diferente puede ser descubierta cuando el viejo cerebro está de veras quieto. Así es como lo veo. ¿Entienden? Cuando el viejo cerebro está completamente quieto, no aquietado, sino que ha comprendido de modo natural que debe estar quieto y, por lo tanto, está quieto, entonces podemos descubrir qué es lo que ocurre.
Ahora, voy a investigar; no ustedes, porque el viejo cerebro de ustedes no está quieto. ¿Estarían de acuerdo con eso? El viejo cerebro no ha comprendido la necesidad de estar completamente quieto bajo cualquier estimulo, a excepción ‑por supuesto‑ de los estimulas físicos. O sea, que si usted me clava un alfiler en la pierna, habrá una respuesta. Pero como nadie está pinchándome la pierna con un alfiler, el viejo cerebro puede estar quieto.
Quiero averiguar cuál es la cualidad del cerebro nuevo, esa cualidad que el viejo cerebro no puede reconocer. Porque éste no puede reconocer nada que no haya experimentado, que no provenga de la memoria. Por lo tanto, lo que el viejo cerebro reconoce es todavía lo viejo. ¿Está claro? Entonces pregunto: ¿qué es lo nuevo? El viejo cerebro nada conoce acerca de ello, por consiguiente sólo puede decir: realmente, no sé. Prosigamos desde ahí. ¿Algunos de ustedes están siguiendo esto? El viejo cerebro dice: «Yo no puedo alcanzar esto, y realmente no sé». Debido a que no puedo alcanzarlo ni reconocerlo, no seré engañado por ello. No sé absolutamente nada acerca de las nuevas dimensiones de este cerebro nuevo. Cuando el viejo cerebro está quieto y es incapaz de reconocimiento alguno, él sólo puede decir, «realmente, no sé». ¿Puede el viejo cerebro permanecer en ese estado de no saber? Él ha dicho: «toda mi vida he funcionado sobre la base de los conocimientos y del reconocer». Y, al funcionar de ese modo, ha dicho: «yo sé», en términos de lo que no sé, de lo que aprenderé; pero siempre dentro de los moldes del conocimiento. Ahora él dice: «Yo realmente no sé», porque algo nuevo está ocurriendo. Lo nuevo no puede ser reconocido, por lo tanto yo no tengo todavía relación con ello. Voy a descubrirlo.
Ahora bien; ¿cuál es la naturaleza del no saber? ¿Hay temor cuando existe un estado de no saber?, el cual es muerte. ¿Me siguen, señores? Cuando el viejo cerebro dice realmente «no sé», él ha renunciado a todo conocimiento. Ha renunciado por completo a la intención de conocer, de desear conocer. Existe entonces un campo en el que el viejo cerebro no puede funcionar, porque nada conoce de él. ¿Cuál es ese campo? ¿Puede ser descrito en modo alguno? Puede ser descrito solamente cuando el viejo cerebro lo reconoce y lo verbaliza para comunicarse. Hay, pues, un campo donde el viejo cerebro no tiene posibilidad de penetrar; esto no es una invención, no es una teoría, es una realidad en el momento que el viejo cerebro dice: «Yo realmente nada sé acerca de esto». Lo que significa que no existe la intención de aprender acerca de lo nuevo. ¿Ven la diferencia, señores?
Así que ahora quiero descubrir no verbalmente, porque en el momento que empleo una palabra, estoy de regreso en lo viejo. ¿Existe, por lo tanto, la comprensión no verbal de algo nuevo?, en el sentido de no inventar una palabra nueva, o de intentar su descripción con el fin de capturarlo y retenerlo. Simplemente, estoy indagando, la mente está mirando algo acerca de lo cual ella nada sabe en absoluto. ¿Es eso posible? La mente siempre ha mirado en términos de aprender sobre ello, de resistirlo, evitarlo, escapar de ello o dominarlo. Ahora no hace nada de eso. ¿Comprenden? Si esto no es posible, ustedes no pueden comprender lo otro.
¿Qué es lo que el viejo cerebro no puede comprender y que, por lo tanto, le es imposible conocer o adquirir conocimientos al respecto? ¿Existe una cosa semejante? ¿O es sólo una invención del viejo cerebro deseando que suceda algo nuevo? Si se trata del viejo cerebro deseando que suceda algo nuevo, entonces ello es aún parte del viejo cerebro. Ahora lo he examinado completamente, de modo que el viejo cerebro ha comprendido su estructura y naturaleza y, en consecuencia, está absolutamente silencioso, sin deseo alguno de conocer. Ahí es donde reside la dificultad.
¿Existe algo real, no imaginado, no inventado, algo que no es una teoría? ¿Algo que el viejo cerebro no puede entender o reconocer, o querer comprenderlo? ¿Existe algo así? Para quien les habla existe, pero eso no tiene valor, él puede estar engañándose a sí mismo. Tiene valor sólo en el sentido de que es a ustedes a quienes corresponde descubrirlo. De modo que han de averiguar cuál es la relación que hay entre lo nuevo ‑si es que ustedes ven lo nuevo- y lo viejo, que debe operar en la vida objetivamente, cuerdamente, de manera impersonal y, por lo tanto, con eficiencia. ¿Ha de atrapar lo viejo a lo nuevo para que haya una vida diferente? ¿O lo nuevo opera de tal modo que lo viejo no puede reconocerlo, y esa acción es la nueva manera de vivir?
¡Vayan despacio, tómense tiempo, miren! Este viejo cerebro, con su conciencia, ha vivido por miles de años; la conciencia de este viejo cerebro es su contenido. Este pudo ser adquirido superficialmente o en profundidad, y eso es el viejo cerebro con todos sus conocimientos, con toda la secular experiencia del empeño humano, de la evolución. Cuando el viejo cerebro funciona dentro de ese campo de la conciencia, nunca puede descubrir nada nuevo. Eso es un hecho absoluto, no una teoría. Nosotros nada sabemos acerca de la libertad, acerca de lo que es el amor, de lo que es la muerte; nada conocemos excepto los celos, la envidia, el miedo, todo lo cual es parte del viejo contenido. Entonces, dándose cuenta este viejo cerebro de su absoluta limitación, se aquieta, se torna silencioso, porque ha descubierto que carece de libertad. Y porque ha descubierto que carece de libertad, una nueva parte del cerebro está funcionando. Yo no sé si ustedes lo ven. ¡Miren! He estado yendo hacia el Sur pensando que iba hacia el Norte, y súbitamente lo he descubierto. En el instante del descubrimiento hay una reversión total no de lo viejo; la reversión es completa. El movimiento no es ni hacia el Norte ni hacia el Sur, sino en una dirección por completo diferente. Vale decir que, en el instante del descubrimiento, existe un movimiento del todo diferente, el cual es libertad.
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