viernes, 20 de mayo de 2011

Como iniciar la meditación.

Antes de pasar a la meditación, vamos a comprender algunas cosas. En primer lugar, debéis dejaros llevar completamente. Si os retraéis aunque sólo sea un poco, eso será un obstáculo para la meditación. Dejaos llevar como si estuvieseis muertos, como si os hubieseis muerto de verdad. Hay que aceptar la muerte como si ya hubiera llegado, como si hubiera muerto todo lo demás y nos estuviésemos hundiendo cada vez más hondo, dentro de nosotros. Ahora sólo sobrevivirá lo que sobrevive siempre: Soltaremos todo lo demás que pueda morir. Por eso he dicho que éste es un experimento con la muerte.
Este experimento tiene tres partes. La primera es la relajación del cuerpo; la segunda es la relajación de la respiración; la tercera es la relajación del pensamiento. El cuerpo, la respiración y el pensamiento: hay que soltar lentamente los tres.
Os ruego que os separéis los unos de los otros. Es posible que alguien se caiga; por eso, separaos un poco unos de otros. Retrasaos un poco o avanzad un
poco, pero procurad no sentaros demasiado cerca unos de otros; de lo contrario, tendrías que estar siempre pendientes de no caeros encima de alguien.
Cuando el cuerpo se queda suelto, puede caer hacia delante o hacia atrás: nunca se sabe. Sólo podéis estar seguros de ello mientras lo sujetáis. Cuando dejéis de sujetar vuestro cuerpo, éste se caerá automáticamente. Cuando aflojéis vuestra sujeción desde dentro, ¿quién sujetará el cuerpo? Lo normal es que se caiga. Y si no dejáis de preocuparos de evitar que se caiga, os quedaréis donde estáis: no seréis capaces de entrar en la meditación. Así, cuando vuestro cuerpo esté a punto de caer, consideradlo como una bendición. Dejadlo enseguida. No lo sujetéis, pues si lo sujetáis os impediréis a vosotros mismos pasar hacia dentro. Y no os enfadéis si alguien se cae sobre vosotros: dejadlo. Si alguien recuesta su cabeza sobre vuestro regazo durante algún tiempo, dejadlo: no os molestéis.
Ahora, cerrad los ojos. Cerradlos suavemente. Relajad el cuerpo. Dejadlo completamente suelto, como si no hubiera vida en él. Retirad toda la energía de vuestro cuerpo; llevadla dentro. Cuando la energía se retire dentro, el cuerpo quedará suelto.
Ahora empezaré a haceros sugerencias de que el cuerpo se está quedando suelto, de que nos estamos quedando en silencio… Sentid cómo se queda suelto el cuerpo. Soltadlo. Pasad dentro, como una persona que entra en su casa. Pasad dentro, entrad. El cuerpo se está relajando… Soltadlo por completo… dejadlo sin vida, como si estuviera muerto. El cuerpo se está relajando, el cuerpo se ha relajado, el cuerpo se ha relajado por completo…
Doy por supuesto que habéis relajado por completo vuestro cuerpo, que habéis soltado la sujeción a la que lo tenías sometido. Si el cuerpo se cae, que así sea; si se inclina hacia delante, dejad que se incline. Que lo que tenga que suceder, suceda: vosotros, relajaos. Comprobad que no estáis sujetando nada. Asomaos dentro de vosotros para aseguraros de que no estáis sujetando vuestro cuerpo. Debéis ser capaces de deciros: “No estoy sujetando nada. Me he dejado llevar por completo.”
El cuerpo está relajado, el cuerpo está suelto. La respiración se está calmando, la respiración se está haciendo más lenta. Sentidlo… la respiración se ha hecho más lenta… soltadla por completo. Dejad también vuestra respiración, renunciad por completo a la sujeción a la que la tenéis sometida. La respiración se está haciendo más lenta, la respiración se está calmando… La respiración se ha calmado, la respiración se ha hecho más lenta.
La respiración se ha calmado… los pensamientos también se están calmando. Sentidlo. Los pensamientos se están quedando en silencio… soltadlos. Habéis soltado el cuerpo, habéis soltado la respiración; ahora, soltad también los pensamientos. Apartaos… pasad por completo al interior, apartaos también de los pensamientos.
Todo ha quedado en silencio, como si todo lo que hay afuera estuviera muerto. Todo está muerto… todo se ha quedado en silencio… sólo queda dentro la conciencia… una lámpara encendida de conciencia: el resto está muerto. Soltad por completo… como su vuestro cuerpo estuviera muerto, como si vuestro cuerpo ya no existiera. Vuestra respiración está inmóvil, vuestros pensamientos están inmóviles, como si se hubiera producido la muerte. Y pasad dentro, pasad completamente dentro. Soltad… soltadlo todo. Soltadlo todo por completo, no os guardéis nada. Estáis muertos.
Sentid como si todo estuviera muerto, que todo está muerto: sólo queda dentro una lámpara encendida; todo lo demás está muerto. Todo lo demás está muerto, eliminado. Perdeos en la vacuidad durante diez minutos. Sed testigos. Observad esta muerte. Todo lo demás que os rodea ha desaparecido. También queda atrás el cuerpo, ha quedado muy atrás, muy lejos: no hacemos más que observarlo. Seguid observando; manteneos como testigos. Seguid mirando hacia dentro durante diez minutos.
Seguid mirando dentro… todo lo demás estará muerto en el exterior. Soltad… estad completamente muertos. Seguid observando, manteneos como
testigos. Soltadlo todo como si estuvieseis muertos y como si el cuerpo, en el exterior, estuviera muerto. El cuerpo está inmóvil; los pensamientos están inmóviles; sólo queda observando la lámpara de la conciencia; sólo queda el espectador; sólo queda el testigo. Soltad… soltad… soltad por completo.
Pase lo que pase, dejad que pase. Soltad por completo; limitaos a observad el interior y soltad el resto. Renunciad por completo a vuestra sujeción.
La mente se ha quedado en silencio y vacía, la mente se ha quedado completamente vacía… la mente se ha quedado vacía, la mente se ha quedado completamente vacía. Si todavía estáis sujetando un poco, soltad también ese poco. Soltad por completo, desapareced, como si ya no existierais. La mente se ha quedado vacía… la mente se ha quedado en silencio y vacía… la mente se ha quedado completamente vacía.
Seguid mirando dentro, seguid mirando dentro con atención: todo se ha quedado en silencio. El cuerpo queda atrás, queda muy atrás; la mente queda muy atrás; sólo arde una lámpara, una lámpara de conciencia; sólo queda encendida la luz…
Ahora, respirad despacio varias veces. No dejéis de observar vuestra respiración… Con cada respiración, el silencio se hará más profundo. Respirad despacio varias veces y seguid mirando dentro; manteneos también como testigos de la respiración. La mente se quedará todavía más en silencio… respirad despacio varias veces, y después abrid los ojos suavemente. Si alguien se ha caído, que respire hondo primero y se levante despacio después. No os apresuréis si sois incapaces de levantaros; no os apresuréis si os resulta difícil abrir los ojos… Respirad hondo primero, y después abrid los ojos despacio… levantaos muy suavemente. No hagáis ningún movimiento brusco: ni al levantaros ni al abrir los ojos…
Nuestra sesión matutina de meditación ha terminado.
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