miércoles, 11 de mayo de 2011

El samadhi

Samadhi es una palabra maravillosa. El estado de meditación total se llama “samadhi”, y también llamamos “samadhi” a la tumba que se construye tras la muerte de una persona. ¿Lo habías pensado alguna vez? Ambos se llaman “samadhi”. En realidad, ambos comparten un secreto, ambos tienen un punto común de coincidencia.
En realidad, para la persona que alcanza el estado de samadhi, su cuerpo es como una tumba: nada más. Después, llega a advertir que hay alguien más dentro; fuera, no hay más que oscuridad.
Samadhi
Tras la muerte de una persona cavamos una tumba y la llamamos “samadhi”. Pero este samadhi lo construyen otros. Si somos capaces de crear nuestro propio samadhi antes de que lo construyan otros, entonces hemos creado el fenómeno que estamos deseando. Sin duda, otros tendrán ocasión de cavar nuestra tumba, pero es posible que nosotros perdamos la oportunidad de crear nuestro propio samadhi. Si somos capaces de crear nuestro propio samadhi, entonces en ese estado sólo morirá el cuerpo, y no habrá posibilidad de que muera nuestra conciencia. Nunca hemos muerto ni podemos morir jamás. Nadie ha muerto nunca, ni nadie puede morir jamás. Pero, para saberlo, tendremos que recorrer todos los pasos que llevan hasta el fondo de la muerte.
Quiero mostraros tres pasos que daremos. Y ¿quién sabe? Quizás se produzca este fenómeno en esta misma playa y podáis tener vuestro samadhi: no el samadhi que construyen los demás, sino el que uno crea con su propia voluntad.
Hay tres pasos. El primer paso es relajar el cuerpo. Tenéis que relajar el cuerpo hasta tal punto que empecéis a sentir que vuestro cuerpo está a cierta distancia de vosotros. Tenéis que recoger toda la energía de vuestro cuerpo y llevarla dentro. Toda la energía que tiene el cuerpo se la entregamos nosotros. El cuerpo recibe tanta energía como nosotros le entreguemos; el cuerpo pierde tanta energía como nosotros le recogemos.
¿Habéis notado una cosa? Cuando os peleáis con otra persona, ¿de dónde recibe el cuerpo toda esa energía añadida? En ese estado de ira, podéis levantar una piedra tan grande que no serías capaces ni de moverla en estado de calma. Aunque es obra de vuestro cuerpo, ¿no os habéis preguntado de dónde salió la energía? Vosotros introdujisteis la energía: se necesitaba; estabais en apuros; había peligro: estabais cara a cara con el enemigo. Sabíais que vuestra vida estaba en peligro si no levantabais la piedra, e introdujisteis toda vuestra energía en el cuerpo.
NA VEZ PASÓ LO SIGUIENTE. Un hombre llevaba dos años paralizado, postrado en la cama. No podía levantarse; no podía moverse. Los médicos lo desahuciaron, anunciándole que estaría paralizado durante el resto de su vida. Una noche, su casa se incendió y todos salieron corriendo. Cuando estuvieron fuera, se dieron cuenta de que el cabeza de familia estaba atrapado dentro de la casa y de que no podía correr. ¿Qué iba a ser de él? Algunos llevaban antorchas, y vieron a su luz que el viejo ya había salido. Le preguntaron si había salido de la casa por su pie. El hombre dijo: “¿Cómo he podido andar? ¿Qué ha pasado?” Pero había andado, sin duda: no cabía otra explicación.
La casa estaba en llamas; todos huían, y él olvidó por un momento su parálisis y volvió a introducir en su cuerpo toda su energía. Pero cuando la gente lo vio a la luz de las antorchas y le preguntaron cómo había conseguido salir, él exclamó: “¡Ay, soy un paralítico!”, y cayó al suelo. Había perdido la energía. No estaba a su alcance comprender cómo se había producido ese fenómeno. Todos se pusieron a explicarle que no era un verdadero paralítico, que si había caminado hasta allí podía seguir caminando el resto de su vida. El hombre no dejaba de repetir: “No podía levantar la mano. No podía levantar ni un pie. Entonces, ¿cómo ha sucedido?” No lo sabía. No sabía siquiera quién lo había sacado.
Nadie lo había sacado: él había salido por su pie. Pero no sabía que, ante el peligro, su alma había vertido toda su energía sobre su cuerpo. Y después, por su sensación de estar paralizado, el alma había recogido en su interior su energía, y el hombre se quedó paralítico una vez más.
ESTE INCIDENTE no le ha pasado a una persona ni a dos: se han producido centenares de casos en el mundo en que una persona postrada por la parálisis ha salido de su enfermedad, ha olvidado su enfermedad en caso de incendio o ante otra situación de peligro.
Lo que quiero decir es que hemos introducido energía en nuestro cuerpo, pero no tenemos idea de cómo recogerla. Por la noche nos sentimos descansados porque la energía se recoge en el interior y el cuerpo yace en un estado relajado, y por la mañana volvemos a sentirnos frescos. Pero algunas personas no son capaces siquiera de recoger interiormente su energía por la noche. La energía sigue encerrada en el cuerpo, y les resulta difícil dormir. El insomnio indica que la energía que se introdujo anteriormente en el cuerpo no encuentra el camino de regreso a su fuente. En la primera etapa de esta meditación hay que retirar del cuerpo toda la energía.
Ahora bien, lo interesantes es que, por el simple hecho de sentir la energía, ésta se traslada hacia el interior. Si una persona es capaz de sentir que su energía se está recogiendo hacia dentro y que su cuerpo se está relajando, descubrirá que su cuerpo sigue relajándose más y más. El cuerpo llegará a un punto en que la persona no será capaz de levantar la mano aunque lo desee: todo estará relajado. Así, sintiéndolo, podemos retirar del cuerpo nuestra energía.
De modo que lo primero es retirar el prana, la energía vital, haciendo que vuelva a su fuente. De esta manera, el cuerpo quedará inmóvil, como una cáscara, y se observará que se ha producido un distanciamiento entre la cáscara y la pulpa del coco, que nos hemos vuelto dos cosas independientes y que el cuerpo yace fuera de nosotros como una cáscara, como un ropaje del que nos hemos despojado.
Lo siguiente es relajar la respiración. Muy dentro, la respiración contiene la energía vital, el prana, y por eso muere la persona cuando se interrumpe la respiración. Muy dentro, la respiración nos mantiene conectados con el cuerpo. La respiración es el puente entre el atman, el alma, y el cuerpo: allí es donde se encuentra el vínculo. Por eso llamamos prana a la respiración. En cuanto cesa la respiración se marcha el prana. En este sentido se aplican varias técnicas.
¿Qué sucede cuando una persona relaja por completo su respiración, deja que quede inmóvil y tranquila? La respiración llega poco a poco a un punto en que la persona no sabe si está respirando o no. Es normal que empiece a preguntarse si está viva o muerta, si se está produciendo la respiración o no. La respiración se vuelve tan tranquila que la persona no sabe siquiera si está actuando.
No hace falta que controléis la respiración. Si lo intentáis, no controlaréis nunca el aliento: intentará salir a la fuerza, y si intentáis controlarlo desde fuera, intentará entrar a la fuerza. Por eso os digo que no hace falta que hagáis nada por vuestra parte: dejad, simplemente, que se relaje cada vez más, que se tranquilice más y más. La respiración llega, poco a poco, hasta un punto de reposo. Aunque ese punto de reposo sólo dure un momento, en ese momento podemos apreciar una distancia infinita entre la conciencia y el cuerpo: en ese mismo momento se ve la distancia. Es como si cayese ahora mismo un rayo y yo viera en ese momento las caras de todos vosotros. Después, el rayo ya no estaría, pero yo habría visto vuestras caras.
Cuando la respiración se detiene durante un momento, exactamente en el centro, en ese momento mismo cae un rayo dentro de todo nuestro ser y apreciamos claramente que el cuerpo es independiente y de que nosotros somos independientes: de que se ha producido la muerte. Así pues, en la segunda etapa debéis relajar la respiración.
En la tercera etapa hay que relajar la mente. Aunque no esté relajada la mente, si lo está la respiración, el rayo caerá, por supuesto, pero no sabréis qué ha pasado porque la mente estará ocupada con sus pensamientos. Si cayera ahora mismo un rayo y yo estuviera perdido entre mis pensamientos, sólo lo sabría después de que hubiera pasado. Pero, mientras tanto, ha sobrevenido el rayo y yo estaba perdido en mis pensamientos. El rayo caerá, por supuesto, en cuanto se detenga la respiración; pero sólo lo advertiremos si han cesado los pensamientos; de lo contrario, no lo advertiremos y habremos perdido la oportunidad. Por eso, la tercera etapa es relajar la mente.
Recorreremos estas tres etapas y después, en la cuarta etapa, nos quedaremos diez minutos en silencio. En estos tres días, durante este silencio, os esforzaréis por ver la muerte, por dejarla descender. Yo os daré indicaciones para que sintáis que el cuerpo se está relajando, que la respiración se está relajando, que la mente se está relajando. Después me callaré, apagaremos las luces y os quedaréis diez minutos tendidos en silencio. Os quedaréis quietos, en silencio, observando lo que pase en vuestro interior.
Separaos unos de otros para que, si el cuerpo se cae, no caigáis sobre otro. Los que queráis echaros debéis dejar un espacio a vuestro alrededor. Sería mejor que os echaseis tranquilamente en la arena. Nadie debe hablar… nadie debe marcharse a la mitad de la sesión.
Sí: sentaos. Sentaos donde estáis o echaos. Cerrad los ojos… cerrad los ojos y relajad el cuerpo. Después, cuando yo haga indicaciones, empezad a sentir
conmigo. Mientras sentís, vuestro cuerpo se relajará cada vez más: entonces, el cuerpo quedará tendido, totalmente relajado, como si no hubiera vida en él.
Empezad a sentir. El cuerpo se está relajando…seguid relajándolo… Seguid relajando vuestro cuerpo y sintiendo que se relaja. El cuerpo se está relajando… sentidlo… relajad cada parte de vuestro cuerpo. Y sentidlo dentro… el cuerpo se está relajando. Vuestra energía vuelve dentro… la energía de vuestro cuerpo se recoge, se retira… la energía se recoge. El cuerpo se está relajando… el cuerpo se está relajando… el cuerpo se está relajando… el cuerpo se está relajando. Soltadlo completamente, como si ya no estuvieseis vivos. Dejad caer el cuerpo tal como está… dejadlo completamente suelto. El cuerpo se ha relajado… el cuerpo se ha relajado… el cuerpo se ha relajado. Soltad… soltad.
El cuerpo se ha relajado. El cuerpo se ha relajado completamente, como si no tuviera vida. Toda la energía del cuerpo se ha recogido dentro. El cuerpo se ha relajado… el cuerpo se ha relajado… el cuerpo se ha relajado… el cuerpo se ha relajado… el cuerpo se ha relajado. Soltad, soltad completamente, como si ya no estuviera aquí el cuerpo.
Nos hemos trasladado dentro. El cuerpo se ha relajado… el cuerpo se ha relajado… el cuerpo se ha relajado. La respiración se está tranquilizando… relajad también la respiración… relajadla completamente. Dejad que vaya y venga por sí misma… dejadla suelta. No hace falta detenerla ni hacerla más lenta; simplemente, dejad que se relaje. Que entre al aliento tanto como pueda… que salga tanto como pueda. La respiración se está relajando… la respiración se está calmando.
Sentidlo así: la respiración se está calmando… la respiración se está calmando y se está relajando… la respiración se está relajando… la respiración se está calmando. La respiración se ha calmado… la respiración se ha calmado… la respiración se ha calmado. Ahora, dejad que la mente se relaje y sentid que los pensamientos se están calmando…los pensamientos se están calmando… la mente se ha calmado… la mente se ha calmado…
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