jueves, 27 de septiembre de 2012

Las claves de la inocencia.


Estar con niños es una de las cosas más hermosas. Pero uno tiene que aprender; si no, puede ser una de las cosas más tediosas del mundo. Te tiene que gustar; si no, es una de las cosas más aburridas. Te puede volver loco. 

Te puede producir una crisis nerviosa, porque los niños son muy ruidosos, muy incivilizados, incultos..., son como animales; pueden volver loco a cualquiera. Un niño es suficiente para volver loco a cualquiera, o sea que un montón de niños, una clase entera es realmente complicado. Pero si te gusta, es una gran disciplina.
Por eso no solamente les enseñes, aprende también, porque todavía conservan algo que tú has perdido. Ellos lo perderán antes o después. Aprende de ellos antes de que les suceda. Todavía son espontáneos, todavía son intrépidos. Todavía son inocentes. Cada vez lo pierden más rápido. Cuanto más crece la civilización, antes se termina la infancia. Antes, solía acabarse alrededor de los catorce, quince o dieciséis años. Ahora, hasta un niño de siete años ha dejado de ser un niño. Ha empezado a madurar. Ahora la madurez llega antes porque conocemos mejores métodos para condicionar, para estructurar.
Por eso, cuando estás con niños de cuatro o cinco años, está bien ser como ellos. Y no te creas que tú sabes y ellos no. Escucha, saben algo. Lo saben más intuitivamente. No tienen conocimientos, pero tienen una visión, una visión muy clara. Sus ojos todavía están despejados y sus corazones todavía fluyen, laten. Están todavía sin contaminar. El veneno no ha empezado todavía. Todavía son naturales.
Por eso no seas un erudito con ellos. No seas profesor, sé un amigo. Hazte su amigo y comienza a buscar las claves de la inocencia, la espontaneidad, la inteligencia. Te ayudará enormemente y tu meditación llegará de modo más profundo.

A su alrededor sólo tienes que ser como una atmósfera amorosa, para ayudarles a que hagan mejor todo lo que quieran hacer. Ayúdales a hacerlo mejor. Y no están compitiendo, no es un juego de ambición.
No estamos tratando que en su vida sean muy poderosos, famosos, ricos, esto y aquello, no. Todo nuestro esfuerzo es ayudarles a estar vivos, a ser auténticos, amorosos, a fluir, y del resto se ocupa la vida. Confianza en la vida; eso es lo que hay que crear a su alrededor, para que puedan confiar en la vida. Que no tengan que luchar, sino que puedan relajarse. Y en cuanto a la educación, ayúdales a ser más creativos. La pintura está bien, deberían intentarlo, o crear otras cosas, pero que sean creativos; déjales hacer cosas espontáneamente. Y no les inculques tus criterios.
Cuando un niño pinta, no le impongas tus criterios de adulto; no le digas que esto no es un Picasso. Si el niño lo ha disfrutado y cuando lo estaba pintando estaba absorto en ello, eso es suficiente. ¡El cuadro es maravilloso! No debido a ningún criterio objetivo, el cuadro podría ser un disparate; podría ser sólo colores aplastados, podría ser un desastre.... Debe de serlo porque un niño es un niño; tiene una visión diferente de las cosas.
Por ejemplo, si el niño dibuja la cara de un hombre, tiene una visión diferente. Hará unos ojos muy grandes; la nariz será muy pequeña. Puede que no tenga orejas  nunca se ha fijado , pero los ojos son muy importantes para él. Si pinta un hombre, hará la cabeza, las manos y las piernas pero no pintará el torso; esa es su visión. Para ti está mal, pero desde su punto de vista así es como él ve a un hombre: manos, piernas y cabeza.
Por eso no se trata de tener que juzgar si la pintura es buena o mala. No, no vamos a juzgar en absoluto. No hagas que el niño se sienta bien o mal sobre esto. Si el niño está absorto pintándolo, es suficiente. Estaba en profunda meditación, se metió en la pintura totalmente... ¡estaba totalmente perdido en ella! La pintura es buena porque el pintor se perdió.
Ayuda al niño a perderse completamente, y siempre que el niño esté pintando por su cuenta, se perderá. Si le obligas a pintar se distraerá. Por eso, deja a los niños hacer lo que quieran; únicamente ayúdalos. Les puedes decir cómo mezclar los colores, cómo sujetar un lienzo, cómo usar un pincel; a eso les puedes ayudar. Ayúdales ahí; en vez de ser un guía, sé una ayuda.
Así como el jardinero ayuda al árbol... Tú no puedes hacer cre¬cer el árbol rápidamente; no puedes hacer nada de esa manera; no se puede hacer nada positivamente. Plantas una semilla, la riegas, la abonas y esperas! El árbol ocurre espontáneamente. Cuando el árbol está ocurriendo, lo proteges para que nadie le haga daño o lo hiera. Esa es la función del profesor: el profesor tiene que ser el jardinero. No es que tú tengas que crear al niño; el niño viene solo; la existencia es el creador.
Eso es lo que Sócrates quiere decir con: «Soy una comadrona.» La comadrona no crea al niño. El niño ya está ahí, listo para salir; la comadrona le ayuda.

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